23/07/2018

Presentación del libro “Chronique de la guerre interne au Pérou, 1980-2000”, de Mariella Villasante y Prefacio de Salomón Lerner Febres

Hace unos días se ha publicado en París mi libro “Chronique de la guerre interne au Pérou. Etude d’anthropologie de la violence” (472 páginas, mapas, cuadros y fotos, L’Harmattan), que habría debido ser un anexo del libro anterior “Violence politique au Pérou, 1980-2000” (París, L’Harmattan, 2016), pero que finalmente se volvió demasiado voluminoso para ser incluido en esa publicación. En efecto, desde que retomé mis investigaciones en el Perú, en 2008, empecé a recopilar los hechos más importantes que han marcado el largo período de violencia política en nuestro país, teniendo en cuenta dos fuentes centrales: la Cronología de la violencia de DESCO (1980-2000), y los datos recogidos en el Informe Final de la Comisión de la verdad y la reconciliación (2003). Finalmente, decidí conservar la crónica con todos sus detalles y preparar una nueva publicación, que además incluye un prefacio elogioso del doctor Salomón Lerner, a quien le estoy eternamente agradecida por el apoyo moral, intelectual y afectivo que me ha otorgado a lo largo de estos últimos años.

Agradezco igualmente a Ernesto Jiménez por las bellas fotografías que me ha aportado sobre el terrible período de la guerra interna; a Orieta Pérez, secretaria ejecutiva del IDEHPUCP por su apoyo constante durante la fabricación del libro; a Karina Fernández, documentalista del Centro de Información para la Memoria colectiva y los Derechos Humanos de la Defensoría del Pueblo, que ha facilitado mi acceso a los documentos recogidos por la CVR; y en fin a mis amigos antiguos del Departamento de antropología de la PUCP (Flor de María Monzón, Guillermo Nelson, Aymé Buitrón, Enrique Espinoza, María Eugenia Codina, Lucy Harman y nuestra recordada María Inés Barrenechea), así como a Ena Larrabure, que me han apoyado siempre con su afecto constante durante mis estadías de trabajo en Lima.

Próximamente espero publicar en castellano un libro de síntesis de las dos publicaciones sobre la violencia en el Perú (2016 y 2018), que será probablemente precedido por el libro sobre la violencia política en la selva central que estoy escribiendo actualmente.

• La hipótesis central de la Crónica de la guerra interna en el Perú considera que el país ha sufrido una guerra interna y una guerra civil en las regiones que estuvieron en el centro del conflicto armado: Ayacucho, Apurímac, Huancavelica y Satipo. Es decir en las regiones del centro y del sur andinos y en la selva central, donde la población se ha dividido en dos campos enemigos, por o contra la subversión armada desatada por el Partido Comunista del Perú-Sendero Luminoso, que luchaba contra el Estado y contra la sociedad peruana a partir de una visión irracional, alucinada y absurda de la realidad social.

• El libro se plaza en el marco de la antropología de la violencia, que coloca los hechos de violencia colectiva y personal en el centro del análisis, y el análisis ha tenido en cuenta las propuestas conceptuales de Françoise Héritier, de Hannah Arendt, de Tzvetan Todorov, de Jacques Sémelin, de Daniel Goldhagen y de Lawrence Keeley. La situación peruana ha sido analizada a la luz de las obras de Alberto Flores Galindo y de Carlos Iván Degregori. De manera general, esta publicación ha sido concebida como una herramienta al servicio de las víctimas que han iniciado o que desean iniciar un proceso con el apoyo de organizaciones de defensa de derechos humanos; y, en segundo lugar, como un material de estudio para los investigadores que trabajan sobre la violencia contemporánea y sobre el terrorismo en general en el Perú, en América Latina y en el mundo entero.

• En la Crónica de la guerra interna en el Perú se presentan los principales hechos de violencia y su contexto político según las fechas, los actores, los responsables de las violencias, las pesquisas judiciales y de medicina legal y los procesos en justicia. El orden cronológico considera los cuatro grandes períodos del conflicto: el inicio de la guerra (1980-1982) y su militarización (diciembre de 1982 a junio de 1986); la expansión de la violencia (junio de 1986 a mayo de 1989); el nuevo pico de violencia y la disminución de la guerra (abril de 1989 a septiembre de 1992); y en fín los últimos años de la violencia (octubre de 1992 a noviembre de 2000). Siguiendo el criterio de la CVR, he tenido en cuenta los hechos de violencia que conciernen la muerte de más de cinco personas, pero he clasificado como “masacre” la muerte de más de diez personas. Las muertes resultantes de enfrentamientos armados no son clasificadas como masacres, pero son citadas. Dicho esto, la Crónica no es exhaustiva. He elaborado cuadros comparativos según los cuatro períodos considerados y según los responsables (PCP-SL, Fuerzas del orden, MRTA, milicias civiles o ronderos). Este inventario recurrente de masacres, en el cual se incluyen los descubrimientos de fosas comunes, es inédito en el país y representa uno de los aportes centrales del libro.

• Los principales resultados de este estudio son cercanos a los que ha propuesto la CVR pues establecen que la gran mayoría de víctimas ha fallecido en contextos de violencia de masas, así el Partido Comunista del Perú, Sendero Luminoso es responsable de 62% de las muertes, seguido por las Fuerzas del orden (27%), y por las milicias civiles u otros actores de la guerra (11%). Esta repartición es totalmente inédita en América Latina, donde los principales responsables son sobre todo siempre las Fuerzas del orden (Chile, Argentina, Guatemala, Honduras, Salvador, Venezuela, Nicaragua).

• En segundo lugar, he presentado 218 casos de masacres de más de diez personas, entre los cuales 58 casos son bien documentados pues han sido analizados por el Ministerio Público; y 159 casos no han sido examinados aún por las autoridades del Estado peruano. Los datos de esas masacres son expuestos en los Anexos 1 y 2. Según mis referencias, el numero total de muertos en masacres de más de 10 personas es de 16,311. En esta cifra he incluido la estimación de los muertos Ashaninka y Nomatsiguenga propuesta por la CVR en los que yo llamo campos de concentración senderistas (6,000 personas).

• En lo que concierne la perspectiva del análisis, la relación de violencias de la guerra interna es muy poco conocida, sobre todo en sus detalles crueles y sanguinarios, cuando en realidad son estos hechos los que deben ser el punto de partida de los análisis de la violencia política. En efecto, la mayoría de trabajos existentes sobre esta temática compleja han priorizado los temas ideológicos, políticos y/o de memoria de la guerra interna y han dejado de lado los hechos en su más cruda realidad. Por ello, la toma de conciencia de los hechos de violencia de nuestro pasado reciente podrá contribuir a la producción de análisis más precisos y menos ideologizados, lo cual facilitara la comparación con otros casos de violencia en América Latina y en el mundo. En ese contexto, la publicación del libro en lengua francesa está destinada a hacer conocer mejor nuestra experiencia de la guerra interna y a facilitar los estudios comparativos con países tales como Argelia, Siria, Mauritania e Irak, e igualmente con Colombia, Guatemala y Salvador. La traducción de este libro y del precedente (2016) está prevista para 2019.

• El análisis de la guerra interna peruana demuestra que la violencia política asociada al poder y al gobierno se desarrolla fácilmente en contextos caracterizados por la debilidad del Estado en zonas importantes del país y en un contexto de desarrollo frágil de la nación y de la identidad nacional. Durante veinte años, hemos conocido las masacres de masa, los campos de concentración senderistas, los niños soldados (PCP-SL, MRTA, militares) y la represión bárbara y sanguinaria de las fuerzas del orden; todo ello en el marco de la mega corrupción instalada en el seno del Estado, sobre todo durante el régimen de Alberto Fujimori, que ha conducido a la desintegración paulatina e ineluctable de las instituciones estatales. La grave crisis que atraviesa nuestro país actualmente puede ser vista como la consecuencia directa de este pasado reciente de violencia y de mega corrupción que nunca ha sido asumido y afrontado hasta el día de hoy, ni por los gobiernos sucesivos (Alejandro Toledo, Alan García, Ollanta Humala, Pedro Pablo Kuczynski, Martín Vizcarra), ni por la sociedad civil, que ha sido avasallada, en gran parte, por el populismo fujimorista. La descomposición del Estado y de los valores democráticos ha comenzado en 1980, se ha reforzado durante el fujimorato, y actualmente constatamos cuan profundamente se ha incrustado tanto la violencia populista de los fujimoristas — que representan más de la mitad de los electores peruanos —, como la corrupción banalizada en las más altas instancias de la justicia peruana, en el Estado y en toda la sociedad peruana.

Prefacio original [traducido al francés] Dr. Salomón Lerner Febres, Rector emérito de la Pontificia Universidad católica del Perú, y ex Presidente de la Comisión de la verdad y la reconciliación del Perú

Durante los últimos veinte años del siglo XX el Perú experimentó un conflicto armado interno que dejó casi 70 mil personas muertas o desaparecidas. Se trató el periodo de violencia armada desencadenado por la organización subversiva y terrorista conocida como Sendero Luminoso. La acción de Sendero Luminoso fue respondida por las fuerzas de seguridad del Estado muchas veces aplicando los mismos métodos de violencia indiscriminada contra la población. El resultado fue un periodo en el que se acumularon graves y masivas violaciones de derechos humanos.

Se tuvo que esperar hasta que se produjera una transición política, tras el gobierno autoritario de Alberto Fujimori durante la década de los 90, para que las víctimas tuvieran alguna oportunidad de que su voz fuera oída y sus historias conocidas. Eso ocurrió cuando se creó la Comisión de la Verdad y Reconciliación, la cual trabajó investigando los crímenes y el proceso de violencia durante dos años, entre 2001 y 2003. El Informe Final de la CVR presentó una reconstrucción exhaustiva de la historia de los años de violencia. Se mostró los diversos tipos de crímenes contra la humanidad que fueron cometidos por las organizaciones subversivas y por las fuerzas del Estado; se exploró los factores subyacentes a la violencia y a las violaciones de derechos humanos; se rescató las voces de las víctimas y se señaló cuáles eran los aspectos de la sociedad peruana que habían hecho posible esa terrible historia.

Aunque el trabajo de la Comisión de la Verdad y Reconciliación no fue el primero en tomar la medida de la violencia, pues desde antes había muchas investigaciones académicas y muchos esfuerzos de memoria de las víctimas, sí se puede decir que ha dado un impulso mayor a la reflexión y la investigación sobre esa época. No nos referimos únicamente a las investigaciones jurídicas, sociales y de otra índole que se han producido desde entonces, sino también a la enorme variedad de manifestaciones artísticas –cine, teatro, artes plásticas, música—que desde hace años exploran aquel pasado y nos ayudan a interpretarlo de manera penetrante.

A esta tradición renovada de estudios sobre la violencia con solidez científica y desde una perspectiva ética pertenecen las investigaciones que Mariella Villasante viene desplegando desde hace años. Entre una multiplicidad de esfuerzos valiosos, cabe citar su traducción de la versión abreviada del Informe Final de la CVR —Hatun Willakuy— a lengua francesa, un trabajo que ha permitido que la historia de la violencia en el Perú sea conocida más allá de la comunidad científica hispanohablante. A eso hay que añadir un trabajo de gran envergadura, Violence Politique au Pérou, en el que se muestra la extensión territorial del conflicto así como su penetración o enraizamiento en la estructura social peruana. Se trata, pues, de una mirada que, al mismo tiempo que recopila los hechos y procesos para hacerlos inteligibles narrativamente, va más allá del relato: explora en los significados de la violencia, reflexiona sobre sus alcances demográficos y toma la medida de cómo esta violencia se corresponde con la desigualdad y las pautas de exclusión vigentes en la sociedad peruana de la época y aun en el presente. Todo ello, sin embargo, no la conduce a validar una tesis errónea que, no obstante, tuvo cierta fortuna entre ciertos observadores extranjeros: la idea de que la violencia en el Perú era un fenómeno de raíces o de carácter étnico. Mariella Villasante expone las razones para pensar que, aunque se trató de una violencia que arrastró al mundo campesino rural, sus motivaciones así como el programa ideológico de los actores no se centraban en una plataforma de reivindicaciones indígenas. Por el contrario, como lo mostró en su momento la Comisión de la Verdad y Reconciliación, y como lo han corroborado las investigaciones de la autora, la población indígena fue, más bien, víctima de los prejuicios y del racismo de los actores armados estatales y no estatales.

La publicación que ahora se presenta — Chronique de la guerre interne au Pérou, 1980-2000 — refrenda, desde su origen mismo, la minuciosidad de las investigaciones de la doctora Villasante. En efecto, conviene tener presente que el material que aquí se presenta estaba destinado a ser, inicialmente, una cronología que acompañara como apéndice a su anterior publicación. Se trataba de ofrecer al lector no familiarizado con el proceso peruano la información necesaria para comprender los análisis e interpretaciones de aquel libro. No obstante, ese material fue expandiéndose hasta convertirse en lo que encontramos ahora: más que una cronología, una crónica de la violencia armada en el Perú, y, así, una investigación autónoma que ameritaba ser publicada independientemente.

Precisemos de inmediato que la autonomía ganada por este texto no se debe a su extensión sino a su estructura y al carácter de su contenido. Es una crónica, y no solamente una cronología, porque se trata de un relato o de un recuento que, lejos de contentarse con enumerar los hechos, busca imprimirles, o descubrir en ellos, una cierta lógica interna, un sentido histórico, cultural y político. Y es que Mariella Villasante sabe que, en última instancia, la violencia y la atrocidad constituyen siempre un enigma, una experiencia revulsiva y disruptiva que no podemos limitarnos a contar, sino que nos es forzoso capturar con intuiciones científicas y con imaginación moral. Quiero decir, con esto, que la lectura de esta Chronique de la guerre interne au Pérou, 1980-2000 nos provee una serie de claves interpretativas al mismo tiempo que nos muestra las diversas dimensiones en las que cabe considerar este fenómeno complejo. Así, al mismo tiempo que presenta una organización por periodos de esos veinte años –al mismo modo en que lo hizo la Comisión de la Verdad y Reconciliación–, nos propone una visión diferenciada de los diversos territorios en los que la violencia armada se desplegó. Desde luego, el elemento territorial no es únicamente un fenómeno espacial o geográfico. Es, sobre todo, un fenómeno cultural, demográfico e histórico. La crónica muestra, así, las diversas dinámicas que adoptó el conflicto en las distintas regiones del país, y permite captar, una vez más, la complejidad de la reciente historia de violencia. Del mismo modo, en la sucesión de periodos podemos percibir las estrategias cambiantes, las formas diversas en que los actores armados llevan adelante sus tácticas militares y la manera de relacionarse con la población.

La historia que aquí se cuenta es, inevitablemente, la de la guerra y la de la atrocidad, pues ello fue lo que tocó vivir a inmensas porciones de la población peruana durante aquellos años. Y es acertado que esa naturaleza cruel de los hechos no sea mitigada en el relato. Encontrar una lógica interna al proceso, como se hace aquí de manera sobresaliente, no implica disimular su cruda realidad. Y, sin embargo, esta historia no se agota en una crónica de fuego y sangre, sino que se extiende a un aspecto más esperanzador: se relata aquí, también, la resistente dignidad de las víctimas, las maneras en que las poblaciones rurales no se dejaron vencer por la agresión y la indiferencia, y se documenta, también, la movilización ciudadana contra el autoritarismo así como las demandas de verdad y memoria que también tuvieron un rol decisivo en la transición.

El trabajo, finalmente, se extiende hasta la presentación de lo realizado por la Comisión de la Verdad y Reconciliación. Esta fue creada por el gobierno de transición instalado tras la caída de Alberto Fujimori y fue, en gran medida, una respuesta a las demandas de las víctimas, de las organizaciones de derechos humanos, de sectores democráticos de la sociedad civil y de la comunidad internacional. El Informe Final, con el cual dialoga creativamente esta publicación, con sus nueve volúmenes y diversos anexos, sigue siendo la investigación más amplia sobre el periodo y sirve, todavía, como una plataforma para exigir que se responda a los derechos de las víctimas.

Al decir que esta publicación dialoga con aquel Informe Final no me refiero únicamente a las correspondencias entre los hechos y procesos expuestos y a la profundización que Mariella Villasante ofrece sobre diversos aspectos del fenómeno de la violencia. Quiero aludir, además, al propósito cívico y moral que alentó en aquel Informe y que también se halla presente en esta detallada crónica. La doctora Villasante es una investigadora social aguda y muy solvente, pero es también una ciudadana comprometida con la justicia en el Perú y en otras partes del mundo sobre las que ha investigado. Por eso, quien lea esta crónica encontrará, por debajo de la exposición objetiva de hechos y procesos, y sin interferir con ella, un reclamo moral, una corriente de solidaridad con las víctimas y una expresión de rechazo a la violencia, el abuso y la marginación. Y me animo a decir que en ese último estrato del texto, el de la imaginación moral, se encuentran los mayores aprendizajes que nos ofrece este trabajo, pues la empatía sigue siendo el momento más íntimo y acabado de la comprensión.

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