Por Kathy Subirana Abanto (*)
En un escenario atravesado por desigualdades estructurales y violencias persistentes contra las diversidades sexuales y de género, los entornos digitales se han convertido en un espacio de disputa para los activismos LGBTI+ en el Perú y América Latina. En este marco, el viernes 30 de enero se presentó el informe “Transformación digital en disputa: Apropiación tecnológica y activismos LGBTI+ en el Perú”, una investigación desarrollada por Hiperderecho entre 2024 y 2025, como parte del proyecto Transformación Digital para Todes.
La presentación del informe se concibió no solo como la difusión de una investigación, sino también como un espacio de reflexión política sobre cómo las personas y colectivas LGBTI+ habitan, resisten y transforman Internet en contextos de precariedad, riesgo y exclusión. El estudio dialoga directamente con los objetivos de “Transformación Digital para Todes” (TDT), una iniciativa de Hiperderecho que investiga y actúa desde la pregunta: ¿cómo viven las personas LGBTI en el Perú la expansión de las tecnologías digitales y cómo construyen, desde allí, formas de cuidado, comunidad y resistencia?
Internet como territorio en disputa
TDT apuesta por mirar el espacio digital como un espacio político y no como una infraestructura neutral. En los espacios digitales persisten violencias cisheteronormativas, mecanismos de exclusión y desigualdades de acceso; pero también emergen redes de soporte, memorias de resistencia digital y horizontes colectivos de transformación construidos por personas y activistas LGBTI+.
Bajo este enfoque, el informe “Transformación digital en disputa” analiza la apropiación tecnológica del movimiento LGBTI+ en el Perú entre 2017 y 2023. El periodo estudiado concentra hitos normativos vinculados a la transformación digital del Estado y una intensificación del uso de tecnologías tras la pandemia, en un país que aún carece de una Ley de Identidad de Género y mantiene marcos legales que reproducen la discriminación estructural.
La investigación fue desarrollada de manera colaborativa con ocho organizaciones y colectivas LGBTI+ de cinco macrorregiones del país, entre ellas Moshikas Diversas, Diversidad Wanka y el Movimiento Homosexual de Lima (MHOL). Esta diversidad territorial y organizativa permite dar cuenta de experiencias situadas, atravesadas por desigualdades de conectividad, barreras económicas y contextos de violencia diferenciados.
El informe adopta un enfoque multinivel que articula tres escalas de análisis. En el nivel macro, examina los marcos normativos estatales de la transformación digital, evidenciando cómo las políticas de gobierno digital incorporan de manera limitada el enfoque de género y omiten un abordaje específico de la diversidad sexual. La vinculación de la identidad digital al Documento Nacional de Identidad, por ejemplo, corre el riesgo de reforzar la exclusión histórica de personas trans, intersex y no binarias al no reconocer su nombre social.
En el nivel meso, el estudio analiza las condiciones socioeconómicas e institucionales que median la apropiación tecnológica. Las colectivas LGBTI enfrentan conectividad inestable en zonas andinas y amazónicas, dificultades de asequibilidad y una relación tensa con el Estado digital, marcada por la invisibilización demográfica, la baja participación en el diseño de políticas y la desconfianza en el resguardo de datos personales. En contraste, las plataformas privadas suelen ofrecer mayor flexibilidad para el reconocimiento identitario, aunque también reproducen dinámicas de vigilancia y violencia.
El nivel micro recupera las experiencias cotidianas de activistas LGBTI y muestra cómo la apropiación digital se construye en una tensión constante entre la afirmación identitaria, la visibilidad política y la necesidad de cuidado y seguridad. La violencia digital —acoso, difamación, hackeo o doxxing— aparece de forma permanente, y frente a ella se desarrollan estrategias colectivas de autoprotección y gestión del riesgo.
Prácticas de resistencia digital
Uno de los aportes centrales del informe es que se aleja de una mirada tecno utópica. La apropiación digital no se presenta como un proceso idealizado ni como una simple oportunidad, sino como una necesidad estructural para la supervivencia organizativa del activismo LGBTI, especialmente en contextos donde los espacios presenciales son limitados o inseguros.
Las colectivas desarrollan prácticas de apropiación adaptada que incluyen la creación de campañas digitales, archivos de memoria, espacios virtuales de formación y redes de cuidado comunitario. Estas prácticas dialogan directamente con los objetivos de TDT, que se concibe como una plataforma viva en permanente construcción, orientada a reunir investigación, memoria colectiva y herramientas prácticas para fortalecer las estrategias digitales del activismo LGBTI
Desde esta perspectiva, el informe contribuye a los debates regionales sobre derechos humanos digitales, desigualdad e inclusión tecnológica, y busca generar insumos para políticas públicas más sensibles a las realidades de poblaciones históricamente marginadas.
Durante el evento de presentación Martín Jaime, coordinador de la Maestría de Género de la UNMSM, destacó el valor del trabajo que supuso la elaboración del informe “Transformación digital en disputa: Apropiación tecnológica y activismos LGBTI+ en el Perú”, pues recupera el papel de lo digital en la conformación de culturas, afectos y activismos LGBTI, una dimensión históricamente relegada en la investigación académica. Al recordar los primeros espacios de encuentro virtual de los años noventa, subrayó que Internet ha sido, desde hace décadas, un elemento central de interacción política y comunitaria para las disidencias sexuales y de género.
Además, Martín Jaime resaltó que el informe permite comprender la apropiación digital como una estrategia situada, atravesada por violencia estructural, pobreza y exclusión, pero también por agencia y creatividad colectiva. Lejos de romantizar lo digital, la investigación —señaló— ayuda a pensar las condiciones sociales que hacen posibles estas apropiaciones y a preguntarse por sus efectos reales en contextos cada vez más adversos para los derechos humanos.
(*)Periodista. Responsable de prensa del IDEHPUCP.



