Edición N° 27 07/12/2018 Reportaje

Yo soy Venezuela: migrantes resilientes

Por: Karen de la Torre

Reportera en Lado B (México)

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Medio millón de personas de nacionalidad venezolana está en Perú. Como única política para su integración, el Perú creó un mecanismo esporádico para su registro que ya venció. Ante los obstáculos y la incertidumbre para acceder a servicios y derechos básicos, Venezuela se organiza y se abre camino.

Historias de supervivencia: camino a la integración

—Yo soy Venezuela —dice Luis Raúl González, el hombre de mediana estatura que abre la puerta en la casa de acogida Beato Juan Bautista Scalabrini al preguntarle: ¿en qué se convierte Venezuela una vez que se sale de ese país? —. Venezuela es mi forma de ser: espontáneo, tranquilo y buena gente.

Hay cerca de 3 millones de personas nacidas en Venezuela desplazándose hacia otros países de América Latina, según datos del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados. Hoy, medio millón de ellos está en el Perú.

Ese medio millón, que en cifras concretas son 589 mil personas, representa una gran porción de Venezuela que intenta integrarse al Perú.

—Inicialmente yo no tengo hijos ¿bueno?, mi hermana tuvo tres niñas y desde que nacieron yo me comprometí a ayudarlas. Ahora ellas querían venirse para acá, pero como allá en Venezuela se escuchaban tantos cuentos de las personas que se venían a pie: que si los asaltaban, que si… bueno, cada cuento. Entonces, como padre que me considero, no quería que mis muchachas pasaran eso y me vine a abrirles camino.

Luis Raúl tiene 60 años y, al igual que miles de sus compatriotas, está buscando empleo y está aguardando por citas para que le otorguen el Permiso Temporal de Permanencia (PTP), un documento creado en enero del año pasado por el gobierno peruano para dar respuesta a la demanda de ingreso de tanta población venezolana en el país. Luis Raúl lleva dos meses aquí. Entró por tierra y no paró hasta llegar directo a Lima. Dice que no se puede quejar de nada porque un techo y comida, en el albergue, no le falta. Asegura que es un hijo bendecido de Dios porque los sacerdotes han sido muy amables con él y le han prometido apoyo para que encuentre un trabajo.

Venezolanos y venezolanas forman fila en la oficina de Migraciones de Tumbes. (Foto: Andina).

El PTP, que como su nombre lo indica es un permiso de permanencia para formalizar la estadía de la población migrante venezolana en el Perú, ha sido la única herramienta que ha dispuesto el gobierno peruano como estrategia de acogida de migrantes. Pero las necesidades trascienden a esta medida y, en consecuencia, la población venezolana busca la forma de salir adelante.

Venezuela está en crisis, de acuerdo con un estudio de la Organización Internacional de las Migraciones (OIM), las personas están saliendo de Venezuela por cinco principales causas: economía, trabajo, inseguridad, alimentos y medicamentos.

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Las condiciones en la República Bolivariana de Venezuela están impulsando a que su sociedad se movilice hacia otros lugares de forma colectiva; y esto transversalmente ha alcanzado a todas las personas, de todos los estratos sociales, edades y géneros, impulsados por alcanzar una mejor calidad de vida para sus familias: hasta agosto del 2018 Datos Group estimaba que el 14% de la población en Venezuela vivía de las remesas.

El PTP ha sido la única herramienta que ha dispuesto el gobierno peruano como estrategia de acogida de migrantes. Pero las necesidades trascienden a esta medida.

Analí Briceño está en contacto permanente con las problemáticas de esta población, es la coordinadora de la Clínica Jurídica Pedro Arrupe para migrantes y refugiados, que funciona bajo un esfuerzo conjunto de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya, y Encuentros, Servicio Jesuita de la Solidaridad (S.J.S).

—La migración venezolana no se percibe como estática, están en el Perú bajo la premisa de no quedarse quietos: necesitan recursos; no pierden de vista a sus familias. Realmente les interesa apoyar a los que se quedaron en su país —afirma Analí Briceño—.

—Somos tantos venezolanos que ya hasta es difícil reconocer a los peruanos —indica Francis, riendo. Francis al igual que Raúl, ingresó al Perú este año, pero ella lleva un mes y no se encuentra sola: está con su bebé recién nacido y su esposo. En su casa ambos trabajan, ella es comerciante de caramelos en la avenida la Marina, en el distrito de San Miguel—. Mi esposo se vino primero con una tía de él, no había tantos, ahora que me vine yo, ya somos muchos.

Francis comenta que es sabido en Venezuela que en Perú se encuentra fácil trabajo. De hecho, antes de que ella llegara su esposo trabajaba elaborando turrón; ese empleo lo consiguió en redes sociales. Es bastante común encontrar en los grupos venezolanos ofertas de empleo para decenas de personas, aunque la mayoría son empleos temporales e informales. El esposo de Francis ahora está por irse con unos amigos a la cosecha de uva en Ica.

Muchos de los inmigrantes se han dedicado a la venta ambulatoria de distintos productos alimentarios. (Foto: Andina).

La informalidad laboral en la que están entrando de forma masiva las personas de nacionalidad venezolana en Perú es fácil de explicar. De acuerdo con César Ruiz, coordinador del Proyecto Refugiados y Solicitantes de Asilo de la organización Encuentros S.J.S., el 70% de la economía peruana es informal, por lo que los ciudadanos venezolanos sólo están acomodándose a lo que ya estaba estructurado.

Hay otro elemento, además.

—A pesar de que la población quiere formalizarse, tenemos un Estado que, de alguna manera, con sus normas lo único que facilita es la informalidad de los extranjeros: los primeros seis meses el extranjero tiene la obligación de tributar el 30% de su sueldo, entonces si un empresario quiere contratar con el sueldo mínimo que está obligado a pagar: 930 soles —270 USD—, se van a descontar el 30% y ¿qué queda si hay que alquilar vivienda, comer, trasladarse y mantener a una familia? Mejor me voy a vender a la calle y no pago impuestos y así gano más de lo que voy a ganar formalmente —explica César.

Esto es algo en lo que coincide Analí Briceño; la abogada expone que el marco normativo interno refleja cómo se percibe a los extranjeros: personas que inyectarán dinero en el país; pero esto justo ahora no es del todo cierto.

Colectivo Venezuela

Hay extranjeros venezolanos en movilidad que han encontrado apoyo desde su llegada a la frontera norte peruana. Es el caso de Kevin, que apenas tiene unas semanas en Lima y recorrió el trayecto caminando: 11 días desde Colombia.

Él narra que el apoyo de las personas en el norte era completo: había quienes les daban paquetes de comida a él y a su esposa, había quienes los invitaban a tomar descanso en sus casas, los llevaban en sus carros y lo que nunca les faltó, durante todo el trayecto, cuenta, fue agua.

[E]l 70% de la economía peruana es informal, por lo que los ciudadanos venezolanos sólo están acomodándose a lo que ya estaba estructurado.

Las historias de apoyo están hasta en los escenarios más desoladores. Eduardo José Pérez Caraballo, por ejemplo, extravió su pasaporte (149927680) cerca del Tottus de la Marina, cuando fue en bicicleta a cambiar un colchón inflable que le salió defectuoso. Lleva aproximadamente tres meses en Perú y uno de ellos lo malgastó trabajando en una empresa de transportes que terminó por no pagarle su sueldo.

Eduardo dice que en Perú la gente le ha dado un buen trato y que no podría ser de otra forma si lo que él está buscando es trabajar. Eduardo de hecho está convencido en traerse a su familia y asegura que va a adaptarse al Perú.

Hay teatros que abren sus puertas a actrices y actores de nacionalidad venezolana; colegios que contratan profesores venezolanos para que refuercen los conocimientos de las infancias migrantes y cursen los grados que les tocan; músicos que se agrupan en colectivo para tocar, arriesgándose a ser despachados por miembros de Serenazgo pese a contar con permiso; hay albergues, comedores, postas médicas improvisadas, y hasta grupos de contención emocional para lograr la adaptación de venezolanos en Perú.

La comunidad venezolana que se está asentando en el Perú manifiesta mayormente su alivio de estar en suelo peruano, y al mismo tiempo envían mensajes de descontento respecto de la crisis provocada por el gobierno de Nicolás Maduro. (Foto: REUTERS/Guadalupe Pardo).

Cécile Blouin, investigadora del Instituto de Democracia y Derechos Humanos de la Pontificia Universidad Católica del Perú (Idehpucp), explica que se podía prever que, ante los obstáculos, las personas de nacionalidad venezolana en el Perú se crearan sus propias herramientas para subsistir:

—Ya es una colectividad: vivimos en una ciudad de 9 millones de habitantes y acá está el 80% de ese medio millón de venezolanos en Perú —enfatiza Cécile Blouin—. No son tantas personas, pero sí son las suficientes para tener estrategias comunitarias. De hecho, podemos ver varios ejemplos en otros países de cómo los colectivos migrantes se organizan y entran a un contexto que no pueden cambiar de la noche a la mañana, pero que logran poco a poco insertarse en él.

Así como hay esfuerzos pequeños de inserción peruano-venezolano, y políticas de acogida que van desde la misma sociedad; existen organizaciones que emprenden esfuerzos más grandes para lograrla, un ejemplo del lado del Perú es Encuentros y del lado venezolano está la Unión Venezolana en Perú.

Óscar Pérez, presidente de esa organización no gubernamental, asegura que es cuestión de tiempo para que comiencen a abrirse las puertas del Estado en materia de políticas hasta ahora inexistentes.

[P]ese a los esfuerzos de creación de redes de apoyo, sin voluntad del Estado, no podrá haber integración, asegura Cécile Blouin.

Desde la organización Unión Venezolana en Perú se trabaja en la consolidación de cuatro iniciativas de red de apoyo para la adaptación de venezolanos en el país: el plan de asimilación productiva, por el que buscan que el Estado, como política, reubique geográficamente a los profesionales venezolanos para cubrir déficit en áreas específicas; la “escuela de soñadores” que es el proyecto por el que se ofrece formación de emprendedores; el centro de apoyo emocional y el “fondo de previsión social”, para que sean los mismos venezolanos quienes se den su propia seguridad social.

—De una u otra forma a la vuelta de 5 años comenzará a evidenciarse el acto positivo de la migración venezolana a este país —asegura Óscar Pérez—. Lo que fue de repente una decisión por sobrevivir, terminará viéndose en un modo de vida, de alto arraigo y definitivamente aportando mucho para el crecimiento y desarrollo económico del país.

Aunque, de acuerdo con Analí Briceño, César Ruiz y Cécile Blouin, pese a los esfuerzos de creación de redes de apoyo, sin voluntad del Estado, no podrá haber integración.

—Hasta ahora los venezolanos por la misma necesidad han tenido que reagruparse, reorganizarse para dar respuesta. Solos no vamos a poder, solos no van a poder ellos, solos no vamos a poder nosotros, es un tema que se debe afrontar con articulaciones: Estado, venezolanos, organizaciones y sociedad en general —dice César Ruiz.

—El problema es que cuando sociedad civil da servicios, es momentáneo: los recursos se acaban. Ahora ha sido un boom, y hubo interés en inyectar dinero para que organizaciones atiendan a la población venezolana, pero nada nos asegura que esto perdure en el tiempo, y vienen más crisis, vienen más cosas. Se tienen que pensar soluciones estructurales—asegura Cécile Blouin.

—La respuesta tiene que ser liderada por el Estado, porque en realidad nosotros podemos dar respuestas, pero no sistemáticas y mucho menos duraderas: tenemos que recurrir a las limitaciones de acceso a servicios.

Para la especialista del Idehpucp, el Estado lo que ha hecho es experimentar. Experimentó con el PTP y al no conocer consecuencias sobre la aplicación de este mecanismo novedoso, llegará el momento para observar si es que fue una respuesta efectiva. De hecho, cualquier acción que emprenda será para experimentar: el Perú no había sido antes un país de acogida de migrantes, sino emisor de población migrante.

A fines de agosto, el gobierno peruano empezó a exigir pasaporte a los venezolanos y venezolanas que entraran al país (Foto: Andina).

Analí Briceño opina que justo ahora es un buen momento para repensar la situación: más que como problema, como posibilidad.

César Ruiz y Cécile Blouin, desde sus experiencias, creen que la solución para cubrir los vacíos de políticas públicas para migrantes está en los programas sociales existentes: abrirlos sin requisito de nacionalidad.

—Si viene una población que deja todo, que no tiene dinero, que no tiene oportunidad de acceder a un trabajo e incluso el sistema social no los apoya, estamos generando mayor pobreza. Esta gente tiene que vivir, tiene que vivir de algo ¿Qué estamos promoviendo? —pregunta César—. En nuestro país se habla de que se están abriendo los brazos a esta población, pero sigue sin ser una población objetivo para que tenga acceso a los programas sociales y a derechos fundamentales: salud, educación, vivienda y trabajo.

Datos de la urgencia

El PTP, para quienes lograron tramitarlo, no les asegura el acceso a los derechos básicos, sino que da respaldo para que las personas sean contratadas de manera formal por empleadores. Lo que es un hecho es que la población venezolana recién llegada tiene un largo camino por recorrer para acceder a derechos fundamentales.

Analí Briceño opina que justo ahora es un buen momento para repensar la situación: más que como problema, como posibilidad.

Entrevistada para Memoria, la superintendenta nacional de Migraciones, Frieda Roxana del Águila Tuesta, da cuenta que el camino para tener acceso a salud, por ejemplo, como primer paso se debe solicitar el PTP, que tiene un costo de 41 soles con 90 céntimos, y una vigencia de 30 días. La del PTP es una inversión que se debe hacer a lo largo de un año: mes con mes. Luego del año de permanencia en el Perú, se debe tramitar la calidad migratoria especial de residente, que tiene un costo de 117 soles con sesenta céntimos, y una vigencia de un año: con este documento sí se puede acceder a los servicios de salud, pero para acceder a toda la gama de derechos falta un paso más: tramitar el carné de extranjería.

—A mí me han dicho [personas migrantes] que tienen detenido su proceso de tramitación de PTP por falta de dinero —dice Cécile, al respecto de la investigación que está trabajando ahora.

Es justo en este año, el 2018, en que más ha ingresado la población venezolana a Perú. De acuerdo con cifras de la Superintendencia Nacional de Migraciones, desde el 2016 comenzó a registrarse en los indicadores de ingresos y salidas de la población extranjera de nacionalidad venezolana, un saldo cercano a 10 mil personas que ya no salían del país. En 2017 se observó que estos 10 mil pasaron a ser 113 mil. Durante este año Perú ha llegado a recibir hasta 5 mil personas de nacionalidad venezolana en un día.

Con datos de la misma Superintendencia se sabe que a 132 mil 920 personas se les ha otorgado un PTP, y que están por imprimirse 155 mil 692 más, así como por entregarse otros 22 mil 772. En suma, 311 mil 384 personas de nacionalidad venezolana han tramitado su PTP.

El recorrido que la comunidad venezolana debe atravesar para llegar a Tumbes les toma más de una semana. (Foto: Noticiaaldia.com)

Dicho de otra forma, cerca de 278 mil migrantes venezolanos están en el país en condiciones de irregularidad: sin acceso a ciertos derechos fundamentales.

Para César Ruiz, las políticas públicas de acogida a migrantes hacen falta desde hace décadas.

—Lo que enfrenta la población migrante y refugiada venezolana en el país, no empezó con ellos y lo aseguro, no va a terminar con ellos— enfatiza.

¿Supervivencia o Resiliencia?

De acuerdo con publicaciones del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), la resiliencia implica “la capacidad de las personas para salir fortalecidas luego de situaciones severamente estresantes y acumulativas, en las que han estado en riesgo su integridad física y emocional. El término remite a capacidades que van más allá de hacer frente y adaptarse a las dificultades. Implica la capacidad de superarlas, ser transformado por ellas y reconstruirse”.

—Si bien es cierto que la inercia mayor es estar en búsqueda de oportunidades de sobrevivencia —opina Óscar Pérez—, no es menos cierto que ya muchos han comenzado un proceso fuerte de arraigo con el país: por lazos familiares, por lazos colectivos. Nuestro proceso de adaptación es sostenido.

—Es algo de las dos, supervivencia y resiliencia —afirma César Ruiz ante la pregunta ¿supervivencia o resiliencia? —, y es algo interesante porque otros grupos migrantes en el Perú no han logrado consolidarse en asociaciones que ahora vemos de venezolanos, y fuertes. No hay que dejar de lado que la recepción de esta cantidad de migrantes es algo insólito en el país.

Incluso con la formación de redes de apoyo y el trabajo de organizaciones no gubernamentales para atender a esta población migrante, las situaciones de estrés para la población venezolana se siguen acumulando: medios de comunicación, además de visibilizar la solidaridad de peruanos, han visibilizado también muestras de xenofobia que segregan a la población venezolana en actos de discriminación. Como sea, con ánimo bueno o malo Venezuela se está integrando al Perú y requiere de apertura y diálogo con las autoridades centrales.

—Hasta ahora la política migratoria sólo se ha pensado en temas de regulación de calidad migratoria —explica Blouin—, pero la política migratoria debería ver por todas las vertientes de toda una población: salud, trabajo, educación y vivienda. Lo que sigue después de obtener una regularización de la calidad migratoria.

Luis Raúl, el hombre de 60 años que abre la puerta en la casa de acogida Beato Juan Bautista Scalabrini, no tiene problemas con su edad y desearía que los contratistas tampoco lo tuvieran.

Cuenta que cuando se despidió de sus sobrinas, le dijeron: “tío, déjalos que te conozcan, cuando te conozcan y te contraten ellos serán los afortunados, no tú”. Luis asegura que como él los venezolanos aquí y los que están en camino son talentosos y se adaptarán pronto a Perú porque lo único que necesitan es trabajar.

¿Qué son 589 mil nacionales venezolanos en el Perú?, como el mismo Luis Raúl lo dijo: son Venezuela.

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