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Entrevistas 28 de abril de 2026

Hablar de derechos humanos implica, inevitablemente, hablar de democracia. Al respecto, el jurista brasileño Antonio Maués considera que ambos conceptos no solo están profundamente vinculados, sino que atraviesan una crisis compartida. Tras décadas de avances desiguales, la región enfrenta un escenario marcado por la desconfianza institucional, el auge de discursos autoritarios y la creciente demanda por soluciones inmediatas frente a problemas estructurales como la inseguridad y la desigualdad.

Con casi 30 años de trayectoria en el estudio de los derechos humanos desde el derecho constitucional, Maués propone una lectura que combina perspectiva histórica y análisis político. En esta entrevista reflexiona sobre los límites de la democracia en contextos de alta desigualdad, advierte sobre los riesgos del “punitivismo” como respuesta a la crisis de inseguridad y sostiene que la salida pasa por reconstruir alianzas amplias en defensa de los derechos humanos y fortalecer políticas públicas de inclusión y redistribución.

Usted investiga y trabaja en el campo de los derechos humanos desde hace bastante tiempo ¿Qué ha visto cambiar, en lo que va del siglo, en la forma en que se interpretan y valoran los derechos humanos en la región?

Puedo empezar por mi experiencia personal. Como mencionaste, llevo casi 30 años trabajando en derechos humanos, principalmente desde el derecho constitucional. Mi acercamiento no viene tanto del derecho internacional, como en el caso de otros colegas, sino desde lo constitucional. En estos 30 años sí ha habido avances. Nuestras sociedades latinoamericanas tienen hoy más conciencia sobre la importancia de los derechos humanos que hace tres décadas. Sin embargo, esos avances no son continuos, ni sostenibles, ni sistémicos. Se progresa más en algunos campos que en otros, e incluso en aquellos donde hay avances, también se registran retrocesos.

En términos generales, sí ha habido progreso en la región, pero lo que falta es que esos avances se mantengan en el tiempo. Por ejemplo, en países como Perú y otros de América Latina se vivieron procesos de justicia de transición que luego sufrieron retrocesos. No hay conquistas garantizadas en derechos humanos: nuestras sociedades necesitan movilizarse constantemente para defenderlos. Al mismo tiempo, esa es la razón de la importancia del trabajo de instituciones como el IDEHPUCP y de espacios como este Encuentro en el que participaremos. Es en momentos de crisis democrática y del Estado de derecho cuando los derechos humanos se vuelven más importantes. Cuando las sociedades enfrentan polarización política y dificultades para construir acuerdos básicos sobre su futuro, los derechos humanos se vuelven indispensables. Permiten que todas las personas reciban igual respeto y consideración por parte del Estado y establecen estándares necesarios para superar estas crisis.

Las crisis de derechos humanos suelen estar atravesadas por crisis políticas. En los últimos años, la región —y el mundo— ha vivido muchas de estas crisis. ¿Qué ha pasado para que se debilite el consenso básico de que todas las vidas valen?

Creo que la crisis actual de los derechos humanos está muy asociada a la crisis de la democracia. Por eso, en mi ponencia en el XXI Encuentro de DDHH del IDEHPUCP hablaré sobre erosión y reconstrucción democrática. La democracia no es solo regla de mayoría ni únicamente democracia electoral. Es indispensable que haya elecciones libres, justas e imparciales, pero también existe una dimensión sustantiva: un régimen democrático se basa en el respeto a los derechos humanos fundamentales.

En América Latina, tras las transiciones democráticas —en Perú después del fujimorismo— se construyó un orden jurídico orientado a garantizar derechos. Ese fue un discurso hegemónico compartido por distintos sectores políticos. Sin embargo, en la última década, especialmente tras la crisis del capitalismo global de 2008-2009, la democracia empezó a tener dificultades para responder a las expectativas de la población, sobre todo en sociedades tan desiguales como las nuestras. A esto se suma la aparición de sectores políticos abiertamente antidemocráticos, que defienden gobiernos autoritarios y han logrado apoyo electoral. Muchas personas han empezado a creer que la democracia no es la solución. Esta crisis de la democracia debilita inevitablemente los derechos humanos. Si la población pierde confianza en la democracia, también pierde interés en el discurso de los derechos, percibiéndolos incluso como herramientas que benefician a élites.

Esa es una forma de entender los retrocesos actuales. Pero hay algo muy importante: los derechos humanos no están muertos. Siguen siendo un discurso capaz de convencer a la gente de que es mejor vivir en un Estado que los respete que bajo un régimen autoritario. Lo que se necesita es que los sectores que aún creen en los derechos humanos —aunque tengan diferencias— trabajen juntos para enfrentar los ataques autoritarios y reconstruir el vínculo entre democracia y derechos humanos. Ambos deben avanzar juntos y se refuerzan mutuamente.

¿Usted cree que estas crisis democráticas pudieron evitarse o son parte de un proceso cíclico?

Es una pregunta metodológica importante. Desde un enfoque académico, debemos empezar por analizar las estructuras económicas, sociales y políticas. La crisis global de 2008-2009 generó inestabilidad política en todo el mundo, aprovechada por la extrema derecha y el populismo autoritario. Estas dinámicas estructurales explican parte del fenómeno. Sin embargo, comprender las estructuras no significa negar la capacidad de acción humana. Las personas pueden reaccionar y defender la democracia y los derechos humanos. La prueba es que, aunque todos los países de la región enfrentaron inestabilidad, las respuestas han sido distintas. En algunos casos, los sectores autoritarios llegaron al poder —como en Brasil en 2018— pero luego fueron derrotados, o moderaron sus posiciones.

Esto demuestra que es clave organizar alianzas entre sectores democráticos —liberales, socialistas y otros— para resistir a los actores autoritarios. Además, no hemos regresado completamente a las dictaduras cerradas de los años 60 y 70. Incluso los gobiernos con tendencias autoritarias mantienen ciertos mecanismos democráticos. Eso también es una conquista. Aunque parte de la población ha perdido confianza en la democracia, sigue existiendo un sector importante que cree en ella. Esto abre un espacio para la acción. En ese sentido, políticas públicas de redistribución e inclusión —especialmente para mujeres, pueblos indígenas y población afrodescendiente— han sido fundamentales para fortalecer la democracia. Son decisiones políticas que pueden impulsar coaliciones comprometidas con los derechos humanos.

En el Perú las políticas públicas inclusivas están siendo relegadas ante la demanda por políticas públicas enfocadas en la seguridad ciudadana. Esto ha impulsado discursos autoritarios, lo que ha producido que muchos políticos prometan que apelarán al modelo de Bukele. ¿Cuáles son los riesgos de este escenario?

No hay otra forma de contrarrestar ese modelo que mediante la implementación y expansión de políticas sociales. El discurso de “mano dura” tiene gran aceptación porque la seguridad es una preocupación central en la región. Sin embargo, es un enfoque de corto plazo: puede reducir temporalmente la violencia, pero a costa de debilitar el Estado de derecho y generar problemas más graves, como corrupción y violencia estructural.

La solución sostenible pasa por políticas sociales: redistribución, educación, salud e inclusión. Estas políticas mejoran la vida de las personas y fortalecen la democracia. Incluso gobiernos con agendas neoliberales radicales, como el de Bolsonaro, no lograron desmontar completamente estas políticas, lo que muestra su importancia. Es fundamental seguir defendiendo estas medidas, incluso en contextos adversos.

(*) Periodista. Encargada de prensa IDEHPUCP.


Antonio Maués brindará la conferencia magistral “Erosión y Reconstrucción Democrática” el lunes 4 de mayo a las 6:00 p.m. en el auditorio de Humanidades del campus PUCP.  El ingreso es libre previa inscripción. Inscríbete aquí.

Conoce el programa completo del XXI Encuentro de Derechos Humanos aquí.