Por Mariella Villasante (*)
El 18 de agosto de 1993 una horda de atacantes llegó a la comunidad nomatsiguenga de Tahuantinsuyo (Mazamari, Satipo), y asesinó a 21 personas con hachas, cuchillos, piedras y palos. Los agresores perpetraron actos de barbarie inaudita como la mutilación de 9 adultos y a 12 niños, la violación sexual de muchas mujeres y el asesinato despiadado de todos los que estaban en sus casas. Hasta hoy no se ha determinado la identidad de los agresores, pero sabemos que eran campesinos andinos y algunos nativos que vivían en pueblos vecinos. Hubo algunos sobrevivientes de esta masacre, sobre todo niños. Hermías Delgado Inga tenía 8 años cuando ocurrieron los hechos; recogí su primer testimonio en 2012 en el marco de mi investigación antropológica sobre la guerra interna en la selva central. El mismo día, los atacantes habían masacrado igualmente a 51 colonos andinos de los poblados vecinos, en el valle de Tsiriari (Monterrico, San Isidro, Sol de Oro, Unión Cubaro, San Francisco de Cubaro y Santa Isabel). Sus restos fueron trasladados a Mazamari y luego fueron enterrados por sus familiares en el cementerio de la ciudad. En total hubo 72 muertos, 56 adultos y 16 niños.
La Comisión de la Verdad y la Reconciliación, que presentó su Informe Final hace 22 años, hizo una investigación en profundidad del caso de Tahuantinsuyo (Tomo V: 178-180; Tomo VI: 488- 489; la reconstrucción de los hechos y las investigaciones en justicia se presenta en el Tomo VII: 496-505). La CVR recogió́ 15 testimonios sobre la masacre. A partir de esos valiosos datos empecé mis investigaciones sobre los hechos con la colaboración de Luzmila Chiricente Mahuanca (dirigente nacional ashaninka, miembro del Consejo de reparaciones) y de Hermías Delgado. El caso ha sido examinado en detalle en mi libro Violencia política en la selva central (Villasante 2019[1]: 411-429).
En julio de 2014, visité la comunidad con Hermías, quien no regresaba desde hacía varios años, pues el dolor del recuerdo de la masacre que casi le cuesta la vida era todavía muy fuerte para hacerlo. En la masacre habían fallecido su madre, Emma Inga Mahuanca, su padre, Juan Delgado Quintimari, y su hermano José. Sobrevivieron junto con él cuatro hermanos (Violeta, Hilaria, Elba y Ángel). Pude constatar que los muertos habían sido enterrados en fosas comunes a la entrada de la comunidad, algo insólito en territorios nativos, pues, según las costumbres antiguas, los muertos deben ser enterrados en los cerros cercanos, donde habitan los espíritus benéficos. Ello no fue posible en Tahuantinsuyo porque los militares que llegaron después de la masacre ordenaron a los pobladores, que habían huido al monte, enterrar a los muertos de inmediato frente a la explanada donde habían sido asesinados.
Desde entonces nadie se atrevió a mover los restos mortales del lugar, en el que se colocaron algunas cruces de madera (Villasante, Boletín del IDEHPUCP, 18 de agosto de 2014[2]).
El alcalde de Mazamari Walter Escriba Cuba (2015-2018) donó una placa conmemorativa con los nombres de las 21 personas asesinadas en Tahuantinsuyo. Desde entonces, cada 18 de agosto se realiza una ceremonia recordatoria de los hechos con la participación de todos los comuneros.

En noviembre de 2019, tuve el honor de presentar este caso emblemático de la guerra interna en la sede de la Dirección General de Búsqueda de Personas Desaparecidas (DGBPD) y propuse que se realice una investigación forense con el fin de identificar a las personas fallecidas y proveer un entierro digno, como lo estipula el protocolo de trabajo de esta importante entidad del MINJUS. El 29 de noviembre de 2019, dos personas del equipo de la DGBPD de Huancayo, a Katya Valladares (arqueóloga forense, Registro e investigación forense) y Carol Baca (psicóloga, Atención y acompañamiento), realizaron la primera visita a la comunidad de Tahuantinsuyo, y pudimos acompañarlas junto con Hermías Delgado (Villasante, Boletín del IDEHPUCP, 28 de enero de 2020[3]).
Ulteriormente, las labores forenses fueron asumidas por Raúl Greenwich. En noviembre de 2022, R. Greenwich, Rosalucía Sánchez y Luzmila Chiricente visitaron Tahuantinsuyo para conversar con los familiares de los fallecidos, que confirmaron su interés por continuar el proceso de identificación y restitución. Se pudo determinar que existen tres fosas donde los militares habían ordenado enterrar por separado a los hombres, a las mujeres y a los niños. En total 20 personas fueron enterradas en Tahuantinsuyo, y la niña Hilda Shumpate Inga (10 años en 1993) estaría enterrada en el cementerio de Mazamari junto con otras víctimas (Villasante, Boletín del IDEHPUCP, 4 de septiembre de 2023[4]). Los avances del equipo de la DGBPD en Satipo y en Tahuantinsuyo han sido explicitados en una entrevista que hice a Raúl Greenwich en octubre de 2022 (Villasante, Revista Ideele N° 307, diciembre de 2022[5]).
Después de diversas gestione y diligencias realizadas desde el 2019, la exhumación de restos se realizó en dos etapas, en mayo y en agosto de 2024. Los pobladores no se acercaron a las fosas por temor a contraer enfermedades. De hecho, los Nomatsiguenga, como los Ashaninka, temen la proximidad de los muertos, sobre todo aquellos que fallecieron de “mala muerte”, asesinados. Sus espíritus no encuentran la paz para alejarse hacia otras esferas del cosmos y pueden causar mal a los seres vivientes. El entierro es considerado como la única posibilidad de las almas de alcanzar la paz definitiva (Villasante, con la colaboración de R. Greenwich, Boletín del IDEHPUCP, 5 de noviembre de 2024[6]).
Los otros miembros del equipo de la DGBPD de Junín son Carol Baca, Rosalucía Sánchez (socióloga, Registro e investigación forense), y Celinda Salas (asistenta social, Atención y acompañamiento), que desempeñaron una extraordinaria labor en Tahuantinsuyo y en todos los otros lugares que sufrieron de la violencia política en el departamento de Junín (Villasante, Boletín del IDEHPUCP, 8 de setiembre de 2020[7]).
Luego de los quehaceres de identificación de los restos mortales, entre 2021 y 2024, la DGBPD y la Fiscalía especializada en derechos humanos de la selva central han cumplido con la devolución a los familiares los días 17 y 18 de agosto de 2025.
El proceso de identificación y el apoyo de los familiares de las víctimas
Al inicio de las labores de identificación, los pobladores de Tahuantinsuyo se mostraron algo desconfiados pues desconocían el protocolo de la DGBPD y del Equipo Forense Especializado (EFE, Ministerio Público). No obstante, las charlas informativas de los miembros de ambas instituciones ayudaron a disipar las dudas. Entre otras cosas, se explicó la importancia de identificar a los fallecidos para que sean declarados legalmente muertos con un acta de defunción oficial.
El antiguo jefe de la comunidad, Eduardo Asencios Chiricente, propició el respaldo de la comunidad, que participó activamente en la identificación positiva de los cuerpos recuperados, teniendo en cuenta las fracturas y la ropa. También comprendieron que el proceso de identificación es lento y complejo, teniendo en cuenta los problemas burocráticos ordinarios en las instancias del MINJUS. Sabemos en efecto que la DGBPD sufre constantes recortes presupuestales que deben estar destinados a las diversas etapas del proceso de búsqueda de personas desaparecidas (investigación, exhumación, identificación y restitución digna) (Villasante y Alayza, Boletín del IDEHPUCP, abril[8] y julio[9] de 2025). A pesar de los problemas burocráticos y de gestión, los familiares de las víctimas de Tahuantinsuyo se mostraron satisfechos con los resultados del proceso de identificación, agradecieron a la DGBPD, a la Fiscalía y al Ministerio Público por el compromiso en sus respectivos trabajos. Asimismo, los comuneros estuvieron muy comprometidos y apoyaron a los familiares en este duro proceso de investigación que removía recuerdos traumáticos de la guerra interna.
La labor de identificación de los restos de los cuerpos se basó en el análisis de restos óseos para establecer la identidad de una persona fallecida, especialmente en casos de restos esqueletizados o fragmentados. Esta operación implica la reconstrucción del perfil biológico de la persona, incluyendo sexo, edad, ascendencia, estatura y posibles lesiones, utilizando técnicas de osteología y otras disciplinas forenses. La DGBPD cooperó en el proceso de toma de muestras biológicas de referencia, durante la recuperación arqueológica de los restos, para obtener el perfil de ADN de las víctimas para el proceso de identificación de los cuerpos.
Los restos mortales de los fallecidos fueron conservados en el parque infantil de la ciudad de Satipo, un espacio que el alcalde de Satipo, César Merea Tello, brindó a la Fiscalía para que pudieran llevar a cabo el almacenaje de los cuerpos y posterior trabajo de identificación de éstos.
Los familiares de las víctimas de Tahuantinsuyo decidieron que debían ser enterrados en el mismo lugar donde se encontraban desde 1993, a la entrada de la comunidad. Siguiendo el protocolo de la DGBPD, se instalaron nichos blancos de cemento, con una apertura para albergar los féretros también blancos. La instalación del material funerario fue asumida por la DGBPD con el apoyo logístico de la Municipalidad de Mazamari.
Ceremonias de restitución y entierro digno
Este mes se realizaron las ceremonias de restitución y entierro de los restos mortales organizadas por la DGBPD. Participaron en ellas representantes del MINJUS, de la Fiscalía de Junín, del Equipo Forense Especializado (Ministerio Público), de la policía antisubversiva de Mazamari (sinchis), la señora Luzmila Chiricente, y autoridades de la Municipalidad distrital de Mazamari.
La restitución fue realizada el domingo 17 de agosto en el Coliseo de Mazamari. El 18 de agosto se trasladaron los féretros a la comunidad de Tahuantinsuyo, donde tuvo lugar el entierro de las 20 personas fallecidas el 18 de agosto de 1993. De acuerdo con Luzmila Chiricente, los deudos se mostraron acongojados y tristes durante las ceremonias, muchos lloraron a sus seres queridos y hablaron de sus cualidades como no lo habían hecho nunca. La serenidad regresaba a sus vidas. Prometieron visitar sus tumbas y llevarles las bebidas y comidas que más les agradaban, in memoriam.

Hermías Delgado me envió estas emotivas palabras:
“Me he reencontrado con mis hermanos después de muchos años. Al momento de recibir los restos de mi padre, de mi madre y de mi hermano rompí en llanto, no pude contenerme. Es un momento crucial al revivir los recuerdos del pasado y pensar que vivimos en un mundo mutable, donde todo termina y solo quedan los recuerdos. En el mundo inteligible la vida es efímera. A partir de mañana empezaré una vida más tranquila, sabiendo que cada año podré ir a poner una vela en memoria de mis seres queridos que tuvieron una muerte inocente.”

(© Hermías Delgado)






Reflexiones finales
• Es sumamente loable y grato cerrar un ciclo de violencia extrema contra personas inocentes con su entierro digno y moralmente justo. Los seres humanos necesitamos dar sepultura a nuestros seres queridos para avanzar serenamente con nuestras propias vidas y recogernos, cuando lo deseemos, en sus tumbas.
• Los hechos recientes de la comunidad de Tahuantinsuyo nos recuerdan la importancia crucial de la labor de la Dirección General de Búsqueda de Personas Desaparecidas en el contexto de posguerra interna que vivimos, todavía, en el Perú. Nos recuerdan también el trabajo encomiable de los equipos que investigan, identifican y dan sepultura decente a los muertos de una guerra que todavía no es asumida plenamente por la sociedad peruana. Los políticos revisionistas y negacionistas que pretenden que “es mejor olvidar”, que “es mejor la amnistía” para los perpetradores de crímenes de lesa humanidad se equivocan profundamente. Los familiares de los miles de muertos no enterrados dignamente nunca van a olvidar y seguirán exigiendo, con toda razón, entierros dignos. Y los peruanos que defendemos el respeto de los derechos cívicos y los derechos humanos seguiremos exigiendo justicia para los perpetradores, justicia para las víctimas inocentes, justicia para que una guerra interna no se repita.
• En fin, recordemos que la DGBPD tiene aún mucho por hacer en la selva central. Según la evaluación de la CVR, hubo 6,000 muertos nativos en los campos totalitarios senderistas. Por mi parte, he estimado que 1,000 nativos murieron en enfrentamientos y/o asesinatos[10]. La segunda fase de trabajos de búsqueda de esas 7,000 personas desaparecidas debe realizarse en los valles de los ríos Ene, Pangoa y Bajo Tambo, donde todas las comunidades ashaninka fueron controladas por Sendero Luminoso bajo la dirección del nefasto “Feliciano”, Oscar Ramírez Durand. Esperemos que las labores sean agendadas lo más pronto posible para que los nativos desaparecidos también reciban un entierro digno y para que sus familiares reencuentren la paz y la serenidad internas, indispensables a la vida humana.
(*) Antropóloga (EHESS), investigadora asociada al IDEHPUCP.
[1] Villasante, Violencia política en la selva central, Lima, Prefacio de Salomón Lerner.
[2] Villasante, Boletín del IDEHPUCP, 18 de agosto de 2014, La masacre de Tsiriari, https://idehpucp.pucp.edu.pe/boletin-eventos/la-masacre-del-valle-de-tsiriari-y-de-la-comunidad-nomatsiguenga-de-tahuantinsuyo-satipo-5074/
[3] Villasante, Boletín del IDEHPUCP, 28 de enero de 2020, Retorno a la comunidad nomatsiguenga de Tahuantinsuyo, https://idehpucp.pucp.edu.pe/boletin-eventos/retorno-a-la-comunidad-nomatsiguenga-de-tahuantinsuyo-y-visita-de-la-direccion-general-de-personas-desaparecidas-del-minjus-20837/
[4] Villasante, Boletín del IDEHPUCP, 4 de septiembre de 2023, Hace 40 años: las masacres del valle de Tsiriari y de la comunidad nomatsiguenga de Tahuantinsuyo, https://idehpucp.pucp.edu.pe/boletin-eventos/hace-40-anos-las-masacres-del-valle-de-tsiriari-y-de-la-comunidad-nomatsiguenga-de-tahuantinsuyo-28583/
[5] Villasante, Revista Ideele N° 307, enero de 2023, Los avances en la búsqueda de personas desaparecidas durante la guerra interna en Satipo: el caso de la comunidad nomatsiguenga de Tahuantinsuyo, https://www.revistaideele.com/2023/01/10/los-avances-en-la-busqueda-de-personas-desaparecidas-durante-la-guerra-interna-en-satipo-el-caso-de-la-comunidad-nomatsiguenga-de-tahuantinsuyo/
[6] Villasante, con la colaboración de Raúl Greenwich, Boletín del IDEHPUCP, 5 de noviembre de 2024, Exhumación de restos mortales en la comunidad nomatsiguenga de Tahuantinsuyo, https://idehpucp.pucp.edu.pe/boletin-eventos/exhumacion-de-restos-mortales-en-la-comunidad-nomatsiguenga-de-tahuantinsuyo/
[7] Villasante, Boletín del IDEHPUCP, 8 de setiembre de 2020, La búsqueda de personas desaparecidas y los avances en la región de Junín en el contexto político nacional, https://idehpucp.pucp.edu.pe/boletin-eventos/la-busqueda-de-personas-desaparecidas-y-los-avances-en-la-region-de-junin-en-el-contexto-politico-nacional-22697/
[8] Villasante y Alayza, Boletín del IDEHPUCP, 15 de abril de 2025, Nueva ofensiva contra las políticas de memoria y justicia: limitar la búsqueda de personas desaparecidas, https://idehpucp.pucp.edu.pe/boletin-eventos/nueva-ofensiva-contra-las-politicas-de-memoria-y-justicia-limitar-la-busqueda-de-personas-desaparecidas/
[9] Villasante y Alayza, Boletín del IDEHPUCP, 22 de julio de 2025, Nueva gestión de la DGBPD: la esperanza de un retorno a un trabajo coherente con su mandato, https://idehpucp.pucp.edu.pe/boletin-eventos/nueva-gestion-de-la-direccion-general-de-busqueda-de-personas-desaparecidasla-esperanza-del-retorno-a-un-trabajo-coherente-con-su-mandato/
[10] He identificado un total de 48 casos de extrema violencia entre 1989 y 1994 (25 masacres, 11 asesinatos y otros hechos), en los cuales fallecieron 876 personas, si agregamos las decenas de muertos en Puerto Bermúdez y Ciudad Constitución entre 1989 y 1990, podemos estimar por lo menos 1,000 víctimas (Villasante 2019: 373-378). En el Anexo 3 de mi libro La guerra interna entre los Ashaninka y Nomatsiguenga de la selva central (2022) he incluido una lista de comunidades que fueron desplazadas y/o ocupadas por Sendero Luminoso, así como los campos senderistas del río Ene y los poblados colonos controlados por Sendero Luminoso. He sugerido que la DGBPD tome en cuenta estos datos para la segunda fase de sus labores en la selva central (Villasante, Los avances en la búsqueda de las personas desaparecidas durante la guerra interna en Satipo: el caso de la comunidad nomatsiguenga de Tahuantinsuyo, Revista Ideele N° 307, enero de 2023).



