09/10/2013

Gustavo Gutiérrez y la opción preferencial por el pobre

El 12 de septiembre último, el papa Francisco recibió a Gustavo Gutiérrez – padre de la Teología de la Liberación – en su residencia de Santa Marta. Concelebraron misa y conversaron. Días atrás, Gutiérrez y Gerhard Müller, hoy prefecto de la Sagrada Doctrina de la Fe, presentaron en Roma el libro que escribieron juntos. Estos eventos marcan el cierre de un tiempo de malos entendidos y confusiones en torno a si la obra del teólogo peruano estaba o no dentro de los márgenes aceptados por la doctrina de la Iglesia Católica. Ya en 2006 se había señalado que había finalizado el proceso de revisión de las obras del autor, señalando su plena convergencia con la tradición católica. Como resultado de este proceso, Gutiérrez publicó el artículo La koinonía eclesial.

Antaño, algunos grupos conservadores intentaron desestimar la Teología de la Liberación, tachándola de “sociologista”, de preocuparse por cuestiones mundanas y no por las exigencias de la salvación. Se le acusaba de buscar la “tierra” en lugar del “cielo”. Esta retorcida objeción no solo distorsiona el carácter y el propósito de la Teología de la Liberación, sino que malinterpreta gravemente el sentido del mensaje y pensamiento cristiano. La ‘palabra sobre Dios’ siempre es palabra humana abierta hacia el Misterio, pero es necesario añadir que ella se formula y pronuncia desde una situación histórica y biográfica precisa, desde un entramado de vivencias, inquietudes y convicciones. La poderosa meditación en torno a la fe y la justicia que aporta la Teología de la Liberación desde el contexto de la exclusión y la violencia sufridas en América Latina a lo largo de su historia ha contribuido a revitalizar la acción profética de la Iglesia en muchos de los países del subcontinente, siguiendo en tal caminar la senda del Concilio Vaticano II, y los documentos eclesiales de Medellín, Puebla y Aparecida.

La pobreza es una forma de injusticia. Como Gutiérrez ha señalado en diversos lugares, pobreza es sinónimo de muerte prematura. Ahora bien, el  pobre no es solamente aquel que carece de recursos para satisfacer sus necesidades económicas básicas; pobre es todo aquel que ve lesionada su dignidad y encuentra recortadas severamente sus libertades y oportunidades de realización por motivos de exclusión o violencia. El pobre, la viuda, el extranjero –para evocar el Evangelio– son las víctimas de esta clase de injusticia. Así pues “pobre” es un concepto que, en el contexto de la Teología de la Liberación, pone de manifiesto una multiplicidad de dimensiones sociales vinculadas al hecho de la injusticia.

Es necesario recordar que la preocupación por la pobreza no es solo un tema importante para la Teología de la Liberación; se trata de una cuestión ética y espiritual que tiene un lugar crucial en la fe cristiana. Resultaría sumamente difícil, si no imposible, hablar del mensaje del Evangelio prescindiendo de la denuncia de la pobreza y la exclusión como expresiones de injusticia inaceptables para el cristiano. Constituye una buena noticia que el papa Francisco llame la atención sobre la necesidad de promover una Iglesia pobre y cercana al mundo de los pobres. La opción preferencial por ellos –que no excluye a nadie– intenta replicar la atención amorosa de Jesús a los débiles y a los seres humanos considerados socialmente insignificantes. El énfasis que plantea el Pontífice expresa la necesidad moral de recuperar la esencia misma del mensaje cristiano: poner en primer lugar la dignidad de las personas –creadas a imagen y semejanza de un Dios compasivo y justo– pues tal hecho constituye una condición fundamental en el proceso de búsqueda del Reino.

La República