El martes 13 de octubre la sala de conferencias del IDEHPUCP acogió la presentación de La paz como concordia: una antigua aspiración, el más reciente libro de Augusto Castro Carpio, doctor en filosofía, profesor del Departamento de Ciencias Sociales de la PUCP y director de la Maestría en Gerencia Social. La actividad, organizada por CLACSO, el IDEHPUCP y la Maestría en Gerencia Social, fue moderada por Miguel Giusti, director del IDEHPUCP y reunió a cuatro comentaristas de distintas disciplinas: Salomón Lerner Febres, Óscar Vidarte, Rosa Alayza y Alex Huerta.
Una palabra con corazón
Abrió el diálogo Salomón Lerner Febres, rector emérito de la PUCP y expresidente de la Comisión de la Verdad y Reconciliación. Su reflexión se inició analizando el significado de la palabra concordar –poner los corazones en un mismo lugar, hacer que latan juntos sin dejar de ser distintos– y continuó destacando las tres maneras de nombrar la paz mencionadas en el libro: la pax latina, emparentada con el pacto; la eirene griega, entendida como el intervalo entre dos guerras; y el shalom hebreo, que alude a la plenitud. De ellas, sostuvo, la obra concluye que la paz que merece ese nombre es la concordia.
Lerner destacó que este no es un libro escrito de espaldas al país. Su punto de partida es una constatación: «el Perú no es un país reconciliado». No estar en guerra, recordó, no equivale a estar en paz; entre ambas condiciones se extiende un territorio de desconfianzas, agravios no reparados y silencios que son fatiga y no serenidad. Recordó que la paz nace hermanada con la justicia y que, según el filósofo Alex Honneth, quien no es reconocido no puede vivir en paz. Cerró con la voz de Mamá Angélica, que el libro recoge: «ni muriendo podemos olvidar». La concordia, dijo, no pide a las víctimas que olviden, sino a toda la comunidad que recuerde con ellas.
La mirada de las relaciones internacionales y la democracia
El internacionalista Óscar Vidarte reconoció hablar desde una óptica distinta, pero recordó que su disciplina nació de la búsqueda de la paz tras la Primera Guerra Mundial. Reconstruyó el debate entre idealistas, herederos de Kant de la «armonía de intereses», y realistas, que, de la mano de Maquiavelo y Hobbes, ven el sistema internacional como un estado de naturaleza donde la seguridad depende de la fuerza. Ambos linajes, señaló, están presentes en el libro.
Vidarte valoró dos aportes: que el debate filosófico sobre la paz no es ajeno a las relaciones internacionales, y que Castro entienda la paz como un proceso y no solo como el cese de la guerra. Repasó luego un mundo donde los conflictos internos han crecido y donde algunos teóricos advierten un posible choque entre Estados Unidos y China. Dejó, además, una pregunta para el autor: si la concordia piensa la paz entre ciudadanos, ¿cómo pensarla entre Estados?
Por su parte, Rosa Alayza, politóloga y docente PUCP, destacó que el libro recoge “un hilo clave de la historia de la humanidad2: el deseo de vivir en paz. Resaltó la fe del autor en que los peruanos tienen en sus manos su destino, una esperanza que no es romanticismo, pues se funda en el recorrido de la historia política. En tiempos en que pocos se atreven a expresarla en público, dijo, eso engrandece el texto.
Alayza vinculó la paz con la forma en que se ejerce la política. Contrastó las democracias que apuestan por el poder personal de caudillos con las que construyen instituciones y reglas que garantizan un piso de igualdad, y recordó que la paz “no es simplemente no estar en guerra”, sino dar oportunidades de una vida mejor. Advirtió que el poder del mercado ha desplazado esas prioridades, que los nacionalismos endurecen su postura frente a los migrantes y que es fácil deslizarse hacia un autoritarismo competitivo, algo que también podría ocurrir en el Perú de hoy. Frente a ello, señaló la existencia de sectores ciudadanos plurales que resisten y que, en su opinión, encarnan hoy la aspiración de paz.
El antropólogo Alex Huerta, finalmente, señaló que los filósofos son peligrosos porque hacen preguntas incómodas como la que hace Castro al enfocarse no solo en qué es la paz sino también en cómo conseguirla, y comentó que el libro rescata la concordia como búsqueda activa de convivencia y recuerda que no hay paz sin justicia.
Augusto Castro agradeció los comentarios y respondió confesando su preocupación. El libro, explicó, nace de una inquietud que se remonta a los años noventa, cuando trabajó en una revista llamada Paz. Esa paz no llegó y los conflictos crecieron: hoy la guerra “está instalada” y, aunque no se haya globalizado, los tambores sonaban desde hace años.
El autor distinguió con claridad entre pax y concordia. La primera implica el sometimiento del vencido. Recordó que en los textos escolares peruanos se habla de la pacificación de los indios, cuando en realidad se trató de una guerra sistemática y permanente. Evocó la imagen bíblica de la justicia y la paz como hermanas y advirtió: si queremos paz, hay mucho que construir en justicia, porque “mientras haya esta desigualdad, vamos a tener un conflicto permanente”. Insistió en que el Perú vive siempre al borde, sin cerrar las heridas de la violencia, y en que las guerras de Ucrania o Irán son nuestros problemas. Hizo un llamado a jugar limpio y a hacer política con un compromiso especial con los más pobres.



