28/01/2015

El ataque terrorista contra Charlie Hebdó y las reacciones en el mundo musulmán

Charlie HebdoEl 7 de enero de 2015, dos terroristas islamistas franceses entraron en el local parisino del semanario Charlie Hebdó, que publica caricaturas sobre la vida social y política francesa, y asesinaron fríamente, con armas de guerra, a diez miembros de la redacción que se encontraban en una reunión de trabajo, así como dos policías encargados de su protección desde 2011, cuando el diario fue objeto de un atentado por haber publicado caricaturas del profeta Mohamed. Los autores del atentado sangriento fueron identificados como los hermanos Cherif y Said Kouachi – de 32 y 34 años respectivamente -, franceses de orígen argelino. Después de haber ejecutado la masacre, salieron gritando “¡Alá es grande! ¡Hemos matado a Charlie Hebdo!”. Luego de una larga búsqueda, los perpetradores del ataque fueron ubicados el 9 de enero en un local industrial del pueblo de Dammartin-en-Goële (Seine-et-Marne), y al final del día, al mismo tiempo que se desarrollaba otro hecho sangriento en Paris, la policía incursionó en dicho local y los terroristas resultaron muertos.

En relación directa con esta masacre, el jueves 8 de enero, a las 8 am, otro terrorista asesinó a una policia municipal en la localidad de Montrouge. En la noche, la policía lo identificó como Amedy Coulibaly, francés de orígen africano. Al día siguiente, Coulibaly entró en un supermercado judío de Paris, asesinó a cuatro personas con un arma de guerra, y tomó como rehenes a las 17 personas que se encontraban en el interior. El terrorista llamó por telefono a la policía afirmando que pertenecía al Estado Islámico y que estaba en coordinación con los hermanos Kouachi, con la complicidad de su esposa, Hayat Boumeddiene y de la pareja de uno de los involucrados en los ataques a Charlie Hebdó. Al final del día, la policía incursionó en el supermercado, el terrorista atacó a las fuerzas del orden y recibió numerosos tiros de los policías. Varias personas resultaron heridas. Los servicios de seguridad descubrieron rápidamente que Cherif Kouachi y Coulibaly se habían radicalizado en la prisión de Fleury-Mérogis (Essone – Ile de France, la cárcel más grande de Francia con más de 4000 presos), donde el primero purgaba una pena de tres años por actividades terroristas  y el segundo por robo.

Estos actos terroristas fueron reivindicados el 11 de enero en un video donde Coulibaly afirma haber actuado en complicidad con los hermanos Kouachi y por encargo del Estado Islámico. Los lazos entre esta organización terrorista y Al Qaeda se manifestaron poco después, cuando un dirigente yemenita de esta última agrupación, Nasser Ben Ali Al-Ansi, reveindicó los atentados “para castigar a los infieles que han osado burlarse del profeta y del Islam”, y “de sus cómplices judíos”. Con esta acción de terror, el extremismo islamista mundial ha querido mostrar hasta donde es capaz de llegar para vengar actos que ellos consideran como contrarios a los musulmanes: los “insultos” al profeta del Islam, Mahoma, caricaturizado varias veces en Charlie Hebdó y la alianza entre Francia (entre otros países) e Israel, considerado por algunos sectores como agresor del pueblo palestino. Para los terroristas, asesinar judíos equivale a matar israelíes pues creen que todos ellos apoyan y están de acuerdo con las acciones políticas de Israel contra Palestina, lo cual no es real. Sin embargo, y desgraciadamente, el antisemitismo perdura entre un sector de creyentes musulmantes.

La masacre de 17 personas por terroristas islamistas ha causado una gran consternación en Francia, en Europa y en todo el mundo. No se logra entender los móviles del crímen. En nuestro país, el presidente Ollanta Humala declaró:

“El Gobierno del Perú rechaza todo acto de terrorismo y de violencia, cualquiera sea su motivación, y reitera su posición de respeto a la vida humana, el derecho a la seguridad, la convivencia pacífica entre los pueblos y religiosos, y el respeto a la libertad de expresión”. [La República]

Es verdad que se ha querido atentar contra la libertad de expresión, uno de los principios esenciales de la Constitución Francesa, junto con aquellos de la igualdad y de la fraternidad. En Francia, el “delito de blasfemia”, que tiene un orígen religioso, no existe pues es una república laica, y la libertad de expresión está garantizada constitutionalmente. Lo que prohibe la ley son los delitos de apología de crímenes contra la humanidad, racismo, discriminación y apología del terrorismo. Así, para defender los valores de libertad, de igualdad y de fraternidad, cerca de cuatro millones de franceses marcharon el domingo 11 de enero, acompañados por más de cuarenta jefes de Estado en Paris para expresar su solidaridad con el pueblo que ha realizado la marcha más importante de su historia después de la liberación de dicho país en 1945.

Ante estos hechos trágicos, es preciso comprender el contexto general que caracteriza la polarización creciente entre el islamismo radical y los países occidentales que defienden los principios de democracia, de igualdad y de respeto de los derechos humanos y de los derechos de todos los ciudadanos.

Contexto de los atentados: las acciones yihadistas del Estado Islámico en Irak y Siria y de al-Qaeda contra “Occidente”

Es preciso distinguir la religión musulmana —que emergió en Arabia en el siglo VII, bajo el liderazgo del profeta Mahoma, y que se extendió en el Oriente medio, en el Maghreb y en varias zonas de Asia (India, Pakistán, Indonesia)—, del extremismo islámico o Islam radical que pretende instalar gobiernos basados en la ley islámica. El islam radical es justificado ideológicamente por las corrientes salafista y wahhabita que defienden un “retorno a los orígenes”. Por lo tanto, podemos decir que el extremismo islamista es una consecuencia desastrosa del “Islam político”, es decir, del gobierno basado en la religión, tal como fue el caso en los califatos antiguos y actualmente en países como Arabia Saudita e Irán [que son los polos rivales del poder musulman en sus dos vertientes: sunita (90%, Arabia) y chiita (10%, Irán)]. En una palabra, el extremismo islámico implica la imposición, por la violencia, de la ley religiosa y en ese sentido constituye una forma de totalitarismo.

En el mundo contemporáneo, esta corriente se reforzó cuando Irak invadió Kuwait y pidió la intervención de los Estados Unidos en 1991 contra Sadam Hussein. Para luchar contra el “enemigo occidental”, aparecieron grupos radicales que declararon la necesidad de expulsarlos de las tierras musulmanas y fundar gobiernos islámicos. El más fuerte fue  Al Qaeda, que organizó los atentados del 11 de setiembre de 2001. Luego de la caída de Osama Bin Laden, el liderazgo de esta agrupación fue asumido Ayman al-Zawahiri y aparecieron grupos afiliados en varios países árabes. En 2006, al-Qaeda en Irak se asoció a cinco grupos extremistas y crea la organización “Estado Islámico en Iraq y en Oriente” (dawla al-islamiyya fi-l-iraq wa sham), que sus enemigos designan con la sigla DAESH [poder en Oriente]. En 2013, este grupo se separó de Al Qaeda y en junio de 2014 declaró el nacimiento de un nuevo califato dirigido por Abu Bakr al-Bagdadi, nuevo “califa, sucesor de Mahoma”, bajo el nombre de Ibrahim. En pocos meses, y gracias a las alianzas establecidas en Irak con los grupos fieles a Saddam Hussein, el Estado Islámico ha logrado ocupar un vasto territorio en el norte de Irak (40%), a partir de la ciudad de Mossul, y también ocupa el norte de Siria (25%)[1].

Para luchar contra este vasto movimiento extremista que viene cometiendo graves violaciones a los derechos humanos de las poblaciones musulmanas iraquíes y sirias, conjunto de agrupaciones que recluta jóvenes en muchos países arabes y musulmanes, pero también en Europa, llamándolos a la “guerra santa” (yihad) contra los “infieles”, varios países europeos han creado una coalición internacional con el apoyo de Estados Unidos. En los últimos meses, la propaganda del Estado Islámico y de las bases de Al Qaeda (en países como Yemén, Arabia Saudita, Argelia, Mali) se ha multiplicado en las redes sociales islámicas que llamaban a la yihad y ordenan la realización de atentados contra los intereses de los principales países europeos que luchan en Irak: Francia y Reino Unido. Hay que precisar también que, desde 2012, Francia interviene con tropas de varios miles de soldados en Mali, en Mauritania y en la República Centroafricana, teatro de las actividades terroristas de Al Qaeda en el Magreb islámico (AQMI). Desde junio de 2014, junto con los otros países europeos, también envia material militar para apoyar la guerra contra DAESH en Irak.

Es en ese contexto que se situan los atentados en Francia contra 17 personas: diez en el semanario Charlie Hebdo, acusados de “blasfemar contra el Islam y su profeta; tres agentes del orden y cuatro franceses judíos. Los tres perpetradores eran jóvenes radicalizados a través de internet y en la cárcel, sólo uno de ellos, Cherif Kouachi, había estado en Yemén donde probablemente recibió formación militar. Los tres sabían que iban a morir en los atentados.

Las reacciones del mundo musulmán

El pueblo francés ha recibido con mucho dolor la noticia de las muertes y con la marcha del 11 de enero demostró que se opone con fuerza a la barbarie extremista. Las reacciones del mundo ante hechos tan graves han sido solidarias con Francia, con excepción de varios países arabes y/o musulmanes, que mantienen fronteras poco claras entre las esferas de la religión y de la política moderna. En efecto, la mayoría de los representantes de los países árabes han presentado sus condolencias al presidente François Hollande. Sin embargo, temiendo que durante la marcha del 11 de enero se presenten nuevamente caricaturas del profeta, no han tomado parte en ella. Otros países, como Arabia Saudita, que se considera como el centro del Islam por ser el país donde nació Mahoma, han presentado sus condolencias pero mantienen leyes contra los “crímenes de libre expresión” de sus propios ciudadanos.

¿Cómo comprender esta actitud? Hay que decir que para la mayoría de musulmanes practicantes no es posible “burlarse del Islam y de Mahoma” que no debe ser representado en dibujos o pinturas, aún cuando el Corán no lo prohibe y que durante muchos siglos los libros musulmanes eran adornados con dibujos y pinturas del profeta y de su familia. Varios musulmanes que han crecido con la idea que es imposible “reirse de la religión” pues es “sagrada”.

Esta manera de ver el mundo, que niega la libertad individual, explicita el conservadurismo que caracteriza hasta el día de hoy a un sector de la religión musulmana que nunca ha sido reformada desde que se construyó en el siglo VII. De otro lado, tampoco existe una jerarquía religiosa que organize los valores sociales según los períodos históricos. Más aún, la modernización de leyes y de costumbres que datan desde 1400 años es vista como una blasfemia en sí mísma. De esta manera, aún en los países donde se ha intentado una separación relativa entre la esfera religiosa y la esfera política del gobierno (Marruecos, Argelia, Túnez, Egipto), existen leyes que prohiben y reprimen el ateísmo, la crítica de costumbres religiosas antiguas y la burla sobre el Islam y su profeta. En los países que viven bajo la ley islámica (Arabia Saudita, Irán, Mauritania), el ateísmo, la crítica o la burla del Islam son conductas castigadas con la pena de muerte. En Mauritania, un joven ingeniero fue condenado a muerte el 24 de diciembre de 2014 por haber escrito un texto en Facebook criticando el poder ideológico de los grupos religiosos que justifican la jerarquía social y el desprecio de los grupos de artistas y de servidores de la sociedad[2].

La publicación del semanario Charlie Hebdo luego de las masacres, el miércoles 14 de enero, ha suscitado otra ola de indignación en los países musulmanes, sobre todo en Pakistán, Afganistán, Chechenia, Irán, Gaza y Níger, donde 45 iglesias han sido incendiadas, muchos locales franceses atacados y donde 10 personas han muerto durante los desmanes. Todos los dirigentes musulmanes han condenado con palabras duras lo que ellos llaman “una nueva ofensa contra el Islam”. ¿Qué ha causado tanta cólera y tanto odio contra Francia, los franceses y Occidente? El hecho que los periodistas sobrevivientes a la masacre hayan decidido publicar la imagen del profeta, a punto de llorar, diciendo “Todo esta perdonado. Yo soy Charlie”, la consigna de apoyo a Francia que ha sido tomada por millones de personas en el mundo[3]. El hecho de que sea un mensaje de paz no parece haber sido comprendido por sectores musulmanes que se sienten “ofendidos” por esta nueva caricatura, y pretenden acusar al presidente Hollande de su publicación y atacar al pueblo francés quemando banderas y destruyendo locales de ese país. Desde esta perspectiva, se tienen dificultades para entender que Francia es un país laico, con separación estricta entre la religión y la política, y que la ley republicana garantiza la libertad de expresión (incluyendo las caricaturas) y defiende a sus ciudadanos judíos, regularmente atacados, por lo que se pide que se “prohiba la blasfemia contra el Islam y su profeta”. Esta solicitud colisiona con los valores de un país fundado sobre la laicidad, la tolerancia y los valores de libertad individual en el marco de la ley. No se trata de estar de acuerdo necesariamente con las publicaciones de Charlie Hebdó, sino simplemente reconocer que los autores tienen la libertad y el derecho de publicar lo que decidan.

Los musulmanes de Francia han respondido mayoritariamente en modo diferente. En primer lugar han reconocido lo que todos sabemos, que el terrorismo islámico no es el Islam de las mayorías musulmanas y que ellos lo condenan como el resto de franceses y de ciudadanos del mundo. Algunas comunidades musulmanas en barrios pobres retoman sin embargo las ideas de la propaganda islamista, lo cual se debe entender como el resultado de su falta de integración a la nación francesa. En segundo lugar, la mayoría de dirigentes religiosos han pedido al gobierno que se ocupe de controlar la propaganda islamista que circula en Internet, que desmantele los grupos islámicos de las prisiones y que lance una gran campaña de desmantelamiento de las celulas yihadistas que actúan en Francia y en Europa. El gobierno francés prevé la reforma del sistema educativo para reforzar la integración de todas las comunidades religiosas de la nación, una reforma del control de las prisiones, y el mejor equipamiento de las fuerzas del orden. Desde el 7 de enero, el país está en una situación cercana al “estado de emergencia” que conocemos en el Perú, con un despliegue de más de 10,000 militares en el territorio nacional para proteger los lugares de culto judíos y musulmanes, las escuelas de esas religiones, los aeropuertos y los locales del Estado. Se prevee que esta situación de tensión en el seno de la sociedad civil, y entre las comunidades religiosas, va a durar varios meses. Aún cuando los franceses (más de 66 millones) sean mayoritariamente “sin religión” (45%), los musulmanes representan la comunidad más importante de Europa (8%), seguida por la comunidad judía (1%) [Le Monde del 21 de enero de 2015].

La cooperación anti-terrorista con los países vecinos se ha reforzado igualmente y, en estos días, se ha capturado en Bélgica a integrantes de celulas terroristas. Según la propaganda capturada, se estaría buscando realizar otros atentados en Roma, en el Vaticano y en el Reino Unido. Las manifestaciones anti-musulmanas en Alemania, organizadas por la extrema derecha, han sido reprimidas y la primera ministra, Angela Merkel, ha reiterado que los alemanes musulmanes son parte de la nación. Esto implica que se ha abierto en Europa y en el mundo un período de tensión entre los demócratas y los extremistas islamistas y de extrema derecha que están instrumentalizando la tragedia francesa para reforzar su “lucha contra los extranjeros/musulmanes”. Lo cual alimenta el sentimiento de inseguridad de los musulmanes europeos, y la tentación de apoyar las ideologías de odio.

El 7 de enero de 2015 marca una nueva etapa en la lucha contra el terrorismo islámico, obscurantista y ultra conservador. En países como el nuestro, que ha vivido casi veinte años de conflicto armado interno y de terrorismo comunista, debemos estar listos a afrontar este período de tensión mundial con debates ideológicos que refuercen la libertad de expresión, los derechos humanos y la democracia.

Escribe: Mariella Villasante, investigadora asociada del IDEHPUCP

(28.01.2015)