27/08/2013

Leigh A. Payne: "¿Cómo podemos llevar a este país a una verdad más amplia, más abierta, más tolerante y más respetuosa de los derechos humanos?"

Leigh Ann Payne es profesora del Departamento de Sociología del Centro para Latinoamérica de la Universidad de Oxford, en Reino Unido. Durante el reciente Seminario Internacional Políticas en Justicia Transicional, presentó la ponencia “Testimonios perturbadores: Ni verdad ni reconciliación en las confesiones de perpetradores del Estado”. Conversamos con ella acerca de la viabilidad y eficacia de los modelos de comisiones de la verdad para alcanzar los objetivos de la justicia transicional. Asimismo, compartió algunas de sus experiencias sobre esta materia.

Usted mencionó en su ponencia que el modelo de la comisión de la verdad no habría cumplido con los objetivos que plantea la justicia transicional debido a las altas expectativas que generan estos grupos de trabajo frente al tema de la reconciliación.

Hago algunas precisiones al respecto. Creo que uno de los problemas de las comisiones de la verdad es que  despertaron muchas expectativa, pues, con su formación, se pensó que se arribaría a la verdad, la reconciliación y que, incluso se ocuparían de las reparaciones. Sin duda, estas son expectativas muy altas para cualquier comisión que haya sido creada inmediatamente después de un periodo de violencia de gran magnitud como el vivido por los peruanos y por otros países. En ese sentido, considero que habría que bajar un poco las expectativas que recaen sobre los objetivos de estas comisiones, lo cual sería una expectativa realista en este momento donde se está tratando de dar respuesta a la violencia sufrida por muchos países.

Lo que buscaba exponer en mi presentación es que muchos de los objetivos de las comisiones de la verdad no se podrán cumplir. Sin embargo, existen otros aspectos que, a pesar de que nunca fueron pensados como objetivos, surgen a partir de la experiencia y tal vez son los más importantes. Quería mostrar esta situación a partir de la experiencia de la confrontación en audiencias entre víctimas y perpetradores. Normalmente, tendríamos demasiado miedo de poner en una misma sala a estos dos grupos hablando el uno con el otro. Lo pude observar durante una audiencia pública de la Comisión de la Verdad y Reconciliación de Sudáfrica. Aquella vez, tanto las víctimas como los perpetradores hicieron su ingreso por diferentes puertas, ni siquiera pudieron sentarse uno al lado del otro. Lo inesperado fue que en varios momentos de la audiencia las victimas quisieron hacer uso de la palabra. Creo que estos son algunos de los momentos emblemáticos de una comisión de la verdad. Otro punto que quería señalar con mi presentación es que no se puede ordenar a las víctimas hablar con sus perpetradores. Arribar a este punto surge de las posibilidades y de la apertura a este tipo de experiencias. Creo que las comisiones de la verdad que se encuentran abiertas a estas posibilidades son aquellas que tienen mayores posibilidades de llegar a una conclusión más cercana a la verdad.

Entonces, en su opinión, si bien las comisiones de la verdad no van a resolver todas las expectativas que se generan sobre ellas, al menos pueden colocar en la agenda algunos temas como el fomento del respeto a los derechos humanos y la promoción de los valores democráticos.

En un país que ha vivido dentro de un sistema autoritario no se practican estos valores democráticos. Existe una intolerancia al intercambio de ideas, a las personas que piensan de forma diferente, por lo que las comisiones de la verdad tienen el potencial de reforzar estos valores autoritarios y no construyen un futuro diferente. Estaba pensando en los casos en los que las listas de víctimas beneficiarias de reparaciones no incluyen a los llamados subversivos. Me preocupa cuando estas comisiones afirman que es imposible tener una ley de reparaciones que admita subversivos en las listas de víctimas. En ese sentido, considero que una comisión de la verdad tiene que pensar en cómo una sociedad puede superar esto. No podemos decir que estos subversivos merecen ser tratados como animales y no como seres humanos. Si bien en un país con estado de derecho estas personas tendrán que ir a la cárcel por sus crímenes, pero ¿tienen que ser ejecutados o torturados o violados? Considero que no podemos “colocarlos en una caja” sosteniendo que no merecen ser respetados sus derechos humanos, ¿por qué?, ¿por qué no son seres humanos?, ¿por qué no son ciudadanos? Ellos también merecen que sus derechos humanos sean respetados, si bien tienen que ser castigados por todos los crímenes que han cometido, no pueden ser tratarlos como si no fuesen seres humanos. Tenemos que empezar a repensar estas formas autoritarias, pensar en cómo todos tenemos los mismos derechos humanos porque somos seres humanos y no deshumanizar al subversivo. Me da un poco de miedo la situación de Perú porque no se está pensando en educar a los ciudadanos en que todos tenemos los mismos derechos y con ello no estamos diciendo que el terrorismo es aceptable o que tenemos que tolerar la subversión.

A diez años de la publicación del Informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, ¿percibe algún cambio en el Perú?

Sí. Por una parte, creo que hubo una transformación del pueblo peruano, hoy se piensa en derechos humanos y en las reparaciones de las violaciones cometidas. Sin embargo, también veo sectores de la población que se han cerrado y prefieren no pensar en la igualdad para todos. Hace un momento estuve hablando con Eduardo Gonzales sobre el tratamiento de la comunidad gay en Perú y comentábamos que la comisión de la verdad no pudo hablar de este grupo en particular. Esta constatación no quita que, como modelo de comisión de la verdad en América Latina, la CVR peruana tenga aspectos innovadores sobre las que tenemos que poner un poco de énfasis, tales como las audiencias abiertas o el tratamiento de género. Pero creo que sería una buena idea el ponernos a pensar en cómo difundir el trabajo de esta comisión. ¿Qué van a hacer las organizaciones no gubernamentales, los grupos de estudiantes y la sociedad civil en este momento tan importante en la historia del país? ¿Cómo podemos llevar a este país a una verdad más amplia, más abierta, más tolerante y más respetuosa de los derechos humanos?

De otra parte, uno de sus trabajos académicos se relaciona con mecanismos particulares de justicia transicional y cómo estos no sólo se quedan en una investigación sino que son transmitidos a quienes tienen que tomar decisiones sobre la materia ¿Podría señalarnos cuáles han sido estos aportes?

Actualmente, en la academia existen muchos estudios sobre el funcionamiento de las comisiones de la verdad. Considero que los investigadores juegan un papel importante al mostrar los modelos de comisiones que están funcionando, no solamente la parte de su diseño. Muchos diseños son bien estructurados pero no siempre pueden ser aplicados. Asimismo, los académicos cumplen un rol importante, al criticar los límites y pensar en cómo mejorar estas comisiones u otros procesos de justicia transicional. Una de las cosas más interesantes de nuestro trabajo fue  demostrar que la mayoría de las comisiones de  verdad  no estarían cumpliendo las metas políticas de democratización. Sin embargo, en algunos casos, donde la sociedad tiene una participación amplia, y el público tiene acceso al informe, estas comisiones tienen mayores posibilidades de alcanzar dichos objetivos. A manera de ejemplo, tenemos el caso de Brasil. Hace unos años, junto con un grupo de académicos fuimos a este país para presentarles los modelos de comisiones que existían en ese momento y cuáles habían sido sus efectos. Aquella vez, sostuve que la creación de una comisión de la verdad no era suficiente para mejorar la democracia de un país o los derechos humanos, sino que además se tenían que aperturar juicios.

A propósito de su experiencia en Brasil, nos podría contar un poco acerca de las comisiones de la verdad que se formaron a nivel regional, local e incluso universitario.

Brasil empezó la idea de tener comisiones informales. Luego de la dictadura militar, se tuvo el informe “Brasil: Nunca Mais”, apoyado por la iglesia católica. Los brasileños empezaron a hacer fotocopias de todos los archivos militares que estaban en Brasilia, aprovechando que se trataba de un régimen bastante burocrático, siendo conscientes que al final de la dictadura estos archivos serían destruidos, consiguieron armar treinta volúmenes de estos archivos de la represión y con estos elaboraron y publicaron el mencionado documento. Al día siguiente de que su puesta a la venta, los militares compraron todos los libros que encontraron, convirtiéndolo en un best-seller. Esta situación prueba que, en la historia de Brasil, no ha sido difícil encontrar grupos pequeños e informales que, al no tener expectativas en que el Estado o las comisiones nacionales vayan a tener un impacto sobre su situación, se hayan decidido a investigar y hacer las cosas por ellos mismos. Podría pensarse que estas comisiones o mini comisiones, tal vez tendrán un impacto mayor que la propia comisión de la verdad nacional, la cual planea hacer un recuento de lo sucedido a partir de 1945.

¿Y este podría ser el modelo alternativo del que habló en su ponencia?

Podría ser. También tenemos otros ejemplos, como en Guatemala que quieren complementar el informe de la Comisión del Esclarecimiento Histórico (CEH) con el informe elaborado por el Proyecto Interdiocesano para la Recuperación de la Memoria Histórica, conocido como el Informe REMHI. La sociedad tiene que hacer algo y no solo quejarse cuando se da cuenta de que las comisiones de la verdad no van a cumplir con los objetivos. Implica que se de a conocer la verdad, se haga justicia y se procure la reconciliación. Existen diversos ejemplos de grupos de estudiantes, como los “escraches” en Argentina o los “escarulachos” en Brasil que hoy en día están diciendo: “bueno, tenemos la verdad, pero ellos nunca van a ver la justicia”; entonces, “vamos a mostrar la cara del sistema represivo”. En argentina, los “escraches” con el lema de que: “si no hay justicia oficial, vamos a escrachar”, organizan un tipo de fiesta en la calle, convocando gente para que camine hasta las casas de los represores y tire pintura a sus fachadas. Horas antes, la policía llega hasta la casa elegida y reviste su fachada de plástico a modo de protección. La finalidad que persiguen estos “escraches” es dejar en evidencia frente a sus vecinos que esta persona fue un torturador o un asesino. Las reacciones son diversas, desde los vecinos que celebran este acto de justicia, hasta aquellos que rechazan estos actos, al considerar que estas personas se encuentran sujetas a la ley y que fueron amnistiados, razón por la que no pueden ser procesados.

Finalmente, ¿cuáles son los retos que afrontan las ciencias sociales al estudiar estos temas?

Al respecto, creo que tenemos que pensar en cómo está siendo mal usada la noción de justicia transicional. En algunos países, se le reviste de un uso político, en el que se manipulan hechos y resultados o en el que se valen de la creación de estas comisiones de la verdad para no procesar a los responsables o no aperturar nuevos juicios; por el contrario; y así, evadir su obligación de investigar. Algunas veces, estas comisiones sólo miran una verdad parcial y no el amplio proceso que se vivió. Considero que sería interesante estudiar este último aspecto y pensar en formas innovadoras de cómo llevar a un pueblo, que se siente abatido por el terrorismo, a pensar en derechos humanos para todos.

Entrevista de Luisa Castillo y Rosa Arévalo, investigadoras del IDEHPUCP

 

 

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