20/09/2022

El derecho a aprender

Por: Carla Gamberini Coz (*)

La educación de calidad es un derecho y es el Objetivo de Desarrollo Sostenible No 4 que el Perú se ha comprometido a cumplir hacia el 2030. Se debe entender que la educación de calidad no implica sólo que los niños, niñas y adolescentes accedan a las escuelas, sino también que aprendan tanto matemáticas y comunicación como las habilidades básicas para analizar críticamente una noticia y para trabajar en equipo en sus futuros ambientes laborales. Hoy en el Perú más del 80% de estudiantes de secundaria y cerca del 65% en primaria no logran los aprendizajes esperados para su edad.

De acuerdo al Estudio Virtual de Aprendizajes (EVA) realizado por el Minedu a más de 30,000 estudiantes entre noviembre y diciembre del 2021, enfrentamos una crisis de aprendizajes nunca antes vista. En secundaria, los aprendizajes en lectura han caído 16 puntos y en matemáticas cayeron 13 puntos en solo dos años. Si lo comparamos con cifras anteriores entenderemos por qué es alarmante. Entre 2015 y 2019 la tendencia era de un crecimiento anual de 0,3 puntos en lectura y de 9,7 puntos en matemáticas. En el caso de primaria, solo un tercio de los estudiantes beneficiarios de las tablets lograron los aprendizajes esperados en matemática y lectura.

En cuanto a las habilidades socioemocionales, solo 1 de cada 10 estudiantes controla sus emociones (autoeficacia emocional) y solo 2 de cada 10 estudiantes tiene facilidad para hacer amigos y/o expresar sus opiniones (autoeficacia social). Asimismo, se evidenció que en familias donde se ha encontrado mayor empatía, mayor calidad en las relaciones y menor tolerancia al castigo físico, el desarrollo de las habilidades socioemocionales es más alto.

“[Se necesita] invertir en programas focalizados para remediar las pérdidas de aprendizajes fundamentales como matemáticas, lectura y ciencias. No son los únicos relevantes, pero sí las bases para poder desarrollar otras competencias.”

Estas cifras ponen evidencia el impacto altamente negativo que el prolongado cierre de escuelas ha tenido (lo cual ya habíamos alertado algunos especialistas desde el 2020). Cabe resaltar que las y los estudiantes más afectados son quienes viven en zonas rurales; y, que las niñas pueden haberse visto más afectadas que los niños pues ellas asumieron mayores responsabilidades en el hogar.

¿Qué se necesita priorizar en las escuelas hoy? Primero, invertir en programas focalizados para remediar las pérdidas de aprendizajes fundamentales como matemáticas, lectura y ciencias. No son los únicos relevantes, pero sí las bases para poder desarrollar otras competencias. Cada escuela debe tomar una prueba diagnóstica a todas y todos sus estudiantes (la mayoría de escuelas ya lo hicieron) para luego atender las necesidades diagnosticadas. Se necesita proveer a las y los docentes de recursos para trabajar de manera diferenciada con cada estudiante. Por ejemplo, las plataformas digitales que fomentan el aprendizaje personalizado son muy útiles para que cada estudiante pueda avanzar a su propio ritmo. Y ayudan que las y los docentes puedan monitorear el progreso de sus estudiantes de manera fácil y rápida.

Segundo, fortalecer las habilidades socioemocionales de los y las estudiantes. Hasta hace muy pocos años sólo las horas de tutoría se enfocaban en el bienestar socioemocional; sin embargo, este foco debe constituir un objetivo específico de todas las actividades de aprendizaje. Por ejemplo, en las horas de matemáticas se puede fortalecer la competencia de autoeficacia emocional y de disposición empática promoviendo el trabajo colaborativo y monitoreando cómo se desarrollan las dinámicas entre estudiantes. A la vez que, en historia puedo enseñar sobre resiliencia y toma de decisiones analizando un contexto específico de nuestro pasado.

Tercero, hacer parte activa a las familias. La educación a distancia abrió la puerta a un involucramiento mayor de padres y madres en los aprendizajes de sus hijos. No perdamos eso ahora que volvimos a las escuelas. Especialmente porque el EVA 2021 evidenció que mientras mejor sea la relación familiar, más fortalecidos están las y los estudiantes. Por ejemplo, hay que potenciar las escuelas de padres.

Por último, y lo más importante, se necesita fortalecer a las y los docentes. Los tres puntos anteriores solo se logran con docentes que lideren dichos procesos para lo que necesitan formación adecuada y recursos para enseñar. Por ejemplo, hoy las y los docentes tienen que implementar estrategias de aprendizaje híbrido así que necesitan estrategias de planificación y evaluación; dispositivos; plataformas digitales; entre otros. También tienen que fortalecer a estudiantes y familias en resiliencia y pensamiento crítico así que necesitan espacios de formación y herramientas para lograrlo. El EVA 2021 identificó que contar con docentes que se autoperciben con mayores destrezas para enseñar se vincula a lograr mejores resultados de aprendizajes en estudiantes.

En conclusión, el derecho a aprender implica garantizar educación de calidad para todas y todos. En el contexto alarmante que vivimos en el Perú, son cuatro los factores urgentes para empezar a garantizarla: remediar las pérdidas de aprendizajes; fortalecer las habilidades socioemocionales; trabajar con familias y, lo más importante, fortalecer a las y los docentes.

(*) CEO y cofundadora de MásEducaciónPe. Master en Educación y Desarrollo Internacional

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