¿Qué significa recordar en un país marcado por la violencia, la desigualdad y las heridas que aún permanecen abiertas? Recordar también implica preguntarnos qué hacemos hoy, en el presente, con aquello que ocurrió. Qué voces escuchamos, cuáles permanecen ausentes y qué sociedad queremos construir a partir de esas memorias.
Con esa perspectiva, la Pontificia Universidad Católica del Perú lleva a cabo anualmente el Mes de la Memoria PUCP, una iniciativa que en 2026 ha tenido como lema “Memoria para la Justicia” y que convoca a la comunidad universitaria a reflexionar sobre la memoria, la verdad, la justicia y la defensa de los derechos humanos. En este marco, el Instituto de Democracia y Derechos Humanos (IDEHPUCP), la Dirección Académica de Responsabilidad Social (DARS) y la Dirección de Asuntos Culturales (DACU), unieron esfuerzos para sacar adelante distintas actividades que abordaron la memoria desde la investigación, la formación, el arte, el testimonio y el diálogo intergeneracional.
La apuesta por hacer memoria adquiere especial relevancia en el contexto peruano. A más de dos décadas de la entrega del Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, persisten debates y disputas en torno a cómo comprender el periodo de violencia que atravesó el país entre 1980 y 2000, cómo reconocer a sus víctimas y cómo enfrentar las condiciones que hicieron posibles graves vulneraciones de derechos humanos.
Uno de los espacios que permitió acercar esta reflexión a las y los estudiantes fue la visita a la muestra fotográfica Yuyanapaq. Para recordar, realizada en el Ministerio de Cultura. La actividad convocó a 36 alumnas y alumnos de la PUCP, quienes recorrieron la exposición y se aproximaron, a través de sus fotografías y testimonios, a distintos rostros y experiencias de la violencia vivida por el país. El recorrido fue guiado por personal de la Defensoría del Pueblo.
La experiencia permitió reconocer el valor de los espacios de memoria para mantener vigentes las historias de quienes fueron afectados por la violencia y para propiciar nuevas preguntas entre las generaciones que no vivieron directamente esos acontecimientos. En esa transmisión se encuentra uno de los principales desafíos de la memoria: evitar que el paso del tiempo se convierta en olvido y que el olvido contribuya a naturalizar nuevamente la violencia.
Esta preocupación estuvo también presente en el encuentro realizado en la PUCP en el marco del proyecto Memoria transgeneracional: diálogo, género e incidencia para fortalecer los procesos democráticos y de justicia, impulsado por el IDEHPUCP. La iniciativa tiene como premisa que las nuevas generaciones no solo reciben las memorias del pasado, sino que pueden reinterpretarlas, discutirlas y convertirlas en herramientas para intervenir en el presente. El encuentro permitió dialogar sobre el papel de las y los jóvenes en los procesos de construcción de memoria, justicia y democracia, así como sobre la importancia de incorporar una perspectiva de género en estas discusiones. Desde esta mirada, la memoria no es estática ni constituye un relato único; es un proceso vivo en el que diferentes experiencias y voces disputan el sentido de lo ocurrido y su significado para el presente.
El arte fue otra de las puertas de entrada a esta discusión. En el conversatorio Arte y memoria: creación, testimonio y disputas por la memoria en el pasado y presente, se reflexionó sobre las posibilidades de la creación artística para preservar testimonios, visibilizar experiencias y construir otras formas de aproximarse a la violencia y sus consecuencias.
El espacio contó con la participación de Edilberto Jiménez, artista y antropólogo ayacuchano; Salomón Lerner Febres, rector emérito de la PUCP, presidente emérito del IDEHPUCP y expresidente de la Comisión de la Verdad y Reconciliación; Iris Jave, investigadora senior del IDEHPUCP y docente de Ciencias Sociales; y María Angélica Pease, directora de la Dirección Académica de Responsabilidad Social (DARS). El diálogo permitió abordar la memoria como un territorio en disputa, en el que el testimonio, el arte y la investigación contribuyen a ampliar las formas de comprender y transmitir experiencias que no deben ser relegadas al silencio.
La formación de estudiantes también se trabajó con las y los integrantes del Voluntariado Cultural de la DACU. Este equipo participó en una sesión formativa y un recorrido guiado por los espacios de memoria del campus universitario. La actividad estuvo a cargo de Iris Jave, coordinadora del Área de Relaciones Institucionales y Proyectos del IDEHPUCP, y permitió reconocer que la construcción de memoria también ocurre en los espacios cotidianos de la Universidad.
Estas experiencias se articularon, además, con otras iniciativas de memoria y reconciliación. La participación del IDEHPUCP en el Mes de la Memoria PUCP es parte del compromiso de la institución de hacer memoria como forma de defender la democracia y los derechos humanos, reconocer a quienes fueron víctimas de la violencia, cuestionar los silencios y las narrativas que han invisibilizado sus experiencias y comprender que las vulneraciones de derechos no pertenecen únicamente al pasado.
En tiempos en los que persisten discursos que relativizan la violencia, cuestionan las políticas de memoria o reducen la defensa de los derechos humanos a una discusión sobre el pasado, mantener viva la memoria adquiere una dimensión profundamente política. La memoria no es un ejercicio de nostalgia; es una herramienta para transformar el presente, fortalecer la democracia y construir un futuro en el que la verdad, la justicia y los derechos humanos ocupen un lugar irrenunciable.



