18/05/2011

Degregori: la tradición de la palabra crítica

Por Salomón Lerner Febres (*)

Ya es casi innecesario señalar la orfandad de ideas que caracteriza a la actualidad política del Perú. La reflexión y la propuesta han sido desplazadas por el gesto vacío. El culto a la imagen se ha traducido en este terreno –y ello desde largo tiempo atrás– en un abandono de todo esfuerzo por elaborar un discurso que tenga asideros en los hechos y que se oriente con autenticidad hacia fines valiosos.

En tal contexto surge, urgente, la pregunta acerca de si aún tenemos los recursos que permitan restaurar –o de pronto simplemente instaurar– los necesarios vínculos que han de establecerse entre el saber consciente, reflexivo y el discurso público honesto. La respuesta debe ser afirmativa si es que observamos que la tradición del pensamiento político y de la crítica social es una realidad vigente en el país. Es posible que hoy contemos con menos visiones panorámicas y proyectivas de la vida peruana, a la manera de las que elaboraron Mariátegui, Belaúnde, Basadre y otros pensadores. Sin embargo, sí tenemos, aún, miradas penetrantes de nuestra realidad, interrogaciones y reflexiones apoyadas en conocimientos y en valores. Sus temas son los que inquietan, expresa o tácitamente, a la mayoría de peruanos: la persistente exclusión, las responsabilidades que se derivan de nuestra diversidad cultural, la inacabada creación de un orden ciudadano, y, desde luego, las múltiples raíces y formas de la recurrente violencia colectiva.

Señalo todo esto motivado por los recientes homenajes –entre ellos, el de la Municipalidad de Lima– otorgados con justicia a Carlos Iván Degregori. Antropólogo, estudioso de la política, profesor universitario, escritor, defensor de los derechos humanos y de nuestra diversidad cultural, Degregori ha sido un firme cultor del pensamiento meditado y riguroso en momentos desconcertantes y difíciles de nuestra historia. Su palabra no solo ha mostrado lucidez académica sino también un profundo compromiso, especialmente con las víctimas de las exclusiones y de la violencia.

En su libro, Qué difícil es ser Dios, publicado recientemente (Lima, IEP, 2010), encontramos una reflexión crítica sobre los orígenes de la violencia armada y sus ramificaciones en el orden de la cultura, así como sus relaciones con las grandes fracturas sociales del país. Allí es posible constatar cómo Degregori es capaz de convertir abundante información en interpretación moral destinada a orientarnos sobre los posibles derroteros de la sociedad peruana. Su lúcida mirada se dirige críticamente a nuestra historia y cultura y, a partir de allí examina el tiempo presente sin olvidar que él sólo se entenderá plenamente si es que se le reconoce nacido de lo ya pasado y orientado a lo que habrá de ser.

Es ese acercamiento esencialmente comprensivo en el que el gran relato no era excusa para descuidar la realidad cotidiana y dolorosa que se debía examinar lo que constituyó su invalorable contribución al trabajo de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, de la que fue uno de sus miembros más destacados. En ella nos recordaba cómo, simplemente, no hay futuro sin un examen crítico del pasado y que el olvido no debe acompañar al bienestar y a la justicia. Es precisamente un mensaje de tal naturaleza el que legitima el reconocimiento del mundo intelectual y el que llama la atención a todos los peruanos acerca de nuestras tareas pendientes, especialmente aquella de hacer de nuestra cultura y de nuestras instituciones espacios de encuentro en los que todos nos reconozcamos como sujetos iguales en derecho y dignidad.

No puedo finalizar sin confesar mi contento por gozar de su amistad. Ella me reveló a una persona recta y caballerosa; mesurada y franca; serena y valiente ante la adversidad.

En un ambiente en donde se ha impuesto el lema por encima del argumento, el prejuicio por encima de la comprensión y la opinión arbitraria sobre el juicio razonado, Carlos Iván Degregori representa la palabra meditada y solidaria, alimentada por las tragedias y las alegrías del Perú, comprometida con los que padecen, atenta y firme al momento de denunciar la injusticia y de señalar nuestros males. Su quehacer honra la tradición de la palabra crítica sobre la vida pública peruana, y así se convierte en la esperanza que nos hace soñar en el rescate de nuestra política, tan desprestigiada a lo largo de nuestra historia.(*) Presidente del IDEHPUCP y ex presidente de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, en la cual Carlos Iván Degregori se desempeñó como comisionado.Nota: Artículo publicado en el diario La República el 13 de febrero del 2011.El legado de Carlos IvánLee la nota de Punto Edu sobre su biografía y su producción académica.

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