14/05/2019

¿Hacia caminos seguros?, por Cécile Blouin*

El 26 de abril el bote “Jhonnalys José”, que llevaba entre 25 a 38 personas venezolanas, naufragó entre Güiria (Venezuela) y Trinidad y Tobago. Este naufragio se dio durante la travesía de los pocos kilómetros que separan los dos países. Se reportaron por lo menos 21 personas fallecidas. Carolina Aguilera, familiar de una víctima, declaró al Washington Post “Mi hermana intentaba hacer algo bueno para su familia. En Güiria no tienen electricidad y no pueden acceder a alimentos.”

Este hecho es una muestra más de una huida sin precedentes. Cada día se calcula que salen 5,000 personas de Venezuela para encontrar refugio en los países de la región. Y las islas caribeñas aparecen, al lado de los países ya casi tradicionales tales como los andinos, destinos anhelados. Es así que República Dominicana cuenta con 28.500 migrantes residentes a pesar de contar con una política migratoria sumamente restrictiva. Trinidad y Tobago, por su lado, cuenta con 40,000 personas venezolanas aunque no cuenta con ninguna normativa para proteger a las personas refugiadas y su normativa migratoria remonta a los finales de los años 70. Además, se han reportado detenciones y expulsiones masivas de personas venezolanas durante el año pasado. ¿Cómo explicar entonces que Trinidad y Tobago se vuelva un destino para la población venezolana? Una primera razón es la cercanía a la costa venezolana. Una segunda razón es la necesidad imperiosa frente a un contexto cada vez más dificil de buscar nuevos destinos. Adicionalmente, queda claro que muchas personas viajan a Trinidad buscando reunirse con otros miembros de su familia ya instalados en la isla.

El naufragio de Jhonnalys José es al fin y al cabo la señal de una huida a toda costa, mediante traficantes y en condiciones inseguras sin importar requisitos de visa, posibles detenciones o deportaciones. Estos naufragios, que parecían solo existir en lugares lejanos, ocurren también de este lado del mundo. Y al igual que en el mar mediterráneo lejos de constituir evento casuales o fortuitos, son el resultado de políticas migratorias restrictivas. Otro final es por lo tanto posible y empieza por desarrollar políticas migratorias que garanticen caminos seguros.

*Cécile Blouin es responsable de la línea Movilidad Humana del IDEHPUCP. Este texto fue publicado en la sección de Opinión de RPP.

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