13/04/2021

Marylía Cruz: “Si tenemos todos algo en común es que estamos muy divididos”

 Por Juan Takehara Mori

En el año del bicentenario, millones de peruanas y peruanos salieron a sufragar con reservas, tanto por el miedo al contagio del COVID-19 como por disgusto por la fragilidad política de nuestro país. El resultado de esta primera vuelta ha sido la preferencia por dos candidatos a la presidencia con propuestas populistas.

La sorpresa – si es que podemos llamarla así – ha sido el surgimiento de Pedro Castillo, quien ha ocupado el primer lugar con 18%. Conversamos con Marylia Cruz, politóloga y docente en la Escuela de Gobierno y Políticas Públicas de la PUCP, quien analiza algunos de los criterios que han primado en la decisión de los electores en esta elección.

¿El primer puesto de Pedro Castillo en esta primera vuelta confirma las proyecciones de los últimos días?

Sí, definitivamente. Hace dos o tres días ya se reafirmaba que Pedro Castillo tenía una relativa ventaja sobre los otros candidatos. Y quizás donde estaba más la preocupación era en quién iba a pasar a segunda vuelta con él. Hace una semana nadie veía este escenario, pues parecía que había otras candidaturas arriba en las encuestas. En realidad, lo que había era un empate. Hemos estado observando esa constante igualdad con bajos porcentajes y no con aprobaciones de 20% o 30%, como estábamos acostumbrados a ver en ediciones anteriores.

También se corrobora que los números más sólidos vienen de las encuestas a boca de urna.

Es que cuando estás en un escenario con tantas agrupaciones políticas – son 18 candidaturas – hay un alto porcentaje de personas que todavía no han decidido su voto. Ahí las encuestas pierden ese recojo porque hay mucha gente que elige al final. Más que tomar una decisión desinformada, esperan para elegir hasta ver el último gesto. Por ejemplo, cuando vemos cuáles han sido los candidatos que presentaron un desayuno populoso y derrochador, esa imagen puede ayudar a decidir. Por eso el resultado del sondeo en boca de urna es bastante cercano a lo que vamos a tener al final.

Dos datos que aparecían en los sondeos finalmente no se verificaron: un alto ausentismo y masivos votos blancos o viciados. ¿Qué cree que sucedió al final?

Creo que es recién en la cola donde resolvemos porque no elegimos programáticamente. Nuestras decisiones deben más a las actitudes que nos muestran los candidatos, a lo que simbolizan, a lo que promueven. Si bien es cierto que en Lima no se vio a Pedro Castillo como una fuerza de alto apoyo electoral, en las regiones ya estaba voceado, pero eso solo se registró en las últimas encuestas. La gente evalúa hasta el final. Se puede pensar en un voto racional cuando se elige el candidato que en ese instante te representa. Lo de mostrar sus desayunos fue importante: el mismo día y en plena pandemia, mucha gente ha percibido a políticos que siguen de espaldas al pueblo. Hay muchas personas que han empeñado todo lo que tienen para salvar a un familiar, y de pronto prenden el televisor y ven mesas con chicharrones, cuyes, bailes… Eso es un mensaje muy fuerte.

“La prensa se quedó absorta porque pensó que su rival más fuerte era Verónika Mendoza, pero en provincias lo que se respiraba era distinto”

Pero la mayoría de los candidatos ostentaron sus desayunos. Quizá la aceptación o rechazo tenga que ver con dónde lo haces y sobre todo con qué naturalidad lo muestras.

Eso mismo. En el caso de Castillo me parece que fue bastante más sobrio; y Keiko dijo que estaba desayunando avena porque así también lo hizo en la cárcel, buscando ser menos opulenta que en otras elecciones. Creo que la gente dijo “bueno, han mostrado sus desayunos, pero al menos con moderación”.

¿Cómo analiza la reacción de los medios cuando Castillo superó a Mendoza?

La prensa se quedó absorta porque pensó que su rival más fuerte era Verónika Mendoza, pero en provincias lo que se respiraba era distinto. La sensación era que Mendoza no estaba vinculada a los intereses de los votantes. El ala progresista no ha sido tan fuerte porque los valores que más se defiende son los tradicionales. Sobre Castillo, la gente ha sopesado el hecho de que, si bien tenía un pasado sindical, no ha ocupado un cargo político. Han pensado: “votamos por alguien que ha salido a las marchas de noviembre y que ha participado en la huelga de maestros como profesor rural”. La campaña de Castillo ha sido “yo soy como tú”, mientras que la de Mendoza fue: “yo soy capaz” y ha generado más alcance en Twitter e Instagram, pero eso llega solo a quienes tienen acceso a internet. En las redes sociales la imagen pesa mucho, pero hay mucha gente que antes de pensar en las imágenes piensa en qué va a comer.

Se vuelve a demostrar que no deberíamos sorprendernos cada vez que una gran parte del Perú vota contra lo que piensa la capital.

Somos un Perú polarizado con brechas muy marcadas; por ejemplo, las diferencias en el acceso a la salud y a la educación que se han evidenciado más en la pandemia. Es tan simple como ver que un niño que no tiene Internet o una computadora no puede estudiar y su familia que no puede darle ese recurso.

¿Los votos a Castillo son un gesto de confianza o una reacción de rechazo a todo lo que viene ocurriendo?

No creo que sea un rechazo absoluto a todo. Me parece que se ha elegido a alguien que es reconocido como cercano y que va a pensar primero en aquellos que tienen sus mismas carencias. Si uno quisiera elegir a alguien que quiere “cambiar todo” para empezar ni siquiera participas en elecciones porque éstas representan una institución democrática. Cuando postulas ya estás respetando las reglas de juego. El voto por Castillo es más por lo primero:  brindar la confianza a alguien que puede traer más servicios.

¿Cree que por el hecho de vivir en Lima los analistas dejan de tener interés por lo que ocurre en otras regiones?

Vivir en Lima puede sesgar un poco. Yo me encuentro en provincia y la mirada es diferente. La academia debería hacer más trabajo de campo. Eso incluye viajar y estar en constante contacto. Y si no se puede viajar, te puedes conectar a las radios de la región. Queda todavía una deuda  con la realidad. Basta comparar los problemas que discuten en una radio local con los tratados en un canal de Youtube. Si tenemos todos algo en común es que estamos muy divididos. Entender al Perú y a su heterogeneidad es siempre una tarea ardua.


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