23/11/2021

A propósito del Plan Nacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas al 2030. Memorias sin respuesta (1)

Por Iris Jave (*)

El delito de desaparición forzada es uno de los crímenes más execrables y dolorosos: el no saber cuál fue el destino del cuerpo, dónde puede estar ubicado, que le pudo haber ocurrido a un ser querido o con quiénes estuvo antes de ser desaparecido/a son algunas de las preguntas llevan décadas en busca de respuestas hacia las familias. La urgencia de seguir buscando nos remite a mirar el pasado, pero sobre todo nos habla de una memoria activa, que se refleja en el presente. Dos hechos evocan la urgencia de seguir buscando a las personas desaparecidas durante el conflicto armado interno en el Perú (1980-2000), que según el último reporte del Registro Nacional de Personas Desaparecidas (RENADE) suman casi 22 mil.

De un lado, el reciente proceso electoral en Chile trajo consigo un poderoso mensaje para la recuperación de la memoria de las personas detenidas desaparecidas durante la dictadura militar. El Servicio Electoral decidió incluir un espacio en la cédula de votación para visibilizar a las personas ausentes por desaparición forzada, creando así una suerte de memorial cívico en homenaje a las personas desaparecidas. En el contexto chileno, donde el candidato de la ultraderecha ha propuesto abrir una zanja en la frontera con Bolivia para impedir el ingreso de migrantes –una idea que evoca fuertemente la memoria de las fosas comunes—el mensaje cobra mayor importancia.

De otro lado, en Perú una congresista aludió a un horno como método para “desaparecer” a los hombres que agreden a las mujeres, banalizando e hiriendo la memoria de las víctimas de desaparición forzada durante el conflicto armado interno, más aún cuando la figura del horno recuerda cientos de detenciones y desapariciones producidas en el Cuartel BIM N° 51, conocido como Los Cabitos (Ayacucho) desde inicios de los 80, como lo documentó la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR). Posteriormente, el 2007 el proceso judicial ordenó una exhumación en La Hoyada, el terreno adyacente al cuartel, donde efectivamente se ha comprobado la existencia de un tanque de combustible que alimentaba los hornos utilizados para incinerar los cadáveres de personas detenidas (CVR, 2003). En 2013, gracias al impulso de la ANFASEP y otras organizaciones de derechos humanos (poner enlace), el gobierno peruano declaró el lugar como el Santuario de la Memoria en recuerdo de todas las víctimas de desaparición forzada. Actualmente, el gobierno regional de Ayacucho está a cargo de su construcción.

 

Hacia una política integral

Justamente, el Plan Nacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas al 2030 (PNBPD), elaborado por la Dirección general de Búsqueda de Personas desaparecidas (DGBPD) del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos y publicado a mediados de año da a conocer el escenario nacional y señala algunas estrategias para la búsqueda, que pasamos a analizar. Primero, organiza el escenario a intervenir al identificar las particularidades de las personas desaparecidas en 3 grupos: a. casos en que no se sabe el paradero o el destino de la persona desaparecida; b. casos en que se sabe que la persona ha fallecido, pero no se sabe su ubicación y c. casos en que se existen indicios de la ubicación de un posible sitio de entierro de la persona desaparecida. Además, el PNBPD incorpora indicadores para monitorear el avance y la implementación de la política pública en materia de búsqueda.

En segundo lugar, reitera el enfoque humanitario, es decir que la búsqueda brinde respuestas a las familiares en tanto logre la recuperación, identificación, restitución y entierro digno de los restos humanos de las personas desaparecidas, poniendo énfasis en un efecto reparador en las familias, con un enfoque intercultural y acompañamiento psicosocial. El Plan recoge los Principios Rectores para la Búsqueda de Personas Desaparecidas aprobados por el Comité de la Organización de Naciones Unidas contra las desapariciones forzadas, que prioriza la búsqueda bajo la presunción de vida de las personas, planteando la necesidad de una política pública integral, que desarrolle la búsqueda de forma permanente, que sea coordinada, articulada y segura, pero sobre todo que involucre la participación de las familiares en el proceso de búsqueda, entre otras recomendaciones.

“La búsqueda brinde respuestas a las familiares en tanto logre la recuperación, identificación, restitución y entierro digno de los restos humanos de las personas desaparecidas, poniendo énfasis en un efecto reparador en las familias, con un enfoque intercultural y acompañamiento psicosocial”.

En tercer lugar, el Plan reconoce que el proceso de búsqueda y respuestas a los familiares se encuentra retrasado; que han pasado más de 40 años y algunos familiares han fallecido sin conocer el destino de sus seres queridos; que existe acumulación y deterioro de restos humanos recuperados; que hay algo más de mil restos sin identificar en el Ministerio Público; y que a pesar de haber fomentado espacios de participación de los familiares en la búsqueda de sus seres queridos, esta no se ha producido en una medida satisfactoria.  Así, identifica la complejidad que plantea la investigación frente a información fragmentada e insuficiente; contextos y condiciones diversas de desaparición; y personal insuficiente y falta de personal especializado; todo lo cual implica plantear estrategias diferenciadas por cada territorio y/o casos.

Del mismo modo, se señala la limitada articulación entre las instituciones del estado (DGBPD y Ministerio Público), responsables de la búsqueda. Sin embargo, no son las únicas que deberían estar involucradas en el proceso de búsqueda. Precisamente, se requiere de una política integral, por lo que sería pertinente involucrar a otras entidades como los sectores Salud, Defensa, Interior, RENIEC, entre otros. La búsqueda no corresponde solo al ministerio de Justicia y Derechos Humanos. Es una obligación del estado peruano.

En cuarto lugar, y aunque la DGBPD ha implementado un espacio de diálogo con algunas organizaciones, el Plan reconoce también la escasa participación de los familiares en los procesos de búsqueda debido a las dificultades que enfrentan a nivel personal, familiar y comunitario; o las limitadas intervenciones en acompañamiento psicosocial y especializada que puede ofrecer la DGBPD. Frente a ello, organizaciones de familiares como la ANFASEP y APROHVIP, de Ayacucho; OMAVIPO y COFADESVIPO, de Huánuco; y ANFADET y FAVIDEFO, de Lima vienen realizando de forma permanente un acompañamiento y vigilancia social a la DGBPD demandando conocer mayor información acerca de las estrategias y los avances en la búsqueda. Sin embargo, hay otras familias que no están organizadas y que cuentan con poco acceso a información sobre el proceso y sobre cómo involucrarse. Por esa razón, resulta fundamental que la DGBPD cuente con una estrategia de comunicación que promueva la participación activa de las familias y que construya una narrativa orientada a la sociedad en su conjunto. El problema de las personas desaparecidas no solo importa a sus familias sino a la sociedad en conjunto.

Finalmente, uno de los elementos fundamentales para la búsqueda es la información: recopilar, articular y construir bases de datos que contengan información de entidades locales y nacionales, de iglesias, ONG, de los propios familiares y de investigaciones realizadas va a ayudar a fortalecer las capacidades institucionales para acelerar los resultados de la búsqueda. Uno de los avances del último año es la actualización y puesta al público del RENADE como base de datos que centraliza y sistematiza la información sobre las personas desaparecidas, y de ese modo potenciar las estrategias de búsqueda y planificar las investigaciones, ofreciendo respuestas a los familiares.

Mirar el pasado puede parecer ocuparse en algo lejano, una tarea lenta y que, por lo tanto, puede ser postergada entre las prioridades nacionales. Pero investigar el pasado nos permite traer al presente la memoria de los y las peruanas que nos faltan, y las decisiones políticas que permitieron las desapariciones. El pasado nos sigue hablando con urgencia, con clamorosa atención, como vemos en los hechos relatados al inicio. Con participación activa, como lo hacen cada día las mujeres que encabezan las organizaciones que acompañan la búsqueda. En busca de respuestas, en busca de memoria.


(1) Primera entrega

(*) Investigadora en IDEHPUCP.

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