Por: Andrés Paredes (*)
Una idea llena de incertidumbre y temor deja poco a poco el terreno de la ficción. Su silueta parece reconocible en el horizonte: la humanidad sustituida por su creación. La tecnología dedicada a desarrollar inteligencia artificial demuestra una aceleración que comienza a dar vértigo no solo a la ciencia, que sigue sus pasos y cada vez entiende menos sus procesos, sino también a la religión, esa antigua maestra de los misterios esquivos a la razón humana. El Papa León XIV, líder de la fe organizada más grande del planeta, aborda en su reciente encíclica el desafío de una posible mente no humana, su instrumentalización, sus riesgos y sus posibilidades. El título del documento es una llamada de resistencia a la sustitución de la mente por la máquina: Magnifica Humanitas.
Esta encíclica representa un hito del arco dramático de la Iglesia Católica versus los cambios en los medios de producción. El primer documento importante del pontificado de León XIV, que se preocupa por la revolución del trabajo conceptual automatizado, encuentra su precuela en la Rerum Novarum de León XIII en el siglo XIX, respuesta doctrinal ante la revolución industrial y las injustas nuevas condiciones del trabajo material. La elección del nombre papal del peruano-estadounidense Robert Prevost ha sido bien meditada y calculada por este matemático de carrera.
Magnifica Humanitas es un llamado a no olvidarse de la dignidad del ser humano, que dentro de la doctrina católica es una emanación de la divinidad de un único Dios. Los instrumentos teológicos de dos mil años bajan de las alturas para ser usados como salvavidas de un individuo que se ahoga en veloces cambios materiales, y ahora existenciales, originados en un período de tiempo que es un parpadeo comparado con las decenas de miles de años del homo sapiens en la Tierra.
El documento papal advierte sobre las pocas manos humanas que acumulan el control en un poder sin precedentes, de una magnitud mucho mayor que la de la misma revolución industrial que motivó la Rerum Novarum. Para ello, León XIV recurre a varias metáforas de la cultura humana, entre ellas a la profunda fantasía de J.R.R. Tolkien y sus personajes enfrentados a la tentación de un poder absoluto. La cita de Gandalf sobre el rechazo a “controlar las mareas del mundo” para abocar la limitación de la vida a dejar un mundo mejor y combatir el mal de los tiempos que corresponde evoca un espíritu de lucha ante un horizonte ominoso, pero que no pierde la esperanza. Esta apelación al imaginario de la Tierra Media tiene además un propósito extra: enfrentar al recurrente uso del poderoso imaginario tolkieniano de personajes como Peter Thiel y su compañía Palantir, compañía de vigilancia colectiva y algorítmica nombrada por un objeto mágico de la Tierra Media.
Se advierte de un mundo que, al intentar ser dominado por menos manos, necesita un énfasis en soluciones multilaterales. El escrito de León XIV incide en el refuerzo de las organizaciones de cooperación e integración globales, actualmente bajo el ataque retórico y material de una nueva tecno oligarquía y de estados que se desenganchan de sus compromisos globales. Esta postura puede encontrar resistencia en los sectores de la Iglesia con discursos de temor ante el “globalismo” que provienen desde los sectores más conservadores y antiliberales del pensamiento, entre ellos posiciones desde el cristianismo ortodoxo del ruso Alexander Dugin.
Las consideraciones doctrinales sobre lo que se considera “guerra justa” son puestas en cuestión de manera directa en el documento. Se expone el peligro que diversas narrativas interesadas armen casos que terminan en un extendido sufrimiento humano en nombre de causas falsamente correctas. Aquí encontramos una consolidación del enfrentamiento del pontífice católico con un personaje con ínfulas imperiales como Donald Trump, quien es apoyado por una base electoral de mayoría cristiana y donde los curiosos de la historia pueden encontrar ecos de un clásico enfrentamiento entre Papado e Imperio de más de un milenio. Pero el cuestionamiento no solo obedece a la guerra de Irán de 2026 sino también a episodios pasados que deterioraron el orden internacional y la fortaleza de instituciones multilaterales, como la guerra de Irak en 2003.
Los diversos flancos por donde entra Magnifica Humanitas plantean la resistencia antes las ideas y poderes que desfilan triunfantes en este primer tercio del siglo XXI: señores tecno-oligarcas, presidencias imperiales, pensadores de ideas supremacistas del interés particular o del Estado por encima del interés común global, plasmada en la aspiración a una “civilización del amor”, e incluso posiciones dentro de un catolicismo afectado por diferentes fracturas. Pero en el corazón de la encíclica yace el mensaje de evitar subyugar a la humanidad ante la tentación de la máquina, en una época en la que las diferencias entre una naturaleza y otra entra en más cuestionamiento y donde el provecho de pocos puede significar la eventual ruina de todos.
(*) Comunicador e internacionalista.



