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Notas informativas 25 de marzo de 2025

Por Laura Rivera (*)

¿Puede la memoria impedir que se repitan las tragedias del pasado? Esta fue una de las preguntas que guio el conversatorio «Museología de memorias traumáticas ante los desafíos actuales: los casos de Brasil y Argentina» realizado en el IDEHPUCP el 21 de marzo y en el que participó como expositora la museóloga brasileña Ana Paula Brito.

Brito, experta en museología de memorias traumáticas, abordó en su disertación el rol de los espacios de memoria en la defensa de la democracia y los derechos humanos en América Latina, poniendo como ejemplos la situación actual en Brasil y Argentina. Su reflexión, sin embargo, resuena en el Perú, donde, en febrero de este año, se destituyó al director del Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social (LUM) y se suspendieron todas sus actividades culturales.

“Cuando hablamos de memorias traumáticas, dejemos la neutralidad para los jabones de los bebés. No hay cómo hablar de neutralidad cuando hablamos de derechos humanos y democracia”, expresó Brito. Con esta frase contundente, la especialista subrayó que los espacios de memoria no pueden ser imparciales ante las violaciones a los derechos humanos.

Memoria en disputa: los casos de Brasil y Argentina

Brito explicó que, aunque la memoria no es suficiente para evitar que la violencia se repita, sí es una herramienta fundamental para fortalecer la democracia. Mirar las realidades de los conflictos y continuar hablando de esos temas en el presente es fundamental.

En Brasil, el intento de golpe del 8 de enero de 2023 evidenció que un sector importante de la población estaba dispuesto a arriesgarlo todo para derrocar al gobierno democrático. “No eran personas locas ni alienadas, eran personas conscientes de sus acciones”, señaló Brito. Como respuesta a este intento de golpe, el gobierno de Lula da Silva anunció la creación de un Museo de la Democracia, un lugar donde se hablaría de democracia en un sentido más amplio. Sin embargo, el mismo presidente canceló los actos conmemorativos del 60 aniversario del golpe militar en su país, porque “no debemos detenernos en el pasado”.

En Argentina, un país que es referente internacional en cuanto a políticas de memoria, la situación también es alarmante. Javier Milei ha adoptado una estrategia distinta a simplemente cerrar sitios de memoria: modificar la narrativa de lo que se cuenta en ellos.

“Las estrategias de patrimonialización, de memorización y de musealización no solo las aplican defensores de derechos humanos. Ahora los violadores de derechos humanos también lo hacen”, advirtió Brito.

El gobierno de Milei ha reducido drásticamente el presupuesto de espacios como el Archivo Nacional de la Memoria y la Muestra Permanente Museo de Sitio ESMA. Además, ha negado la cifra de 30 mil desaparecidos durante la dictadura militar argentina.

Brito, asimismo, comentó su experiencia en el XV Seminario Internacional de Políticas Públicas de Memoria realizado en Argentina el año pasado. El secretario de Derechos Humanos del gobierno de Milei, Alberto Baños, ordenó el cierre de este encuentro apenas en su segundo día de actividad, una clara muestra de la intención del gobierno de silenciar el debate sobre la memoria histórica.

Perú y el riesgo del olvido

El caso peruano no es ajeno a esta disputa. La reciente destitución del director del LUM y la cancelación de todas sus actividades culturales generan preocupación sobre el futuro de la memoria en el país.

Gisela Ortiz, familiar de una de las víctimas del Caso La Cantuta y activista por los derechos humanos, estuvo presente en el conversatorio y compartió su testimonio. Sus palabras reflejan la frustración de quienes llevan décadas luchando por verdad y justicia:

«La memoria, lamentablemente, no frena esas futuras violaciones de derechos humanos. La memoria no está amarrada con ese ‘nunca más’ que quisiéramos y que de alguna manera nos motivó desde el inicio”, expresa.

La lucha de los familiares no es solo por recordar, sino por exigir justicia, encontrar a los desaparecidos y garantizar que el Estado cumpla con las reparaciones a las víctimas. También enfatizó la importancia de que los espacios de memoria narren los testimonios de quienes sufrieron directamente la violencia, para que la sociedad comprenda la magnitud del daño causado. «Puede ser doloroso, incluso morboso, pero no hay otra manera de entender lo que significa la violación de los derechos humanos», afirmó.

Con dolor, Gisela Ortiz reconoció que la violencia y la impunidad persisten en el país y expresó una inquietud que acompaña a muchas víctimas: “Nos duele que las cosas no cambien. Siempre nos preguntamos si, después de todo este tiempo, hicimos lo suficiente”.

Las palabras de Ortiz resuenan con la reflexión final de Brito, quien citó al pedagogo brasileño Paulo Freire para recordar que la esperanza no es un estado de espera, sino una acción constante:

«Es necesario tener esperanza, pero tener esperanza del verbo esperar. Porque hay gente que espera del verbo esperar y la esperanza en el verbo esperar no es esperanza, es espera. La esperanza se levanta, la esperanza va tras ella, la esperanza se construye. La esperanza no se rinde. La esperanza es avanzar. La esperanza es unirse con otros para hacer algo más”.

Revive el conversatorio completo aquí:

(*) Prensa IDEHPUCP.