Edición N° 29 16/08/2019 Entrevista

Migración forzada: el duelo de las personas venezolanas, una entrevista a Maribel Goncalvez

Por: Gabriela Quevedo Castañeda

Periodista

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Maribel Goncalves de Freitas es doctora en psicología por la Universidad Central de Venezuela, docente y directora de la Maestría en Psicología Comunitaria de la PUCP. Su amplia experiencia en trabajo de campo tanto en zona de frontera como en Lima, le ha permitido examinar de cerca los impactos psicosociales del desplazamiento forzado de la población venezolana en el Perú. Según la investigadora, esta población experimenta sentimientos de angustia, frustración e incluso duelo ante el proceso de desarraigo que asume.

Es hora de salir del shock provocado por la emergencia, para empezar a ver cara a cara otras etapas de esta crisis humanitaria que seguirá movilizando personas venezolanas de manera ininterrumpida. Llevar la conversación hacia los impactos psicosociales de la población migrante y refugiada podría ser clave para empezar a imaginar procesos de inclusión e integración que tanta falta hacen.

 

Maribel Goncalves de Freitas, doctora en psicología por la Universidad Central de Venezuela, docente y directora de la Maestría en Psicología Comunitaria de la PUCP. (Foto: Idehpucp)

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¿Cuál es la importancia de comprender los efectos de la migración forzada en la población venezolana desde un enfoque psicosocial?

Lo que debemos hacer desde lo colectivo es asumir la responsabilidad que todos tenemos en este proceso de acogida.

La mirada desde la psicología social e incluso incorporando la psicología comunitaria, sirve para despatologizar o salir de la idea del diagnóstico, para entender la situación que las personas están viviendo. Lo que se plantea es entender cómo hay condiciones que están generando situaciones que provocan efectos en la salud mental; sin embargo, urge entenderla desde una mirada integral,  la cual implique tomar en cuenta todo el contexto en el que están inmersas las personas y todas las relaciones que tienen las personas.

En ese sentido, la comprensión es desde la vivencia como algo que se comparte, entonces si se comparte, se debe atender de forma colectiva, desde un trabajo conjunto. Por ello, lo que debemos hacer desde lo colectivo es asumir la responsabilidad que todos tenemos en este proceso de acogida.

¿Cómo ha ido cambiando el impacto en la población recién llegada y en la población que aún está por emprender su ruta migratoria?

Creo que hay una especie de alto o de receso que la mayoría de la población que va llegando está haciendo. Hubo un momento de la migración venezolana [tiempo atrás], en el que era posible plantearse la migración como un proyecto, en el que la gente sabía que no era tal vez lo que quería hacer, pero en el cual aún se tomaban el tiempo de preparar el viaje, buscar empleo, buscar opciones en caso de ciertos profesionales. Esto culminó cuando empezó a agudizarse la crisis, así entra la figura del desplazamiento. A partir de ese entonces, se inicia la migración de grupos de personas que en otras condiciones no hubiesen migrado, porque no tenían un aval profesional o condiciones económicas para llegar, personas venezolanas que se van en las condiciones que les sea posible, por tierra o caminando, en la medida que va habiendo más desesperación, hay menor margen o posibilidad de decisión.

Es decir, sabes por qué irte, porque ya no aguantas más, pero no sabes a dónde, ni cómo irte. Y así emprenden una ruta que es diferente que hacer un proceso migratorio, que de por sí ya es difícil. Entonces se pierde la dimensión de proyecto de vida, porque ahora se trata de sobrevivir y eso marca la diferencia. Porque claro, sobrevivir no es un proyecto de vida. Por eso creo que lo que está pasando con muchas de las personas que recién han llegado, es que hacen un alto, que es como un receso en sus vidas, en el que se dicen “en este momento me tengo que ir”. El tema [para impulsarse] siempre son o los padres que se quedaron o los hijos que se quedaron o que trajiste, o darle un mejor lugar a tus hijos, etcétera.

Un proceso migratorio puede ser aún más difícil cuando un padre se separa de sus hijos. (Foto: Andina)

Los efectos de la crisis experimentada en Venezuela y el cambio drástico de entorno, de rutinas, y con ello el desvanecimiento de un proyecto de vida seguro, ¿cómo se asemeja todo ello a una sensación de duelo?

Se asemeja porque hay una cantidad de pérdidas [en este proceso], la de los amigos, la familia, que son los duelos que más resaltan en lo que las personas dicen. Los duelos que tienen que ver con tus costumbres, tu cultura; duelos de perder estas alternativas. Incluso pierdes en parte lo que era tu vida cotidiana, y lo reemplazas por el ‘no sé qué va a pasar mañana’, es decir, también pierdes el control sobre tu vida hasta que consigues cierta estabilidad, y esa pérdida también genera un duelo. Además, en el caso de los profesionales, está el duelo de no estar ejerciendo tu profesión, sino estar en otra cosa. Entonces, uno puede superar todas esas condiciones y de hecho una de las cosas que es importante rescatar son los recursos para ello. Porque las personas no están subsumidas en una depresión absoluta, al contrario, están movidas por un impulso y una de las cosas que varias manifiestan es “no me voy a detener en todo lo que perdí y en el dolor, todo lo contrario, hay que centrarse en la esperanza y en lo que voy a poder conseguir”. Entonces ellos siguen la ruta de centrarse en lo que deben hacer, en resolver, en producir.

Desde mi experiencia, no solo en el tema de migración, sino en los temas que tienen que ver más con duelos colectivos, cuando son así, la presencia de la situación es muy fuerte y entonces cada cosa que ocurre te está devolviendo a eso que has vivido; cada persona que llega y todos los demás te hacen recordar lo que has perdido. Por eso debemos hacer un proceso de inclusión y trabajo conjunto, y entender que todos los sentimientos aunque los podemos mirar casi pedagógicamente en una persona, realmente no están en una persona, están en las relaciones y en lo que todo ese colectivo está viviendo. Ese es el vuelco en la mirada de un proceso de trabajo conjunto, entendiendo un duelo colectivo.

“Debemos hacer un proceso de inclusión y trabajo conjunto, y entender que todos los sentimientos (…), realmente no están en una persona, están en las relaciones y en lo que todo ese colectivo está viviendo”, señala Goncalvez. (Foto:Idehpucp)

¿Cómo lidiar con el hecho de que la familia es el sostén, pero a la vez lo que motiva la angustia y los sentimientos de añoranza?

La mayoría te comenta que la familia lo sostiene, sea porque está acá o sea porque está allá. Lo interesante que he encontrado es que la familia sí es el motor para poder trabajar para poder conseguir, pero claro, es que a la vez la familia es eso, es el proceso de la tensión. Entonces no sé si es un tema que va a tener toda la salida, creo desde mi perspectiva que habría que apuntar a la reunificación familiar o por lo menos a poder tener mecanismos de apoyo directo a las familias que están allá. Estamos en una era en la que es más fácil para las personas por el tema de las comunicaciones mantener el vínculo. Por ejemplo, en la frontera, los cooperantes hicieron una cosa súper positiva que es poner a disposición teléfonos celulares para las personas. Entonces hay un centro para que las personas pueda comunicarse;  o sea primero están los lugares para vender los chips, eso lo puedas adquirir apenas llegas a la frontera, antes de que te sellen; eso ya me parece súper favorable. Pero también está la oportunidad de usar un teléfono, enviar un mensaje o poder conectarte con tu familia y decirle “ya estoy acá”.

¿Cómo lidian con esto los niños y niñas? Sobre todo cuando este cambio se produce en edades tan tempranas que podrían afectar la construcción de sus hábitos emocionales.

[Los niños] podrían ser una de las alternativas en la integración de sus padres que a veces son más complejos por toda la visión que tienen como adultos.

En el caso de los niños y niñas es importante que puedan entender de qué se trata lo que están viviendo, que puedan hablarlo. Los problemas suelen estar en el ámbito en el que ellos están, por ejemplo cuando la familia no favorece eso [el adoptar prácticas o usos culturales], y les dicen, por ejemplo, “porque dices esto así, si lo deberíamos decir como lo decíamos en Venezuela”. Entonces, en la medida que la familia pueda ir entendiendo esta nueva condición respecto del lugar en el que están, podrán ayudar más al niño o niña. Para que ellos puedan decir “está bien, soy venezolano, pero puede también integrar otras cosas”. Además en la medida que los niños puedan entender más a la cultura peruana, eso [la integración] va a ser más fácil. Sabrás que yo no veo tan compleja la situación para los niños y niñas, siempre y cuando se considere el tema de la vulnerabilidad, siempre y cuando se pueda manejar sus condiciones, hay una gran preocupación ahora respecto de su incorporación a la escuela, por ejemplo. En todo caso, creo que los niños pueden ayudar muchísimo, más bien podrían ser una de las alternativas en la integración de sus padres que a veces son más complejos por toda la visión que tienen como adultos.

¿Qué políticas públicas podrían articularse desde la empatía?

La empatía debería ser un tema que se transversalice en los distintos ámbitos. Creo que las instituciones educativas son un buen lugar, un buen espacio que ayuda en varios ámbitos. Primero porque tienes a una población cautiva, la mayoría de los padres quiere que sus niños y niñas estén en la escuela, por lo cual la mayoría va a traer a sus hijos al colegio. Así que se podría ir construyendo la empatía a través de diversas actividades, se puede estructurar por ejemplo trabajar lo que es la migración, explicar de qué se trata, que todos puedan intercambiar experiencias, que los niños y niñas puedan reflexionar sobre temas culturales. Entonces en estos elementos se pueden ir buscando los puntos de encuentros. En el caso de Perú y Venezuela hay muchos elementos de encuentro por el tema de ser latinoamericanos.

Los escolares venezolanos pasan por un proceso de adaptación en las escuelas peruanas. (Foto: Andina)

En el caso de los adultos, sí es importante empezar a trabajar, tal vez, primero a nivel de los medios [de comunicación], recuperando la memoria histórica sobre el proceso de migración del peruano, por ejemplo. Y empezar a instruir y sensibilizar sobre el tema que va más allá de la movilidad, que es la condición de desplazamiento. Obviamente hay instituciones u organizaciones internacionales que están haciendo algunas actividades de integración, pero todas ellas quedan como acciones aisladas. Pero cuando tú hablas de política pública, allí el Estado debe liderar y esta debería ser multisectorial. Sí me centraría en el tema de la empatía, trabajaría desde allí, y claro empezaría por sensibilizar a la población.

Finalmente, considerando que buena parte de las personas venezolanas está desarrollando estrategias para sobrevivir, sin un deseo real de arraigarse, ¿no sería mejor hablar de proyectos e iniciativas para promover la inclusión en lugar de la integración?

 Muchas de las organizaciones están trabajando en los derechos mínimos y las necesidades básicas de las personas venezolanas. Pero ya es momento de trabajar en otros aspectos, cómo está mirando aquí su estadía el venezolano y cómo está mirando el peruano la estadía del venezolano.

Creo que hay que sensibilizar a todas las partes para entender que en este momento sí hay una coexistencia que no sabemos para dónde va, tampoco si va a ser corta o larga. Entonces este es un territorio un poco difícil de manejar, porque no sabes cómo va a ser el proceso. Creo que el término de inclusión de todas maneras va, creo que el término de integración tiene un lugar interesante, tal vez sirva para que sensibilice en función del contexto [de cómo se ha producido esta llegada]. Por ahora, hay que repensar la situación, porque hay todavía una situación de emergencia y ya no debería serlo, ya ha pasado mucho tiempo dedicada a esta fase, ya hay que comenzar a pasar a la siguiente.

Por el momento, muchas de las organizaciones están trabajando en los derechos mínimos y las necesidades básicas de las personas venezolanas. Pero ya es momento de trabajar en otros aspectos, cómo está mirando aquí su estadía el venezolano y cómo está mirando el peruano la estadía del venezolano. Hay que buscar algunas salidas que deben permitir nuevos espacios, para que sea posible que se dé la inclusión o integración, como lo queramos llamar. Pero empezar a ver cómo favorecer estos espacios.

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