16/07/2012

Tiempo y Verdad


Las falsedades no encuentran refugio cuando acaban los periodos de autoritarismo

La verdad siempre termina por salir a la luz hasta en los regímenes autoritarios aunque, durante años, haya sido apagada por los poderes más influyentes. Salomón Lerner Febres, Presidente Ejecutivo del Idehpucp, opina al respecto.

En ocasiones el transcurso del tiempo confirma verdades y expone de modo rotundo a las mentiras como tales. Ninguna falsedad, por más que haya sido apuntalada por los poderes más influyentes, se puede sostener indefinidamente. El paso de los años suele abrir grietas en el edificio de las mentiras hasta derribarlo. Lo saben bien los regímenes autoritarios; su afán de censurar a la historia está siempre abocado al fracaso aunque durante un tiempo ese control parezca irreductible. Del mismo modo, verdades que en cierto momento son descubiertas y expuestas terminan, a la larga, por ser confirmadas como tales por más impopulares y combatidas que hayan sido en el momento de su revelación, por más incómodas que hayan resultado para los poderes fácticos.

El futuro ilumina pues el pasado, nos instruye sobre esas realidades que no se pudo o que no se quiso reconocer en su momento y abre así la posibilidad de que, si se le encara con honestidad y valentía, el pasado se convierta en una acertada guía sobre el presente y el porvenir, no por obra de un determinismo histórico, sino como orientación sobre nuestras decisiones en la historia aún no escrita, aquella situada en el reino de la libertad.

No es impertinente centrar nuestra atención en este curioso vínculo entre nuestras certezas y proyectos y el paso del tiempo sobre el modo en que la actualidad nacional va confirmando las revelaciones e interpretaciones que expuso la Comisión de la Verdad y Reconciliación sobre la violencia en nuestro país.

En su momento, ellas fueron cuestionadas, sin argumentos, por un sector de políticos y miembros de las elites. También fueron atacadas, ciertamente, por los voceros de la organización terrorista Sendero Luminoso. Unos y otros se mostraban renuentes a asumir sus responsabilidades; unos y otros preferían seguir representándose al Perú de la forma en que su ceguera o su fanatismo se los aconsejaba.

Hoy nadie puede negar que las víctimas de las que habló en su momento la CVR son seres reales, de carne y hueso, y que los abusos de los que fueron objeto en efecto ocurrieron, razón por la cual el país les debe reparaciones. El número de personas desaparecidas parece superar largamente la cifra reportada a la CVR, lo cual reafirma que la proyección que ella realizó fue un ejercicio serio y responsable. Las cantidades de cuerpos cuyos restos están siendo hallados en sitios de entierro clandestino apuntan en esa dirección.

Decir esto no es motivo de alegría. Nadie puede complacerse en la confirmación de una tragedia. Se trata más bien de leer en esta confirmación un llamado a la responsabilidad, a la seriedad y a la valentía para reconocer la verdad.

De otra parte, recordemos que la CVR no sólo reveló datos. Mostró también cómo es que ciertas orientaciones de las autoridades –no solamente las políticas– proveyeron el contexto para la violencia.

Nada de ello resta a la mayúscula responsabilidad de ese movimiento fundamentalista y criminal: Sendero Luminoso, responsabilidad que fue afirmada y demostrada por la Comisión. Pero es innegable que la vocación autoritaria, el culto de la fuerza, el desdén hacia la población también forman parte de la cuota de responsabilidad de quienes conducen al Estado u otras instituciones influyentes en nuestra sociedad.

Sobre este asunto, ¿fue exageración o una calificación injusta lo afirmado por la CVR? Lamentablemente, no; hoy, en medio de la convulsión social, el mismo egoísmo, el mismo celo, el mismo apetito de poder se han hecho oír de parte de autoridades o dignatarios frente a la necesidad de tender puentes entre Estado y sociedad. La misma actitud de quienes ayer optaron cerradamente por la fuerza, dando la espalda a las poblaciones, se ve confirmada hoy por gestos y dichos que ponen obstáculos en el camino del diálogo en lugar de apoyar con franqueza y generosidad a quienes tienen la difícil tarea de ponerlo en práctica.

El tiempo confirma amargas verdades, señala la repetición de tendencias y conductas que deberían haber cambiado. Quienes se equivocaron ayer se vuelven a equivocar hoy. Nos falta, parece, propósito de enmienda.

>>Fuente: La República

 

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