El miércoles 6 de mayo se desarrolló la tercera jornada del XXI Encuentro de Derechos Humanos, cuyo tema central fue “la esfera pública en crisis”. ¿Qué ocurre cuando no hay un consenso mínimo entre los actores políticos? La polarización aumenta y el diálogo se vuelve más difícil de conseguir. En este sentido, la jornada propuso hipótesis puntuales y críticas constructivas sobre el actual proceso electoral, centrándose especialmente los dilemas que la ciudadanía enfrenta en el ecosistema digital donde los algoritmos se sobreponen a los hechos y la información contrastada.
La mesa 3, titulada “Desinformación, polarización y discurso de odio,” contó con la participación de Marisol Castañeda, magíster en Gerencia Social, comunicadora y directora de A.C.S. Calandria; Jacqueline Fowks, periodista y docente universitaria; y María Mendoza, periodista, doctora en Sociología y docente universitaria.

Las panelistas ahondaron en los mecanismos que fracturan el debate público mediante la manipulación informativa y la posverdad. Marisol Castañeda resaltó que la estructura tecnológica sirve como fondo de esta problemática porque existen incentivos económicos, como la viralización, y dinámicas sociopolíticas que ya no repercuten en el aspecto ideológico de un debate, sino, más bien, en la desconfianza y los casos de corrupción de algún candidato/a. Además, añadió que la inteligencia artificial debería estar integrada en una alfabetización digital porque fortalecería el tejido social y por tanto la democracia y la convivencia.
Jacqueline Fowks profundizó en la configuración del poder actual en el sistema de la desinformación, especialmente a las alianzas y los financiamientos de algunas empresas tecnológicas con medios que tienen intereses particulares sobre el interés común y la defensa del derecho a la comunicación. Citó el ejemplo de Brasil, cuando Twitter fue denunciado por la desinformación durante su proceso electoral, lo cual podría haber sido evitado de existir un equilibrio de poderes real. La irresponsabilidad detrás de una campaña de desinformación no depende solo de una persona; por el contrario, depende de una articulación entre bots, entidades públicas y agrupaciones internacionales que buscan beneficiar a sus pares.
Finalmente, María Mendoza señaló que la fragmentación de la esfera pública no es nueva, debido a que su vigencia es de dos décadas en el país. “La esfera pública de Jürgen Habermas ha quedado en el pasado porque ahora en esta esfera yacen pequeños nichos informativos, muchas veces cargados solamente de emoción”, dijo. Durante su exposición profundizó en el tema, explicando que en estos nichos abunda la actitud esta es mi forma de pensar, la cual se sustenta con una verdad a la carta que individualiza y debilita a la democracia” y, más aún, destruye los hechos y los hace pasar por inventos, discursos: la normalización de la mentira se apoya en la hiperconexión, dado que la información falsa se comparte entre círculos que se convencen de ello.
La mesa 4, titulada “Análisis del discurso político en tiempos digitales”, reunió a Fiorella Ferrari, oficial de activismo de Hiperderecho, comunicadora especialista en género y tecnología; Eduardo Villanueva, decano de la Facultad de Ciencias y Artes de la Comunicación de la PUCP, investigador y docente; y Paula Cantuarias, consultora en relaciones corporativas y Country manager Dinamic Company.

El eje central de esta mesa fue la influencia de las redes sociales dentro de los temas que se discuten en política. Más aún, ¿es posible tener un debate público cuando abunda tanta información como desinformación en la internet? Fiorella Ferrari recalcó que las redes sociales y otras plataformas en la red no son neutrales, ya que tienen una lógica de recompensa que responde al conflicto y al morbo. A partir de su experiencia trabajando en Hiperderecho —una organización de sociedad civil, ha intervenido en plataformas como Meta para contextualizar expresiones locales como “terruquear” que no eran moderadas— ahondó en el problema que supone el acceso desigual a internet.
En su intervención, Eduardo Villanueva agregó que, bajo la lógica orientada al capital y la atención, los discursos racistas, sexistas o polarizantes se amplifican y consiguen refuerzo de creencias previas, creando “burbujas de atención”. Así, las redes sociales son una versión moldeada de nuestras interacciones y preferencias. Finalmente, Paula Cantuarias concluyó que el ecosistema digital permite segmentar de manera más precisa al público objetivo en campañas, ya que da cuenta del consumo que hace en internet. Entonces, el contenido se puede amplificar de manera orgánica y por medio de pago, al margen de la ideología de la candidatura.
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