Edición N° 40 02/10/2023 Reflexiones

Los 20 años del Informe Final de la CVR y el camino que nos falta por recorrer como sociedad

Rolando Ames

Por: Rolando Ames

Politólogo, docente PUPC y excomisionado de la CVR

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Reflexiones realizadas el 31 de agosto de 2023 por Rolando Ames, politólogo y docente de la PUCP, en la mesa de discusión «A veinte años de la CVR. Reflexiones de científicos/as sociales» 

 

En estas reuniones 20 años después del Informe Final de la CVR quienes fuimos comisionados o trabajamos para ella hemos sentido espontánea y fuerte la sensación que una recomendación básica de nuestro trabajo no ha tenido el impacto al que apuntábamos: Me refiero a la de educar  a partir de la sensibilidad humana de cada grupo o persona haciendo compatible la obediencia a la ley justa con la necesidad del cambio social constante en países como el Perú. Países que somos poscoloniales. Esta combinación sigue siendo poco frecuente, la humanidad no camina en esa dirección y este es un reto en medio del cual seguimos viviendo. Pero es también cierto que esa aspiración parece estar siempre presente como aspiración por desarrollar.

Rolando Ames exponiendo sus ideas en la mesa de discusión «A veinte años de la CVR. reflexiones de científicas/os sociales».

Lo que nosotros hicimos hace ya dos décadas fue entrar en un camino que ya se había empezado cuando los pueblos que sufrieron más la violencia senderista y la represión indiscriminada del Estado reaccionaron reclamando a la vez no violencia, pero también justicia social. Cuando Sendero Luminosa comienza esa violencia, los primeros en protestar contra ella fueron los familiares de las víctimas, la gente del lugar.

Tenía un entrañable amigo ayacuchano que alguna vez me dijo: «Rolando, le tenemos más miedo al Estado porque no nos conoce. La posibilidad de que nos detengan arbitrariamente es mucho más probable viniendo de ellos. Porque Sendero conoce más a la gente de aquí. Y, además, nosotros sabemos cuidarnos de ellos. Sabemos que si no nos metemos con ellos, no nos va a pasar nada». Las comisiones de la verdad se sitúan en medio de este proceso violento, y la labor que se les encarga es tratar de entender tanto las causas como comprender y comunicar, quiénes fueron los responsables políticos. Mostrar con rigor como eran las acciones    tanto por parte del terrorismo como por parte del Estado. Es un trabajo de análisis que se da en medio de esta complejidad. Hoy y en el caso de la Comisión de la Verdad peruana se da en medio de la conciencia de que no podemos mirarla como un hecho del pasado.

Es genial celebrar los veinte años, pero es indispensable entender que este es un momento de un camino que continúa”


Es genial celebrar los veinte años, pero es indispensable entender que este es un momento de un camino que continúa, y no solo porque hubo o haya violencia represiva en este momento, sino porque este Perú, tan complejo y tan escindido, es una invitación permanente no solo al dolor, al sufrimiento y a la denuncia, sino también a la creatividad, a superar esas marcas históricas y a seguir adelante; y, por eso, al ver a los jóvenes, lo que siento, con esperanza y con un poco también de alegría, es que ese trabajo que hicimos sigue, continúa y va a continuar. Ustedes, los jóvenes, tienen mayores posibilidades que nosotros de combinar las ciencias sociales con el compromiso con la verdad, con la sensibilidad humana y la cercanía a las víctimas.

Nosotros fuimos en cierto sentido unos privilegiados. La Comisión de la Verdad se creó en el 2001, cuando la expectativa de que el Perú empezaba un camino democrático era muy grande. Sendero y el MRTA tenían a sus líderes detenidos hacía tiempo. Fujimori había salido del país y entró un Gobierno impecable, democrático, que buscó organizar una transición limpia, entonces nosotros pudimos hacer este trabajo. Efectivamente, las comisiones de la verdad son organismos peculiares, porque se crean después de conflictos violentos mortales, donde han quedado las huellas de dolor, sufrimiento, injusticia, frustración, pero se crean con la dificilísima misión de sanar, buscar, comprender por qué ocurrió eso y corregir las causas. Entonces, si uno lo mirara de lejos diría que es un trabajo hermoso, porque se trata de corregir, de rectificar para nunca más repetir. La misión no puede ser más noble, no puede ser mejor. Sin embargo, sabemos, por ejemplo, que el racismo forma parte del aire que respiramos y, muchas veces, de nuestras propias conductas.

Las comisiones de la verdad son un mecanismo complejo, y cuando nosotros empezamos este trabajo, teníamos la precedencia de comisiones de la verdad en Argentina, Chile, El Salvador y la conciencia entonces más pacifista en países del norte que habían vivido la violencia nazi, fascista. Incluso hay algunos países donde se educa allá, la conciencia de que con las conquistas violentas y la colonización había empezado el maltrato de un país sobre otro, de una raza sobre otra. Hemos escuchado a un embajador de un país europeo que nos invitó a algunos ex Comisionados hace poco y nos dijo literalmente eso: «Queremos ayudar porque sabemos que nosotros empezamos la violencia colonial», y esa está en el origen de las de ustedes.

La pregunta muy ambiciosa y «con segunda» de Mario Vargas Llosa «¿cuándo se jodió el Perú?» nos ha proporcionado un real tema de reflexión. Es evidente que en la conciencia de las diferentes clases, grupos, regiones hay visiones muy distintas de nuestra historia, y por eso es urgente trabajar estos temas. Siempre se puede avanzar porque hay nuevos elementos para comprender el pasado.

Creo que trabajamos muy duro, le pusimos mucho corazón y lo hicimos lo mejor que pudimos. No fuimos solo un equipo que estaba calificado, sino que en ese momento tuvimos, sin duda, un respaldo muy grande de instituciones de derechos humanos, pero también de la academia. Veo a Martín Tanaka aquí presente en una consulta que hicimos entonces, en vísperas a la entrega del informe, tratando de recoger reacciones con Julio Cotler también allí. Y a este último maldiciéndonos y diciéndonos: «¿Por qué diablos se han tenido que pelear ustedes con todo el mundo? ¿Por qué se metieron con los partidos políticos?». Y nosotros respondiendo con nuestro decreto supremo de creación, porque esa pregunta nos la hacía todo el mundo. Las Comisiones de la Verdad trabajan de acuerdo al encargo legal que les hace un Gobierno.

¿Fracasó la Comisión de la Verdad? No fracasó, pero evidentemente su Informe Final fue dejado de lado”


Es interesante seguir la capacidad de una sociedad para destruirse y maltratarse como lo sigue haciendo, pero también la energía para reaccionar y decir «No debemos hacerlo nunca más». Y no éramos farsantes cuando lo decíamos; no lo decíamos superficialmente; le pusimos el alma a eso. Y, sin embargo, ahora, desgraciadamente, como analistas no nos sorprende que el racismo continúe. Nos obliga a reconocer que esas causas profundas, esos procesos de largo plazo, no se corrigen en el corto plazo. Entonces, ¿fracasó la Comisión de la Verdad? No fracasó, pero evidentemente su Informe Final fue dejado de lado. Se pasó por encima de este como se pasa por encima de la vida de tanta gente que no tiene para defenderse. Pero podemos regresar al mismo punto, hay más conciencia, más información. Entonces, para mí, lo más interesante de esta celebración de los veinte años es que la hemos sentido como un aliento para continuar y como un reconocimiento de que este trabajo fue útil.

Foto final de la mesa de discusión «A veinte años de la CVR. Reflexiones de científicas/os sociales». De izquierda a derecha se encuentran Carlos Aramburú, Rolando Ames, Inés Olivera, Sofía Macher, Iris Jave y Mónica Calderón.

Diría que quizá el reto es que las ciencias sociales, que hoy tienen muchos más recursos técnicos para conocer los hechos, sean rigurosas no solo para conocer lo actual e inmediato sino para comprenderlo dentro de los procesos de larga duración. El sentido de la vida social no se puede agotar en registrar solamente hechos. Sin registrarlos con rigor se abre paso a juicios afectivos, iras, pasiones que no construyen. Pero la tarea de ser rigurosos con los hechos, no debe hacer olvidar que hay que ubicarlos en su contexto histórico. Esto es fundamental.

Entonces, uno debe estar ubicado en los conflictos históricos de su tiempo. La vida es mucho más interesante cuando la vivimos de forma abierta a lo social y no encerrados en el individualismo inmediato.

Que les vaya bien en sus trabajos y que, dentro de veinte años, las ciencias sociales de esta universidad tengan más motivos para celebrar no solo lo que pudieron lograr, sino el que aportaran a que haya un poco más de respeto mutuo, un poco más de apertura y de superación de estos ímpetus primarios de odio y de racismo que estamos viviendo ahora en el Perú.