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Análisis 24 de febrero de 2026

Igualdad y democracia: no basta con poder votar

Cuando hablamos de igualdad de género en democracia no estamos hablando solo del derecho a votar o a postular. Eso es el punto de partida, no el final del camino. La pregunta más incómoda, y la más importante, es otra: ¿las mujeres tienen realmente las mismas condiciones para decidir, influir y sostenerse económicamente? ¿O la igualdad se queda en el papel?

La participación política, la autonomía económica y la distribución del trabajo de cuidados dicen mucho más sobre la calidad de una democracia que cualquier declaración formal. Porque no se trata solo de derechos reconocidos, sino de condiciones reales para ejercerlos.

Al revisar los planes de gobierno para 2026, aparece algo interesante: casi todos reconocen que existen brechas en la participación política de las mujeres. El problema no es el diagnóstico. El problema es qué se hace con él.

Algunos planes van más allá de la declaración general y proponen metas claras para aumentar la presencia de mujeres en espacios de decisión, acompañadas de programas de formación y fortalecimiento de liderazgo. En estos casos, la paridad no se entiende solo como una regla electoral, sino como una redistribución concreta del poder.

Otros se ubican en un punto intermedio. Defienden el cumplimiento de la normativa vigente sobre paridad y alternancia, o promueven el liderazgo femenino en determinados sectores. Es un paso importante, pero suele quedarse en la idea de que basta con aplicar bien la ley para que la desigualdad desaparezca sola. No siempre se aborda el problema del acoso político, las redes informales de poder o las dinámicas que siguen excluyendo a muchas mujeres.

Y, finalmente, hay planes que apelan a la “igualdad de oportunidades” sin proponer medidas específicas. En el discurso suena razonable: todos compiten en igualdad. Pero en la práctica, esa neutralidad ignora que las condiciones de partida no son las mismas. Sin acciones concretas, la desigualdad histórica tiende a reproducirse.

En muchos programas la paridad aparece como un tema ya resuelto, como si el simple cumplimiento de la cuota cerrara el debate. Pero la igualdad sustantiva implica algo más complejo: transformar las reglas, las prácticas y las relaciones de poder que han limitado durante décadas la presencia y la influencia de las mujeres en la política.

La pregunta que queda flotando es sencilla, aunque incómoda: ¿estamos hablando de compartir el poder o solo de cumplir con la norma?

Cuadro 1. Participación y toma de decisiones de las mujeres

Nivel de compromisoPartidos / AlianzasContenido principal y mecanismosValoración técnica (PNIG)
Transformador con metas numéricasPrimero la Gente, Alianza Fuerza y Libertad, Integridad Democrática,Establecen metas exactas: elevar la representación en cargos de decisión al 40% y alcanzar el 50% en el Congreso. Proponen triplicar el número de mujeres en puestos de liderazgo al 2031. Incluyen formación técnica obligatoria para candidatas en gestión pública e integridad.Alto alineamiento: Transforma la paridad de una cuota legal a una meta de ejercicio real del poder con indicadores verificables.
Cumplimiento y fortalecimiento operativoSomos Perú, Avanza País,  Partido Morado, Juntos por el Perú, Alianza Electoral Venceremos, Partido del Buen Gobierno, Partido Político Nacional Perú Libre, Perú Primero, Podemos Perú.Se enfocan en la fiscalización de la Ley de Paridad y Alternancia. Proponen metas de liderazgo femenino superiores al 40% en el sector público y la eliminación de brechas de género en la alta dirección. Somos Perú plantea auditorías de cumplimiento en grandes empresas cada 3 años.Alineamiento medio-alto: Supera lo declarativo al proponer mecanismos de monitoreo y sanción ante el incumplimiento de la ley.
Promoción general y liderazgo socialAhora Nación, País para Todos, PRIN, Libertad Popular, Partido Demócrata Verde. Partido Aprista Peruano, Progresemos.Promueven el liderazgo femenino en sectores estratégicos (como STEM) y el fortalecimiento de redes de mentoría para mujeres rurales e indígenas. Fomentan la participación de las mujeres en instancias de presupuesto participativo y consejos locales.Alineamiento medio: Posee un diagnóstico acertado, pero carece de instrumentos de acción afirmativa de cumplimiento obligatorio.
Enfoque formalista o neutral / meritocráticoRenovación Popular, Alianza para el Progreso (APP), Unidad Nacional, Partido de los Trabajadores y Emprendedores (PTE), Partido Cívico Obras, SiCreo, Demócrata Unido, Perú Acción, Salvemos al Perú, Patriótico del Perú, Cooperación Popular.Se limitan a garantizar la «igualdad de oportunidades» bajo el principio de meritocracia pura. No proponen medidas específicas para compensar las barreras estructurales de género, asumiendo que la ley vigente es suficiente.Bajo alineamiento: Tiende a invisibilizar las brechas de acceso al poder y neutraliza las desigualdades históricas de las mujeres.

Elaboración a partir de matriz de análisis de los planes de gobierno presentados para las Elecciones Generales 2026

Planes como los de Fuerza popular, Partido frente de la esperanza 2021, Peru moderno o Un camino diferente mantienen un enfoque neutral, lo que en la práctica implica no reconocer las barreras estructurales o invisibilizar el análisis de lo que impide a las mujeres participar en igualdad de condiciones en política.

Autonomía económica y cuidados: lo que sostiene -o limita- la ciudadanía

Hablar de autonomía económica no es hablar solo de empleo. Es hablar de independencia real. Porque sin ingresos propios, sin tiempo disponible y sin alguien que comparta el cuidado, la participación política se vuelve cuesta arriba. No importa cuántos derechos estén reconocidos en la ley: si el día a día está absorbido por el trabajo no remunerado y la falta de apoyo, la igualdad se vuelve teórica.

Por eso el tema de los cuidados resulta tan revelador al revisar los planes de gobierno. Allí se nota con claridad cómo entienden —o no— la desigualdad.

Algo ha cambiado: el cuidado ya no es un tema marginal. Muchos planes reconocen el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado y hablan de la necesidad de un Sistema Nacional de Cuidados. Esa sola presencia en el debate electoral es significativa. Pero no todas las propuestas dicen lo mismo.

Las más ambiciosas entienden los cuidados como una infraestructura social, algo tan importante como la salud o la educación. Proponen articular servicios, redistribuir responsabilidades y asumir que el cuidado no es una tarea privada de las mujeres, sino una responsabilidad colectiva. Cuando se mira así, el cuidado deja de ser una carga invisible y se convierte en un asunto de política pública.

Otras propuestas lo vinculan casi exclusivamente al empleo femenino. Plantean guarderías o servicios de apoyo como herramientas para que más mujeres trabajen o aumenten su productividad. Es un avance, sin duda, pero limitado si no cuestiona quién cuida, cuánto tiempo implica y cómo se distribuye esa carga dentro de los hogares y la sociedad.

Y también hay planes que reducen la autonomía económica a bonos, formalización laboral o transferencias. Medidas como esas pueden aliviar urgencias, pero no transforman la división sexual del trabajo ni reconocen el valor económico del cuidado. En esos casos, la desigualdad aparece como un problema al que se responde dando asistencia, no como una estructura que se modifica.

Cuadro 2. Autonomía económica y Sistema Nacional de Cuidados

Nivel de desarrolloPartidos / AlianzasContenido principal y mecanismosValoración desde el PNIG
Propuesta integral y sistémicaPrimero la Gente, Partido Morado, Alianza Electoral Venceremos, País para Todos, Integridad Democrática, Partido del Buen Gobierno, Partido Demócrata Verde.Proponen un Sistema Nacional de Cuidados con enfoque de género e intercultural. Reconocen el trabajo doméstico no remunerado y proponen la certificación y remuneración de cuidadores. Buscan integrar el cuidado con la salud, educación y empleo formal para liberar tiempo de las mujeres.Alto alineamiento: Atacan la causa estructural de la desigualdad económica (la sobrecarga de cuidados) al proponer una infraestructura pública que redistribuye esta labor entre el Estado, el mercado y la familia. Cumplen con el Objetivo Prioritario 2 de la PNIG.
Cuidados vinculados al empleoAlianza Fuerza y Libertad, Fuerza Popular, Somos Perú, Perú Primero, Ahora Nación.    El cuidado se plantea como una herramienta para facilitar la inserción laboral. Proponen una red de guarderías en centros de trabajo, mercados de abasto y entidades públicas. Promueven el emprendimiento tecnológico femenino y la igualdad salarial mediante comités de monitoreo.Alineamiento medio-alto: Aunque proponen servicios concretos de cuidado, su enfoque es principalmente instrumental para la productividad laboral. Se alinean con la PNIG en términos de formalización y cierre de brecha salarial, pero su alcance puede ser limitado para mujeres fuera del sector formal.
Enfoque en empleo y transferenciasAvanza País, Frente de la Esperanza, Perú Acción, Renovación Popular, Progresemos, PTE-Perú, Salvemos al Perú, Libertad Popular, Juntos por el Perú, Perú Libre, PRIN, Podemos Perú, Un Camino Diferente, SiCreo, Demócrata Unido, Patriótico del Perú, Cooperación Popular, Perú Moderno, Alianza para el Progreso, Fe en el Perú, Partido aprista peruano, Partido cívico obras, Unidad NacionalSe centran en la formalización laboral femenina y el otorgamiento de créditos o bonos condicionados. Proponen incentivos fiscales para empresas que contraten madres vulnerables. El cuidado aparece subordinado a la asistencia a la maternidad o como «seguro de ama de casa».Alineamiento básico/asistencial: Tratan el cuidado como una medida de protección social o de auxilio a la maternidad, sin reconocerlo como un derecho sistémico. Riesgo de reforzar estereotipos de género al centrarse en el binomio «madre-niño» en lugar de la autonomía individual de la mujer.

Elaboración a partir de matriz de análisis de los planes de gobierno presentados para las Elecciones Generales 2026

Lo que el cuidado dice sobre la democracia

La forma en que se habla del trabajo no remunerado revela mucho más de lo que parece. Cuando el cuidado es reconocido y respaldado por el Estado, se amplían las posibilidades reales de participación. Cuando sigue siendo invisible, la igualdad se mantiene en el discurso.

Que varios planes mencionen los cuidados no significa que todos apunten en la misma dirección. Hay una diferencia importante entre transformar la organización social del cuidado y usarlo como herramienta para fines económicos. Esa diferencia impacta directamente en la calidad de la democracia.

La democracia no se fortalece solo con más mujeres en las listas electorales. Se fortalece cuando existen condiciones materiales para que puedan participar, decidir y ejercer poder sin estar permanentemente desbordadas por tareas que el sistema da por sentadas.

Igualdad real o igualdad declarada

Al mirar juntos participación política y autonomía económica, la pregunta se vuelve más clara: ¿estamos frente a propuestas que buscan cambiar las reglas del juego o solo a promesas que cumplen con el mínimo legal?

Cuando la igualdad se reduce a lo formal, la democracia se vuelve frágil. Cuando el Estado asume que redistribuir poder, tiempo y recursos es parte de su responsabilidad, la democracia se vuelve más profunda.

En el fondo, lo que muestran estos análisis es algo bastante sencillo: la igualdad de género no es un añadido decorativo del sistema democrático. Es uno de sus pilares. Y la manera en que cada proyecto político aborda la participación, los cuidados y la autonomía económica deja entrever qué tipo de democracia está dispuesto a construir.

Nota metodológica: El análisis comparativo se elaboró a partir de los documentos oficiales presentados por las organizaciones políticas inscritas para las Elecciones Generales 2026–2031, utilizando como fuentes los Planes de Gobierno Integrales o, cuando correspondía, el Formato de Resumen publicado en el portal del Jurado Nacional de Elecciones (JNE) al 31 de enero de 2026. Se advierte que el Partido Democrático Federal, pese a contar con plancha presidencial inscrita, no registra propuestas desarrolladas ni resumen ejecutivo en las plataformas oficiales consultadas. La sistematización se realizó mediante matrices comparativas, con apoyo técnico de herramientas de inteligencia artificial, bajo supervisión directa y validación respecto de los documentos originales.


(*) Este artículo es parte de la serie de entregas «Elecciones 2026, igualdad de género y democracia: ¿qué está en juego?» a cargo de Marcela Huaita-Alegre. Docente de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), investigadora del Instituto de Democracia y Derechos Humanos (IDEHPUCP) e integrante del Grupo Interdisciplinario de Investigación en Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario (GRIDEH). Su trabajo se especializa en igualdad de género, políticas públicas y estándares internacionales de derechos humanos, con énfasis en democracia y no regresividad de derechos