Por Kathy Subirana Abanto (*)
Cada 11 de febrero se conmemora el Día Internacional de las Mujeres y las Niñas en la Ciencia, una fecha proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2015 para reconocer el papel fundamental de las mujeres en la producción científica y, al mismo tiempo, visibilizar las persistentes brechas de género en la ciencia, la tecnología y la innovación. Esta conmemoración se corresponde con el compromiso histórico de las Naciones Unidas con la igualdad de género, entendida no solo como un derecho humano fundamental, sino también como un requisito indispensable para el desarrollo sostenible, la paz y el pleno aprovechamiento del potencial humano.
Las mujeres y las niñas constituyen la mitad de la población mundial; sin embargo, continúan enfrentando barreras estructurales que limitan su acceso a la educación, a la salud, a los recursos económicos y a la participación plena en la vida política, científica y tecnológica. ONU Mujeres advierte que, pese a los avances normativos, la igualdad real de derechos y oportunidades sigue siendo una tarea pendiente, marcada por la persistencia de la violencia de género, la discriminación y los estereotipos sociales. En ese contexto, contar con un día específico permite colocar el tema en la agenda pública, promover la rendición de cuentas de los Estados y movilizar a las instituciones académicas y científicas.
La edición 2026 del Día Internacional pone el foco en un desafío contemporáneo: aprovechar las sinergias entre la inteligencia artificial, las ciencias sociales, las disciplinas STEM y el sistema financiero para construir un futuro inclusivo para mujeres y niñas. La ONU advierte que, sin un enfoque de género, incluso las innovaciones tecnológicas más avanzadas pueden reproducir y profundizar desigualdades existentes, dejando nuevamente atrás a mujeres y niñas.
La participación en la ciencia como un derecho humano
Más allá de la conmemoración simbólica, la participación en la ciencia está reconocida como un derecho humano. Este derecho comprende la posibilidad de toda persona de participar en el progreso científico, beneficiarse de sus resultados y gozar de la protección de los intereses morales y materiales derivados de sus producciones científicas. Su contenido normativo incluye el acceso equitativo a los beneficios de la ciencia, la libertad de investigación, la participación en la toma de decisiones y la existencia de entornos favorables para el desarrollo y la difusión del conocimiento.
En este ámbito, el Consejo Científico Internacional (ISC) sostiene que la ciencia debe entenderse como un bien público y que su acceso no puede estar condicionado por el género, el origen social o la ubicación geográfica. Este enfoque es reforzado por el informe Derecho a participar en la ciencia, de febrero de 2024. En él, la Relatora Especial de la ONU sobre los derechos culturales, Alexandra Xanthaki, subraya que el derecho a la ciencia exige políticas inclusivas que garanticen la participación de niñas y mujeres sin discriminación. El informe destaca que la educación científica, el desarrollo del pensamiento crítico y la distribución equitativa de los beneficios de la ciencia son componentes esenciales de este derecho, que el derecho a participar en la ciencia incluye el derecho a adquirir una cultura científica y la participación en la ciencia debe garantizarse sin discriminación por género
La brecha de género en cifras: una mirada global y regional
Los datos internacionales confirman que la brecha de género en la ciencia sigue siendo una realidad global. A nivel mundial, las mujeres representan apenas el 31,7 % de las personas investigadoras, según el Instituto de Estadística de la UNESCO, con información recopilada hasta 2021. Aunque se observa un ligero incremento en comparación con años anteriores, la subrepresentación femenina persiste en casi todas las regiones.
En América Latina y el Caribe, las mujeres constituyen el 44,4 % del personal investigador; sin embargo, el promedio regional oculta profundas desigualdades entre países. En este escenario, el Perú ocupa el último lugar del ranking latinoamericano, con apenas 31,2 % de investigadoras, según datos disponibles al 2020. Esta cifra coloca al país por debajo del promedio regional y mundial, evidenciando un rezago estructural en materia de igualdad de género en ciencia.

La situación se vuelve más clara al observar la data nacional. De acuerdo con el Registro Nacional Científico, Tecnológico y de Innovación Tecnológica (RENACYT), administrado por el CONCYTEC, al 29 de enero de 2026 el Perú contaba con 13 381 investigadores e investigadoras, de los cuales solo el 34,5 % son mujeres, aproximadamente 4 600 investigadoras. Si bien esta cifra muestra una mejora respecto de 2019 —cuando las mujeres representaban cerca del 31 %—, la brecha de género sigue siendo significativa.
La desigualdad también se refleja en la comparación internacional de investigadores por millón de habitantes: el Perú registra 393, frente a 639 en Chile, 903 en Brasil, 1,300 en Argentina, más de 5,000 en Europa y cerca de 9,500 en Corea del Sur. Estas cifras evidencian no solo una brecha de género, sino también un rezago estructural en el desarrollo del sistema científico nacional.
Para Myra Flores, especialista en popularización de la ciencia del CONCYTEC, estos datos reflejan una vulneración de derechos que comienza desde la infancia. No incentivar la curiosidad científica en las niñas limita sus proyectos de vida y reduce sus oportunidades futuras, muchas veces como resultado de estereotipos de género y machismos inconscientes que se reproducen en el sistema educativo y académico.
El Perú cuenta con un nuevo marco normativo en ciencia, tecnología e innovación que abre oportunidades para enfrentar estas brechas. La Ley del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (SINACTI), publicada en 2021, su reglamento aprobado en 2024 y la Política Nacional de CTI al 2030, vigente desde 2025, constituyen los principales instrumentos en la materia.
“La ley del SINACTI no es específica en género, pero introduce el principio de apropiación social de la ciencia, que es clave. Y la política al 2030 nos da tres lineamientos muy claros: divulgar ciencia, fomentar vocaciones científicas y fortalecer las capacidades de divulgación en investigadores. Esto tiene vital importancia para el desarrollo de la educación en ciencia”, dice Myra Flores.
Si bien la ley no incorpora disposiciones específicas sobre género, introduce principios clave como la apropiación social de la ciencia, y la política nacional establece tres lineamientos estratégicos: fortalecer la divulgación científica, promover vocaciones científicas y desarrollar capacidades de divulgación en investigadores e investigadoras. Estos ejes han permitido ampliar la participación institucional y sustentar iniciativas como la Agenda PopCTI, que en 2026 articula más de 50 actividades gratuitas en al menos 14 regiones del país.
El reto aún es grande, como bien advirtiera la académica Beatrice Avolio, Jefa del Departamento Académico de Posgrado en Negocios de Centrum PUCP, en un artículo a propósito del estudio “Factores que Influyen en el Ingreso, Participación y Desarrollo de las Mujeres en Carreras Vinculadas a la Ciencia, Tecnología e Innovación en el Perú”, publicado en 2018: las brechas persisten en el acceso a carreras de ciencia y tecnología, en la docencia universitaria y en la investigación, donde las mujeres siguen siendo minoría, lo que representa una pérdida de talento y de inversión social para el país.
Dicho estudio mostró que apenas el 29.2% de los estudiantes matriculados en carreras de ciencia y tecnología son mujeres; mientras que solo el 32% de egresados lo son, a pesar de que, en estudios escolares y universitarios, las mujeres se encuentran por encima del 50%. Y, en cuanto a la docencia, en universidades privadas y públicas las mujeres representan el 35% y 26%, respectivamente.
Eureka: sembrar el derecho a la ciencia desde la escuela
El enfoque de derechos encuentra un punto de articulación clave en Eureka, el Concurso Nacional de Ciencia y Tecnología Escolar organizado por el MINEDU y el CONCYTEC desde 1987. Con 38 ediciones y la participación de hasta un millón de escolares, este concurso ha sido una de las principales herramientas para garantizar el derecho a participar en la ciencia desde edades tempranas, fomentando la indagación, la innovación y el pensamiento crítico en niñas y niños de todo el país.
Desde una perspectiva de derechos humanos, iniciativas como Eureka no solo promueven vocaciones científicas, sino que contribuyen a reducir brechas estructurales al ofrecer a niñas y adolescentes referentes, espacios y oportunidades para imaginarse como futuras científicas. A once años de la instauración del Día Internacional de las Mujeres y las Niñas en la Ciencia, el mensaje es claro: garantizar la igualdad en la ciencia no es una concesión, sino una obligación del Estado y de la sociedad. Sin mujeres y niñas ejerciendo plenamente su derecho a la ciencia, no hay desarrollo sostenible ni democracia del conocimiento posible.
(*) Responsable de prensa del IDEHPUCP



