Edición N° 26 21/08/2018 Reportaje

Solicitudes Denegadas: la huida de los menores migrantes

Por: Karen de la Torre

Reportera en Lado B (México)

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—¿Qué hicieron? —pregunta un niño con un megáfono en una protesta en Estados Unidos de Norte América a favor de los migrantes.

—¡Nada! —grita la gente.

—¡Nada! —reitera el niño— ¿Entonces por qué están en la cárcel?

El gobierno de los Estados Unidos separó a más de dos mil niños de sus padres en sólo mes y medio, entre abril y mayo. El daño por la separación es aún incalculable, pero este es apenas uno de los obstáculos que enfrentan niñas, niños y adolescentes migrantes que buscan rehacer sus vidas en otro país.

#FamiliesBelongTogether; las familias deben estar unidas, recuento

“No quiero que me separen de mi papá, no quiero que lo deporten”, se escucha a Alison, mientras llora ella y otros menores de edad detenidos en un centro de Aduanas y Protección Fronteriza de los Estados Unidos. Esta grabación, difundida por el medio Propublica, es uno de los primeros reportes que le dio voz al conflicto: la separación de menores no derivó de una nueva ley, sino que se implementó como medida administrativa para procesar a todos los adultos migrantes como criminales desde su entrada al país norteamericano.

La separación de menores no derivó de una nueva ley, sino que se implementó como medida administrativa para procesar a todos los adultos migrantes como criminales.

“Cuando buscamos procesar a los padres por venir aquí ilegalmente, algo que se debe hacer es separar a los niños”, justificó el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, el 19 de junio, cuando estallaron los reclamos internacionales.

La medida, Tolerancia Cero, inició el 7 de abril pasado cuando Jeff Sessions, titular de la Fiscalía General de Estados Unidos, instruyó a todas las fiscalías de la frontera con México a adoptarla. Un mes después, el Departamento de Justicia y Seguridad Nacional se adhirieron a los operativos. El objetivo era no dejar que los migrantes ingresaran a Estados Unidos sin imputarles cargos penales.

Jeff Sessions, fiscal general de Estados Unidos, y defensor de las políticas antimigratorias del gobierno de Donald Trump. (Foto: Corona Spanish Media)

“Cuando buscamos procesar a los padres por venir aquí ilegalmente, algo que se debe hacer es separar a los niños”, justificó el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, el 19 de junio.

En su discurso, Sessions se refería a los “contrabandistas” migrantes, y no precisamente que todos los migrantes serían tratados así. “Si está contrabandeando a un niño, entonces lo procesaremos y ese niño será separado de usted según lo exija la ley”, sentenció el fiscal en una rueda de prensa en San Diego.

Jillian Wagman, abogada del Instituto para las Mujeres en la Migración (IMUMI), organización con sede en México, documentó que bajo esta medida se trató como delincuentes incluso a familias solicitantes de asilo: “esto va en contra de leyes internacionales y en contra de la ley de los Estados Unidos. Se está poniendo en riesgo a personas que están huyendo de la violencia, buscando protección en este país. Es algo que se traduce en una violación grave a derechos humanos”.

Como un hecho, la medida ocasionó que todos los niños y niñas migrantes tuvieran la calidad de no acompañados, aunque hubieran llegado con algún familiar. La calidad de llegar a la frontera de EEUU como “no acompañado” implica un derecho para los menores: solicitar asilo o desistir de él ante las Cortes.

“Creo que todo el mundo ha visto las notas de los niños en las Cortes, frente a los jueces”, dice Jillian Wagman en entrevista para Memoria, y continúa: “los niños están ahí porque tienen el derecho de pedir asilo aparte de sus padres, tienen el derecho de buscar cualquier protección internacional”.

En los últimos meses, se han realizado manifestaciones en todo EEUU contra la separación de hijos de inmigrantes indocumentados de sus padres. (Foto: Andina)

Mientras les llega su turno en la Corte, los niños y niñas deben esperar en albergues acondicionados muy parecidos a las prisiones. Los menores usan espacios reducidos del suelo para dormir amontonados cubiertos por hojas de aluminio, se escuchan llorar y la comida les resulta abominable.

Al menos un adolescente puede recordar el nombre de sus padres o tíos con los que intentó cruzar; un niño de 7 u 8 años podría también, pero un total de 103 niños, de los separados de sus padres en la frontera, están en el rango de los que no pueden: tienen menos de cinco años de edad.

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“Los niños menores de 5 años, parece que no fueron contemplados por la administración cuando echaron a andar esta medida, se les salió de las manos. Ahora están en aprietos tomando nota, buscando una manera de organizar la información de los niños que separaron de sus padres”, dice Jillian Wagman.

El sistema estadounidense no garantiza defensor para alguien que está en detención por migración irregular, incluso si se trata de niños.

La defensa de migrantes por parte de abogados probono se ha hecho indispensable, si bien los niños van a cortes para que su voluntad sea escuchada, “el sistema estadounidense no garantiza defensor para alguien que está en detención por migración irregular, incluso si se trata de niños, y la realidad es que los niños no saben qué decir”, expone la abogada.

La organización no gubernamental Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés: American Civil Liberties Union), lidera la defensa de niños migrantes, hay una base en cada uno de los 50 estados del país. Por una demanda de la ACLU, el 27 de junio el juez federal Dana Sabraw, de San Diego, California, emitió un mandato judicial por el que ordenó al poder ejecutivo reunificar a más tardar en 15 días a los niños menores de 5 años, plazo que concluyó el 10 de julio con un saldo de sólo 58 niños reunificados.

Además, en la resolución la juez determinó que para el 26 de julio todos los niños debían estar de vuelta con sus familias.

Si bien la política de separación de familias se ha detenido, las viejas prácticas regresaron. Todos los migrantes siguen siendo tratados como criminales, aunque ahora tienen el beneficio de conservar a sus hijos cerca: familias enteras son llevadas a detención, ahora hasta en campos militares; sí, con todo y niños.

En abril del 2017 la administración de Donald Trump reconoció ante el Senado que le perdió el rastro a mil 475 niños migrantes que colocó bajo custodia de particulares.

Organizaciones como IMUMI han atendido a personas que ya no pudieron recuperar a sus hijos porque el gobierno de Estados Unidos los puso en adopción. Además, en abril del 2017 la administración de Donald Trump reconoció ante el Senado que le perdió el rastro a mil 475 niños migrantes que colocó bajo custodia de particulares. Si a esto se suma la detención arbitraria de personas con documentos irregulares en ese país que se hacen cargo de sus hijos, la cifra de familias separadas con distintas medidas se hace incalculable.

La separación de familias no es una práctica exclusiva del gobierno estadounidense, sino que es una amenaza constante durante la ruta migratoria norteamericana.

1,600 kilómetros de México

Desde las fronteras que quedan menos alejadas entre sí para entrar a México y salir de él, desde la frontera con Guatemala, hay poco más de mil 600 kilómetros de distancia para lograr el sueño americano. Estos kilómetros se cuentan desde Palenque en el estado de Chiapas hasta Matamoros, en el estado de Tamaulipas.

Desde la frontera sur hay tres opciones para cruzar México: la costosa o un par muy peligrosas. La costosa es viajar por el centro del país, tomando distintos transportes y apelando a la suerte para no tener que exhibir documentos de identidad. Las otras dos oscilan entre el desierto y el territorio dominado por el crimen organizado.

Pero antes de tener el privilegio de elegir una opción, los migrantes deben burlar al Instituto Nacional de Migración (INM), que es la más grande red de captura de migrantes que usa el gobierno mexicano para devolver o detener a los centroamericanos que pretenden cruzar el país.

La frontera entre Estados Unidos y México es un símbolo de las medidas antimigratorias que Donald Trump ha promovido desde su candidatura a la presidencia de Estados Unidos. (Foto:Pixabay)

Durante el 2017, de acuerdo con la Unidad de Política Migratoria de la Secretaría de Gobernación (Segob), 18 mil 300 menores de edad acompañados y no acompañados ingresaron al país, de ellos, alrededor de 16 mil fueron devueltos a sus países con el programa retorno asistido.

La misma Unidad registró que 14 mil 369 de esos niños ingresaron al país no acompañados por adultos y sólo 259 solicitaron refugio en México.

Itzel Eguiluz, especialista en migración internacional e integración social, explica que es posible identificar tres razones por las que los niños salen de su país: la primera, por reunificación familiar, porque su mamá o papá ya están en Estados Unidos; la segunda porque están huyendo de un contexto socioeconómico difícil, y la tercera, porque están huyendo de la violencia en cualquiera de sus modalidades: amenazas de muerte o extorsiones por parte de la delincuencia organizada, y violencia dentro del núcleo familiar.

En marzo pasado, durante el Conversatorio sobre la Protección de los Derechos de la Infancia Migrante, en el Senado de la República, Mark Manly, representante del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en México, urgió a las autoridades mexicanas a poner fin a la detención y deportación inmediata de los menores migrantes y atenderlos según sus necesidades de protección.

Esta situación la denuncia también Human Rights Watch en su informe Puertas cerradas El fracaso de México en la protección de niños refugiados y migrantes de América Central, en éste, el organismo internacional visibiliza que las autoridades mexicanas simplemente no informan a los menores su derecho de pedir protección internacional.

“El problema de la infancia migrante sin compañía es que las autoridades anulan sus derechos más básicos por su condición irregular, no escuchan sus necesidades ni las razones por las que migran, los deportan sin darles al menos los servicios básicos de salud y acompañamiento”, detalla Itzel Eguiluz en entrevista para Memoria.

El primer artículo de la Constitución mexicana establece que toda persona que se encuentre en el territorio tiene garantizado el respeto a sus derechos fundamentales; sin embargo, para los niños migrantes no hay acceso a la educación, procuración de justicia, seguridad o incluso libertad.

México también separa familias migrantes: “Las estaciones migratorias mexicanas no están preparadas para atender familias. Dentro de una estación hay un área para hombres y otra para mujeres, nunca se pensó que llegara a haber ahí niños. No se piensa en los hombres que son padres solteros, y en el caso de los adolescentes, siempre son separados de sus madres”, manifiesta Jessica Cárdenas Canuto, encargada del albergue Hermanos en el Camino ubicado en Ixtepec, Oaxaca.

Jessica cuenta que en años pasados han visto a niños de 4 o menos años deambulando solos por las estaciones migratorias, esperando que haya recursos para ser deportados.

A la vez, Uriel González, coordinador de las casas de la Asociación Cristiana de Jóvenes de la Ciudad de México (YMCA por sus siglas en inglés), que funcionan para menores migrantes, señala que los niños solicitantes de refugio al gobierno mexicano son detenidos durante meses, y si deciden desistir, son devueltos a sus países de origen a pesar de que saben bien, con documentos en mano, que lo que buscan es huir de esos lugares.

Las casas YMCA son albergues, hay nueve desde la Ciudad de México hasta la frontera norte; por ellas han pasado miles de niños víctimas de delitos, entre los más comunes: robos, extorsiones, violaciones sexuales y secuestro. Uriel explica que la política pública correcta sería escuchar la voluntad de los menores y brindarles acompañamiento. Las casas YMCA lo hacen, contactan desde México a los familiares de los niños para que los reciban en la frontera y logren ingresar a los Estados Unidos.

El 19 de junio Luis Videgaray, secretario de Relaciones Exteriores de México, se refirió a la medida estadounidense para separar familias como cruel e inhumana; pero no habló nada sobre el actuar del gobierno mexicano para atender a esta población. De hecho, no existen políticas públicas para asegurar la protección de las familias migrantes.

Secuelas y pendientes regionales

El plazo para la reunificación de familias víctimas de Tolerancia Cero venció el 26 de julio pasado. 700 niños no fueron reunificados con sus familias porque, en algunos casos, el gobierno no consideró aptos a los padres para criar a sus hijos.

Ulises, el héroe de la mitología griega emprendió un viaje para cada aventura y hasta se enfrentó a la ira de Poseidón, dios del mar. Ulises le dio su nombre al síndrome más común de los migrantes, por el cúmulo de estresores que pueden tener.

“El hecho de migrar causa una serie de estresores que van a hacer que los migrantes tengan el síndrome de Ulises, que sería un conjunto de síntomas de salud mental que de alguna u otra manera le van a afectar por el terror del viaje, el temor al fracaso y la separación de familias. Afecta a niños, niñas o cualquier persona”, explica Itzel Eguiluz, quien dice que el diseño de una política pública que pretenda atender a los menores migrantes deberá priorizar la salud mental.

En marzo del 2017, Los Angeles Times publicó una nota con el título “What happens to my child if I’m deported?” (“¿Qué le pasa a mi hijo si soy deportado?”), esta publicación alcanzó a más de 4 millones de usuarios, en ella se plantea que las deportaciones en masa pueden afectar al menos a cinco millones de menores que viven en los EEUU bajo el cuidado de padres migrantes con documentos irregulares, según cifras del Instituto de Migración.

Para Jillian Wagman, Donald Trump ahora está en una pausa y el panorama no podrá definirse hasta “pelear más en la Corte”.

El plazo para la reunificación de familias víctimas de Tolerancia Cero venció el 26 de julio pasado. 700 niños no fueron reunificados con sus familias porque, en algunos casos, el gobierno no consideró aptos a los padres para criar a sus hijos, pero al menos en 431 casos el gobierno ni siquiera encontró a los padres de los menores: fueron expulsados del país sin sus hijos.

Familias mexicanas se reunen tras ponerse fin a la medida que separaba a las familias inmigrantes en la frontera de EEUU y México. (Foto: Posta)

A la pregunta expresa de si el panorama era bueno o malo para los migrantes, Jillian Wagman guardó silencio por un momento “No sé qué decir”, irrumpió. “No sabemos exactamente si el panorama es bueno o malo para los migrantes. Lo único que nos queda es mirar hacia el Poder Judicial. Los jueces son los únicos que podrán definir hasta dónde llegan las acciones del presidente Trump”.

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