Valeska Troncoso, académica chilena especialista en criminalidad, fue parte del conversatorio “Crimen organizado y derechos humanos en América Latina: desafíos y respuestas”, realizado en el auditorio José Dammert, en la Facultad de Derecho PUCP, en el marco del Concurso Yachay, organizado por el IDEHPUCP. Su ponencia, titulada “Crimen organizado, Derechos Humanos y movilidad forzada: del tráfico a la trata en América Latina”, dio alcances sobre cómo el tráfico ilícito de migrantes y la trata de personas convergen en una misma economía criminal basada en la desigualdad estructural. “En América Latina las rutas migratorias se transforman en corredores controlados por organizaciones transnacionales que operan como empresas: imponen deudas, utilizan tecnologías de rastreo y convierten la movilidad humana en una mercancía”, explicó.
Troncoso sostuvo que el cuerpo se ha vuelto el principal capital del crimen organizado y que la trata de personas es una forma extrema de violencia patriarcal. Puso énfasis, además, en que la criminalización de las víctimas, la falta de protección estatal y la desconexión entre políticas de seguridad y derechos humanos perpetúan el ciclo de vulnerabilidad. Para romperlo, plantea una respuesta regional que combine prevención estructural, persecución financiera, protección integral y cooperación internacional, con enfoque de género y empoderamiento económico para las mujeres.
Tras su ponencia, concedió esta entrevista.
Durante su conferencia mencionó el tema de las mujeres que forman parte de las organizaciones criminales y contó la historia de Wanda del Valle, conocida como la “bebecita del crimen” y parte del Tren de Aragua, encargada de la selección de sicarios. Esto me hizo pensar en cuántas mujeres terminan siendo piezas fundamentales dentro de las estructuras criminales, cuando normalmente se las imagina en tareas administrativas o de captación de mujeres para el ejercicio de la prostitución, pero no liderando sicarios. ¿Es Wanda del Valle un caso excepcional?
No, no lo es. Si revisamos un poco en la historia, uno de los casos más emblemáticos que podemos encontrar es el de Griselda Blanco, que en la serie que produjeron sobre su vida es representada por Sofía Vergara. Es una serie que definitivamente romantizó su figura e hizo que muchas jóvenes publicaran en sus redes sociales que querían ser como ella, porque era una mujer con poder. Pero lo que no mostró la serie es que Griselda también era una asesina. Ella controló el tráfico de cocaína hacia Estados Unidos y fue maestra de Pablo Escobar. Griselda ejerció un poder violento, como suelen ejercerlo las mujeres dentro del crimen organizado.
Entonces, digamos que estamos en un tiempo en el que el protagonismo de las mujeres en las redes de crimen organizado se ha vuelto más evidente
Sí, es así, aunque la narrativa del crimen organizado continúa siendo androcéntrica. Pero podemos ver los casos de Dublemis Roa y Wanda del Valle —la “bebecita del crimen”—, ambas integrantes del Tren de Aragua. Mientras Wanda se mostraba en redes viviendo una vida llena de lujos, Dublemis se mostraba como una “Don Juan”, con muchas parejas, en fiestas lujosas, en yates… y Wanda del Valle era la responsable de designar los trabajos a los sicarios y captar mujeres para prostituirlas y Dublemis de organizar fiestas para los miembros del grupo. Es otra cara de cómo se ejerce el poder dentro de estas organizaciones. En Chile también vimos casos como el de Antonella Marchant, quien lideraba a Los Marchant, clan familiar que levantó un imperio narco en Santiago; y el de Sabrina Durán, a quien los medios apodaron como “la narcoinfluencer”. Y con ellas pasó algo muy interesante de ver: ambas se conocieron en la cárcel, se enamoraron y luego la prensa fue olvidando que eran criminales para retratar su historia a un amor entre rejas.
La idea de “crimen organizado” ha dejado de ser visto como un problema de países ricos o desarrollados, de sofisticadas agencias de investigación policial o como un tema para tratar en la ficción. Ahora la idea de “crimen organizado” está instalada en toda la ciudadanía, relacionada sobre todo con la imagen del extranjero, del migrante. ¿Podríamos identificar el motivo por el que el crimen organizado se ha hecho más visible en los últimos años en la región?
Podríamos hacer una suerte de cronología, porque el crimen organizado existe desde el contrabando colonial y luego el decimonónico. Y tenemos, en la primera mitad del siglo XX, las redes criminales que se formaron a propósito de la Ley Seca en los Estados Unidos que luego fue retratada en “Los Intocables”. Entonces la ficción también se encargó de popularizar la idea de un crimen organizado que se expande en Estados Unidos como herencia de la mafia italiana que llega con la migración, como se ve en “El Padrino” o luego en “Los Sopranos”. En cualquier caso, el problema es el mismo: el extranjero que llega a “contaminar” de alguna forma la sociedad estadounidense.
A fines de los noventa surge la idea del “crimen organizado transnacional”, que es cuando se entiende que no es solo un problema interno, sino sistémico; aunque la responsabilidad termina siendo siempre de un otro. Kofi Annan tiene entonces un discurso sobre la otredad donde habla de la sociedad de los “civiles” y los “inciviles”. Y ese discurso se adapta de una forma perversa: los civiles son los estadounidenses, los inciviles los mexicanos, los latinoamericanos. Se utilizó mucho en el tema del narcotráfico contra Colombia y ahora se repite cuando se habla de los venezolanos, cuando se dice que “traen el crimen”, cuando la realidad es que las organizaciones se asientan en contextos de desigualdad y debilidad institucional. Lo que sucede con esos discursos es que mueven masas porque generan miedo y el miedo alimenta las medidas de securitización que la población termina aceptando, como estados de emergencia, medidas excepcionales, militarización, etc.
¿Cómo podemos introducir un análisis de género para entender a las organizaciones criminales?
Falta reconocer la diversidad de roles femeninos dentro de estas redes y dejar de mirar solo los casos del narcomenudeo. Las mujeres en mandos medios y altos son fundamentales, pero invisibles. Las mujeres siempre han estado presentes en las organizaciones criminales, pero han sido invisibilizadas en los espacios reales e incluso en la ficción que los recrea, como el cine o la literatura. Siempre son notas al pie de página y nadie se preocupa por el rol que cumplen porque se supone que solo son apéndices de los hombres. Se las presenta como “la esposa de”, “la hermana de”, “la hija de”, sin reconocer que muchas manejan las finanzas, las redes de trata o son responsables del lavado de dinero. Las invisibilizan las estructuras de poder, los discursos mediáticos, incluso los académicos, pero también las fuerzas de seguridad. Se subestima el papel que tienen, y las fuerzas de seguridad priorizan a los hombres. ¿Qué es más mediático? ¿Detener al Chapo o a Emma Coronel? Al Chapo. Pero también por la figura que se ha construido en torno al Chapo, que no se ha construido alrededor de su mujer, quien también es pieza fundamental en la organización: no olvidemos que ella ayudó a fugar al Chapo. Como dijo un fiscal en Uruguay: “vamos por los peces gordos”. No hay recursos para perseguir a las mujeres, y además opera un sesgo de género positivo: “los hombres están presos, hay que proteger a los niños, así que dejemos a las madres libres”. Siguiendo con el ejemplo del Chapo, esto de que “las mujeres tienen que cuidar a los niños para tratar de que no crezcan en un ambiente no criminal”, fue el argumento por el que Emma Coronel quedó libre. La enviaron a cuidar los niños. Pero, ¿qué nos garantiza que Emma Coronel no sigue siendo parte de un ambiente criminal?
¿Ese sesgo se refleja en las sentencias?
Sí, por supuesto. En Brasil hemos visto mujeres condenadas a cinco años de prisión por lavado de dinero, mientras los hombres, por el mismo delito, recibían 20 años. Y con esas penas, es común que haya mujeres que no cumplan su sentencia en prisión, sino en casa, con arresto domiciliario. ¿Por qué se las enviaba a casa? Por un tema de recursos o para que se ocupen del cuidado de los hijos. El problema es que muchas se fugaban, y si se las volvía a atrapar las volvía a enviar a casa con arresto domiciliario y se les ponía una tobillera…y volvían a escaparse. Aquí vale aclarar que hay una benevolencia hacia las mujeres, pero solo cuando se trata de rangos medios y altos, que además suelen ser profesionales, pues las organizaciones criminales tienen contadoras, abogadas, ingenieras y profesionales mujeres en distintos rubros; algunas son parte de clanes familiares y otras captadas desde fuera. Y aquí hago un paréntesis: Muchas de estas mujeres con educación son profesionales que aplican pensamiento estratégico. También hay matrimonios arreglados por conveniencia, no por amor, igual que en la colonia, pero ahora al servicio de las economías ilícitas. Así, las mujeres sirven a estas estructuras que finalmente funcionan como empresas: tienen jerarquías, finanzas y objetivos claros.
Y retomando el tema de las sentencias, quienes son atrapadas por narcomenudeo no tienen la misma suerte. A ellas no les dan arresto domiciliario. A ellas les quitan los hijos y las dejan en prisión en condiciones lamentables. Y cuando salen, su reinserción es muy complicada, porque regresan a entornos muy precarios y no suelen contar con apoyo familiar. En cambio, las mujeres de mandos medios y altos que salen de prisión suelen tener recursos económicos, familia, hogar…todo para reinsertarse socialmente.
En su ponencia dijo una cosa muy potente: la trata de personas, relacionada a organizaciones criminales, responde a una estructura totalmente patriarcal. Y, también, mencionó que las redes sociales han llegado a cumplir un importante en el funcionamiento de estas redes. ¿Puede desarrollar un poco ambas ideas?
Claro. Hoy el ciberespacio es la vía más fácil y más difícil de combatir. Por un lado, están las organizaciones usan redes para captar personas con falsas ofertas laborales o promesas afectivas. A través de la “dark web” múltiples delitos pueden cometerse en el total anonimato. Pero también sucede que la narcocultura se idealiza en las redes cuando tienes personas como Wanda de Valle que se presentan como símbolos de superación, muestran un estilo de vida al que muchas personas, sobre todo chicas jóvenes, aspiran, sobre todo porque ven que eso es inalcanzable desde sus entornos. Personas como la “bebecita del crimen” crean comunidades y sensación de pertenencia, y sus redes sociales son el gancho para captar a muchas chicas que luego son introducidas en redes de trata.
Chicas que al ser rescatadas reciben críticas por “haber caído en un engaño”
Exacto. Se les recrimina por ello, se duda de su testimonio, se las deporta. Es una mirada profundamente patriarcal y deshumanizante. Las víctimas de trata quedan sin apoyo, sin documentos, sin futuro. Y si regresan a su país, muchas vuelven a ser explotadas.
¿Hay países donde las víctimas tengan más posibilidades de rehacer su vida?
En Latinoamérica, prácticamente no. Si los ciudadanos comunes carecen de apoyo, imagina las víctimas de trata. Es un círculo vicioso: las mujeres que intentan salir del crimen o de la explotación regresan a entornos donde siguen controladas. Mientras no se combatan las causas estructurales —pobreza, violencia, falta de oportunidades— seguiremos criminalizando a las víctimas y dejando impunes a los verdaderos responsables.



