09/07/2012

Política para el desarrollo

Las “oportunidades perdidas” sobre las que se habla acerca del Perú republicano no han sido debidamente aprovechadas para el desarrollo del país. Salomón Lerner Febres, Presidente Ejecutivo del Idehpucp, opina al respecto.

En la historiografía del Perú republicano se suele hablar de “oportunidades perdidas”; ello se refiere a momentos de súbita y notoria prosperidad económica que, sin embargo, no han sido aprovechados para llevar al país hacia un auténtico desarrollo. Guano, salitre, caucho, anchoveta han sido los símbolos de esos momentos que, así como generaron euforia, también dieron ocasión a una autocomplacencia estéril y, por último, pasaron sin dejar huellas significativas en el bienestar general.

Es perturbador pensar que en estos años nuestra sociedad pueda estar viviendo nuevamente una experiencia semejante. Llevamos más de una década de crecimiento económico continuo, tendencia que no ha sido  abatida ni siquiera por la severa crisis económica y financiera internacional. Ese crecimiento se experimenta en distintos ámbitos de nuestra estructura productiva y comercial, mas no cabe engañarnos sobre su principal origen: la nutrida exportación de materia prima, pues existe  una enorme demanda por ella.

Ahora bien, la prosperidad que se puede percibir en un crecimiento del comercio en las grandes ciudades, y principalmente en Lima, no refleja necesariamente el que nos hallemos en vías de consolidar nuestro desarrollo. Pareciera que se ha sacado una conclusión simplista y errónea de este auge de la exportación de nuestros productos primarios. En lugar de pensar que ellos nos ofrecen una oportunidad para, al diversificar nuestras fuentes de riqueza, avanzar en el desarrollo industrial que transforme los productos que exportamos agregándoles valor, parece hemos optado por el camino cómodo de esperar a que nos llegue el dinero,  hasta que los recursos se agoten,  sin hacer otra cosa que ser espectadores pasivos de un quehacer que nos brindará una renta temporal.  Mientras hace unas décadas se sostenía, casi como artículo de fe, que el camino al desarrollo residía en la producción con valor añadido y en la educación de la población, hoy parece que se ha considerado como mejor y única vía posible la de  persistir en la venta de recursos naturales no renovables. Ello con la agravante de una poco equitativa redistribución de los ingresos que esa actividad genera.

Esto ocurre, a mi juicio, por la extrema debilidad de nuestras instancias de discusión sobre opciones y preferencias y, por ello, en la ausencia de decisiones públicas que nos conduzcan a una planificación nacional de largo aliento, racional y justa.

La relación entre nuestras oportunidades y necesidades de desarrollo y nuestro sistema político ha sido mostrada en una reciente publicación del PNUD e IDEA Internacional: “Perú: La oportunidad de un nuevo ciclo de desarrollo. Escenarios prospectivos 2012-2016”. Texto pertinente porque resalta la urgencia de una reforma política que nos permita restaurar el sistema de toma de decisiones de interés público. Ello implica recomponer la forma en que se constituye la representación política en el Parlamento, lo cual se vincula estrechamente con el sistema de partidos políticos, hoy quebrado y disperso en una variedad de opciones intrascendentes y poco confiables y ha de ver, asimismo, con el robustecimiento de las autoridades políticas regionales. Pero robustecer no significa, de ningún modo, radicalizar. Se trata más bien de crear oportunidades para que los poderes políticos regionales y locales sean más fuertes en la representación de los intereses de sus  poblaciones y así ofrezcan propuestas sólidas para  ser escuchadas por el gobierno nacional. La tarea es pues el organizar, por fin, un sistema en el que la voz razonable de los diversos pueblos del Perú sea atendida en los medios institucionales convirtiéndola así en decisión y acción.

Nuestro país experimenta un momento muy prometedor en términos macroeconómicos.  Ello no ha significado un cambio significativo para muchos peruanos en su bienestar material y el  respeto a su dignidad. Digamos no a la autocomplacencia que hoy predomina entre quienes toman decisiones.

Necesitamos cambios, avancemos en actividades productivas que ofrezcan oportunidades de trabajo y desarrollo. Eso podrá alcanzarse  si, finalmente, efectuamos reformas políticas inteligentes y democráticas.

>> Fuente: La República

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