27/06/2011

“Lo que tenía que hacerse era buscar una verdad no objetiva ni cuantificable, sino una verdad moral”

Han transcurrido 10 años desde que el Gobierno de Transición de Valentín Paniagua estableció los lineamientos para la formación de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), la cual tuvo como labor investigar y esclarecer los hechos de violencia que azotaron a nuestro país entre los años 1980 y 2000. A propósito de ello, el profesor Iván Hinojosa entrevistó a nuestro presidente, el doctor Salomón Lerner Febres, quien recibió el encargo de presidirla. Aquí reproducimos la entrevista publicada en Punto Edu como parte de un informe periodístico sobre lo que significó y continúa significando para el país la labor que realizó dicha Comisión.

¿Cómo surge la Comisión de la Verdad y Reconciliación?

Pudo surgir porque implosionó un gobierno autoritario y corrupto como el de Fujimori y, luego, el Gobierno de Transición de Valentín Paniagua puso los cimientos para entender lo que había ocurrido en los veinte años de violencia. Sabíamos que había sido una tragedia, pero nadie entendía bien por qué, cómo había transcurrido esto, ni cuáles eran los resultados, que se sospechaban devastadores. El presidente Paniagua creó una comisión que propuso la creación de una Comisión de la Verdad para el Perú, las tareas que debía cumplir, los plazos, etc. El mandato de esa comisión fue no solo revisar veinte años de violencia subversiva y contrasubversiva en el país, sino también establecer sus causas y estudiarlas, ver cuáles habían sido sus consecuencias y establecer responsabilidades, medidas de reparación y reformas institucionales que llevaran a la no repetición.

A diferencia de otras comisiones, esta no fue producto de un acuerdo político ni tuvo un mandato judicial para condenar o absolver a nadie.

Eso quedaba muy claro: las conclusiones no eran obligantes. Una vez que salió el decreto, todo el mundo tomó noticia de que iba a haber una Comisión de la Verdad, pero no sabía quiénes serían sus integrantes. En el Consejo de Ministros y en una votación secreta, se decidió que la conformarían siete personas. Yo, en ese momento, era rector de la Universidad. Me habían preguntado si quería formar parte y yo había respondido que, en principio, sí. Un día me di con la sorpresa de que formaba parte y la presidía. Recibí formalmente el encargo del presidente Paniagua. El presidente Toledo la refrendó y añadio cinco miembros y el término “reconciliación”.

No cambió el mandato original pero agregó un término que implicaba una posición.

Pero que estaba tácita en el Decreto Supremo original. Era una tarea muy compleja: nacía de la escucha de la voz de las víctimas. Lo que tenía que hacerse era buscar una verdad no objetiva ni cuantificable, sino una verdad moral que tendría consecuencia y que debía ser reivindicada con reparaciones como una forma de justicia y la sanción de los delitos cometidos. Esa justicia era la que plenificaba la memoria, la verdad alimentada por la conversación con las víctimas. Tomamos casi 18 mil testimonios e hicimos audiencias públicas. Entrevistamos y dialogamos con los actores de ese proceso, actores políticos y actores armados de uno y otro lado.

Como la mayoría de las víctimas se encontraba al interior del país, la comisión tuvo que tener distintas sedes y muchos voluntarios. No pudimos llegar a todas partes, pero cubrimos un buen sector del país. Hubo también una división bastante interesante de temas: estudiamos las historias regionales de violencia, las reparaciones, las reformas institucionales, los conceptos fundamentales sobre los cuales iba a girar nuestro discurso. Hubo un grupo jurídico y un grupo de científicos sociales y antropólogos que se dieron la penosa tarea de ir trazando un mapa de los sitios de entierro. Muy pocos han sido exhumados hasta ahora.

Ese es uno de los puntos menos conocidos. Cuando se discute de víctimas y cifras, y no se ha terminado la labor de exhumación, no hay certeza en el número final.

Sin embargo, en función de los testimonios, cruzados con bases de datos, hicimos las proyecciones. Llegamos a determinar más de 69 mil víctimas. También se determinó la proporción de víctimas causadas por el Estado y por Sendero. Se presentó un resultado atípico frente a otros procesos porque, en todas las anteriores, siempre el Estado resultaba el mayor violador de los Derechos Humanos; aquí fue Sendero. El país tiene que entender que no fue un movimiento multitudinario: era un grupito de elegidos que se sometían a Guzmán; la masa era prescindible. No eran senderistas, eran víctimas, personas esclavizadas por Sendero.

Un punto que enfatizan los críticos de la Comisión es que puso en el mismo nivel a Sendero y a las Fuerzas Armadas. ¿Qué dirías sobre eso?

Que lean el INFORME FINAL. Nosotros decimos que la condena a Sendero es absoluta, que tiene la responsabilidad del mayor número de muertes, que inició la guerra y que actuó con una atrocidad sin límites. Respecto a las Fuerzas Armadas, se dice que estaban en el derecho y deber de defender a la población; y saludamos las acciones heroicas de los miembros de las Fuerzas Armadas y de la Policía. Sin embargo, hay que lamentar que, en determinados lugares y momentos, tuvieron conductas que lesionaron los derechos humanos de manera sistemática y generalizada. El hecho de tener una casa de torturas, un cuartel como Los Cabitos en donde desaparecían personas y las mataban –tal y como se ha probado con las exhumaciones–, el hecho de que en determinadas localidades el 80 o 90% de las mujeres hayan sido violadas por miembros del Ejército; el que haya habido un caso como el de Putis… de eso no se puede decir que sea una actitud heroica por parte de los militares.

¿Y tienes alguna expectativa en el gobierno de Humala?

Es muy pronto para decirlo, pero hay signos que resultan alentadores. El IDEHPUCP convocó a una reunión de distintas asociaciones de familiares de víctimas y, de ella, nació un petitorio en el que se pedía a los candidatos a la presidencia en la primera vuelta que se comprometieran a honrar las reparaciones. Keiko dijo que no; PPK dijo que enviaría a Marisol Pérez Tello –a quien estuvimos esperando y no se apareció–; Rodríguez Cuadros sí fue; Toledo envió a Ronald Gamarra y a Fausto Alvarado; y Ollanta envió a Chehade, candidato a la primera vicepresidencia, quien firmó el petitorio y, por lo tanto, está el compromiso del Partido Nacionalista.

¿Cuánto te cambió el trabajo en la Comisión de la Verdad?

Un montón, como a muchos. A mí me hizo bastante más sensible frente al dolor de los otros, más consciente de los privilegios que he tenido, a darle un poco más de sentido a la disciplina que yo he cultivado, en interesarme más por la filosofía práctica, conocer más el Perú y darme cuenta de que uno de los problemas fundamentales que nosotros tenemos es la educación. Por ahí se metió Sendero, porque hay mala educación. Hay, en el fondo, una fractura en la sociedad.

DESCARGA TAMBIÉN:>>Lee el infome “Verdades que duelen” publicado por Punto Edu.Foto: Franz KrajniK Nota: Entrevista tomada de Punto Edu.

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