Edición N° 35 16/12/2021 Reportaje

El protector del bosque se siente solo

Jack Lo Lau

Por: Jack Lo Lau

Periodista.

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A Demetrio Pacheco, su lucha le ha servido para ser reconocido por organizaciones ambientalistas en Perú y el extranjero. Sin embargo, pasan los años y las mafias siguen golpeándolo donde más le duele. 

La mañana del 11 de septiembre de 2020 hallaron el cadáver de Roberto Carlos Pacheco Villanueva (34) recostado sobre su propia sangre. Le metieron una bala en la cabeza y otra en la cadera. Su padre, Demetrio, lo encontró y cuenta que se quedó helado de la impotencia. ¿Cómo le diría a su madre que su hijo menor no volvería a casa para el lonche?¿Cómo les diría a sus dos nietos que su padre ya no jugaría con ellos ni volvería a acompañarlos al colegio?¿Cómo sería la vida luego de esta tragedia?

 Desde el año 2012, Demetrio Pacheco y su familia venían siendo amenazados por mafias de traficantes de terrenos que ingresaban a su concesión forestal por todos los frentes. Por ello, hicieron siete denuncias contra la Asociación Los Hijos Ecológicos de Madre de Dios. Por tala ilegal y quema de bosque primario en su concesión. Por afectación al bosque por tala de árboles de castaña, considerada producto bandera de Madre de Dios. Por depredación de bosque secundario y destrucción de la regeneración del bosque. Por usurpación de derechos. En palabras sencillas, estos delincuentes hacían y hacen lo que quieren en este lugar. No obstante, ninguna de sus denuncias fueron escuchadas ni tomadas en cuenta por las autoridades.

Imagen de Roberto Carlos Pacheco Villanueva (34). La mañana del 11 de septiembre de 2020 su padre, Demetrio, encontró su cadáver.

 

En la concesión que administra la familia desde hace más de treinta años, hay árboles de mucho valor, como achiguas, misas, moenas, pashacos, tornillos y castañas de gran tamaño, pero, lamentablemente, estos vienen siendo quemados y tumbados sin que las autoridades hagan algo al respecto. Demetrio trabajaba incansablemente con Roberto Carlos para expulsarlos del bosque que administraban. Ya habían recibido golpes, apuntados con escopetas y recibido balas en las mesas de su campamento como advertencia. Las constantes denuncias realizadas en fiscalía, en las comisarías fueron ignoradas. 

Demetrio Pacheco es un defensor ambiental premiado y reconocido por innumerables organizaciones ambientalistas. Literalmente, le está dejando su vida al bosque amazónico. […] Allí, a tan solo una hora de Puerto Maldonado, su hijo menor dio sus últimos pasos con vida.” 

“Las autoridades apoyan a los que cometen el delito y no hacen caso a las denuncias. Esta mafia sigue amenazando, invadiendo y destruyendo todas las concesiones. Lo peor de todo es que luego ellos me denuncian e, inmediatamente, ahí está la policía y la fiscalía junto a los mafiosos. Nos denuncian como si nosotros estuviéramos cometiendo el delito. Han matado a mi hijo. Sabemos quiénes son. Tienen las pruebas, las hemos visto, pero ni así los cogen. Los detuvieron y a los días los dejaron ir. Siento mucha impotencia”, cuenta Demetrio Pacheco, quien ya no confía en la autoridad. 

Sin protección

Demetrio Pacheco es un defensor ambiental premiado y reconocido por innumerables organizaciones ambientalistas. Literalmente, le está dejando su vida al bosque amazónico. También es teniente gobernador de la Asociación de Productores Agropecuarios San Juan, vicepresidente del Comité de Gestión de la Reserva Nacional Tambopata y presidente de la Asociación de Concesiones Forestales de Reforestación de Madre de Dios. En la actualidad, administra y defiende esta Concesión Forestal para Reforestación de un poco más de 800 hectáreas, a la altura del kilómetro 70 de la Carretera Interoceánica. Allí, a tan solo una hora de Puerto Maldonado, su hijo menor dio sus últimos pasos con vida. 

Desde que mataron a Roberto, el Ministerio Público le brindó seguridad por las constantes amenazas que recibía. Sin embargo, eso duró tan solo unas semanas. “Pasaba la policía por la casa, nos tocaban la puerta, preguntaban si todo estaba bien y se iban. Sin embargo, eso fue al inicio, luego se olvidaron”, comenta Demetrio, quien ha desarrollado una paciencia de fraile. 

Demetrio Pacheco: “Esta mafia sigue amenazando, invadiendo y destruyendo todas las concesiones. Lo peor de todo es que luego ellos me denuncian e, inmediatamente, ahí está la policía y la fiscalía junto a los mafiosos. Nos denuncian como si nosotros estuviéramos cometiendo el delito”.

 

Según el informe Last line of defence de Global Witness, “la pandemia no detuvo las amenazas y asesinatos de defensores ambientales en el mundo. Por el contrario, el 2020 se registró como el peor año para quienes defienden el territorio, la naturaleza y los recursos naturales, con 227 ataques letales registrados en todo el mundo”. Uno de ellos fue Roberto Carlos Pacheco, por quien su familia sigue exigiendo justicia. En este 2021, se han registrado en Perú quince muertes de defensores ambientales. En ningún caso se han capturado a los culpables. 

“Yo sigo esperando. En enero debe de salir una resolución, que han venido pateando. Si no sale esta vez, lo llevo a la Corte Interamericana de Derechos Humanos y enjuicio al país. ¿Qué clase de justicia es esa? Esto no es justicia. Las evidencias están. Tenemos sus comunicaciones, la División de Investigación de Delitos de Alta Complejidad (Diviac) tiene toda la evidencia necesaria para pedir su prisión preventiva. En esta, hablan de que no hay cámaras en el bosque y pueden proceder con el plan. Comentan ahí que “está lista la semilla”. Tienen todo, pero la mafia en Madre de Dios es muy grande y está a todo nivel. Por algo ahora hay un par de fiscales relacionadas con mafias que están prófugas de la justicia”, declaró Demetrio Pacheco, cuya vida parece estar condenada a una lucha eterna. 

Más vacíos

Desde el día siguiente del asesinato de Roberto Carlos, su madre Edelmira Villanueva Jara revisa el periódico todas las mañanas esperando encontrar alguna noticia sobre la captura de los asesinos de su hijo. “Hoy tampoco salió nada”, fue la frase que repetía todos los días con un tono que poco a poco se iba apagando. “Ya los van a coger”, le respondía Demetrio, tratando de calmarla. Así, pasaron catorce meses con la misma rutina luego del desayuno hasta que Edelmira enfermó del estómago y tampoco volvería a casa. 

“La pena se la llevó. Nunca pudo superar el asesinato de nuestro hijo. No pudo con la impotencia de no encontrar justicia. La enterramos el 2 de noviembre”, me cuenta Pacheco con la tristeza por haber perdido a su compañera de los últimos casi 35 años y también la impotencia de un padre que tiene que resignarse a solo abrazar una de las fotos de su hijo. “La vida ya no es igual. La casa está vacía. Entro y no sé qué hacer”, dice Pacheco para luego quedarse en silencio durante un minuto detrás del teléfono. 

Los defensores ambientales están bastante vulnerables. Las respuestas y reacciones de las autoridades son muy pobres. Tienen que escuchar a estas personas que ya no saben qué hacer. Algunos ya se cansaron de luchar y han abandonado sus concesiones o han empezado a tranzar con las mafias, porque no les queda otra”. 

Ante esta impotente situación, su amigo Víctor Zambrano, presidente del Comité de Gestión de la Reserva Nacional Tambopata,  con quien desde hace años luchan para combatir las mafias en Madre de Dios, también pone el pecho. 

“Estamos permanentemente bajo presión, pero ¿qué puedo hacer?, ¿esconderme?, ¿desaparecer?, ¿renunciar al Comité de Gestión? Estamos decididos a seguir en la lucha y no vamos a bajar la guardia”, comentó Zambrano, quien también recuerda a su amigo Alfredo Ernesto Vracko Neuenschwander, un concesionario forestal y activista ambiental que se enfrentó a mineros ilegales que invadían su área a la altura del kilómetro 93 de la Interoceánica. A Vracko lo asesinaron en noviembre de 2015, a 25 kilómetros de donde encontraron a Roberto Carlos. Tampoco encuentran a los culpables. 

“El estado de derecho está al revés, no ayuda al ciudadano. Cuando los ilegales denuncian a los concesionarios, las autoridades corren inmediatamente a constatar el supuesto delito. Cuando los concesionarios denuncian, el papel se lo termina llevando el viento. Sentimos frustración por las cosas que están pasando, pero no tenemos a dónde más ir. La lucha continúa firme”, sentencia Víctor Zambrano, quien tiene la primera Área de Conservación Privada (ACP) de Madre de Dios,bautizada con el nombre de su hija K’erenda. En este predio, ha plantado más de 20000 árboles, convirtiendo en un frondoso bosque lo que era un pastizal. 

“Los defensores ambientales están bastante vulnerables. Las respuestas y reacciones de las autoridades son muy pobres. Tienen que escuchar a estas personas que ya no saben qué hacer. Algunos ya se cansaron de luchar y han abandonado sus concesiones o han empezado a tranzar con las mafias, porque no les queda otra”, dice Eddy Peña, ingeniero agrónomo, especialista en conservación y comunidades nativas y parte del equipo técnico de la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental (SPDA) en Madre de Dios. 

El 10 de diciembre de 2021 se celebró el Día Internacional de los Derechos Humanos. Para conmemorar ese día, la organización Generación Verde en cooperación con Oxfam, Actúa.pe y la Unión Europea presentaron un mural en honor a Roberto Carlos Pacheco pintado en la fachada del Colegio Faustino Maldonado de Puerto Maldonado. Un homenaje a la lucha de este padre de familia, cuyo único deseo era dejar un mejor lugar para sus hijos. Luego de la ceremonia, Demetrio Pacheco declaró: “no me voy a detener. Ni en la protección de los bosques amazónicos ni en la búsqueda de justicia para mi hijo”. 

En la imagen aparece Lucio Pascual Yumanga, quien junto a otros cuatro comuneros fueron asesinados en el distrito de Puerto Bermúdez en Pasco. Lucio era el líder de la Comunidad Nativa la Paz de Pucharine, perteneciente a la etnia asháninka, quienes venían siendo amenazados desde hace varios meses por mafias. 

¿Un escaso Escazú?

El 20 de octubre de 2020, tras un poco más de un mes del asesinato de Roberto Carlos Pacheco Villanueva, Perú tuvo la oportunidad de ratificar el Acuerdo de Escazú. Este tratado internacional ayudaría a fortalecer los mecanismos de protección y supervisión de los derechos ambientales y humanos. Sin embargo, el congreso anterior decidió no ratificarlo debido a presiones de gremios empresariales y políticos. Como lo señala la ONG Cooperacción, los congresistas argumentaron que el acuerdo “ponía en riesgo la soberanía” o que “perderíamos jurisdicción sobre la Amazonía”. Respuestas muy criticadas  por la sociedad civil. 

Doce países ratificaron el Acuerdo: Antigua y Barbuda, Argentina, Bolivia, Ecuador, Guyana, México, Nicaragua, Panamá, San Vicente y las Granadinas, Saint Kitts y Nevis, Santa Lucía y Uruguay. 

Más asesinatos

La Comunidad Nativa la Paz de Pucharine, perteneciente a la etnia asháninka, venía siendo amenazada desde hace varios meses por mafias que buscan ingresar a la Zona de Amortiguamiento de la Reserva Comunal El Sira. Hasta que el 5 de diciembre de 2021, su líder, Lucio Pascual Yumanga, y cuatro comuneros, Beri Yumanga Shario, Abdías Pascual Yumanga, Javier Pascual Marincana y Yosner Pascual Canchivo, fueron asesinados en el distrito de Puerto Bermúdez en Pasco. 

“La inseguridad territorial de las comunidades nativas, la discriminación de las autoridades policiales y judiciales contra los pueblos indígenas, la corrupción generalizada y la débil presencia del Estado para controlar las actividades ilegales afectan nuestra paz”, expresó Berlín Diquez, presidente de la Organización Regional Aidasep Ucayali (ORAU), al diario La República.