10/12/2019

La legitimidad democrática y el rol de la representación política en el Perú

Por: Alexander Benites Alvarado, asistente de investigación

En su trabajo clásico sobre los procesos de consolidación de regímenes democráticos, los politólogos Juan José Linz y Alfred Stepan explican que el apoyo mayoritario de las y los ciudadanos hacia el gobierno democrático es una pieza fundamental para el mantenimiento del mismo.[1] Que el régimen perdure en el tiempo depende de que los actores del sistema lo consideren como “el único juego existente”. Es decir, que los elementos que constituyen una democracia, tales como elecciones limpias y libertades individuales, no deben ser solo acontecimientos aislados, sino factores que se prolongan en un lapso de tiempo indeterminado, configurando, así, una “apuesta institucionalizada”.[2]

Si se parte de las afirmaciones antes descritas, la legitimidad del régimen democrático resulta ser un elemento de vital importancia para su funcionamiento cotidiano. Los ciudadanos y ciudadanas deben apoyar a la democracia más allá de las situaciones coyunturales; y el funcionamiento de las instituciones debe asegurar el apoyo suficiente que le permita sostenerse frente, por ejemplo, a periodos de tensión entre los poderes del Estado o en momentos desaceleración de la economía.[3] Dicho esto, ¿qué nos dicen los datos de la última ronda del Barómetro de las Américas (LAPOP) sobre el apoyo a la democracia en el Perú?

En el año 2019, solo el 48.45% de ciudadanos y ciudadanas peruanas declaran considerar a la democracia como el régimen político preferible. Este dato posiciona al Perú en su punto porcentual más bajo a nivel histórico. Asimismo, en perspectiva comparada, salvo por los casos de Bolivia, Guatemala y Honduras, el país registra el menor nivel de apoyo a la democracia como forma de gobierno, estando siempre por debajo del promedio regional. Los resultados se pueden observar en el gráfico a continuación:

Elaboración propia. Fuente: LAPOP (2019)


El apoyo a la democracia en Perú ha caído más de doce puntos desde el año 2008
, y viene con una tendencia a la caída desde el año 2012. Este desapego democrático ya ha sido analizado, por ejemplo, por el trabajo de Carrión y Zárate, quienes, además, muestran cómo el apoyo a los golpes presidenciales ha venido en aumento desde el año 2010, y cómo la confianza en instituciones vitales para el funcionamiento de una democracia registra sus puntos porcentuales más bajos en los últimos cinco años.[4] En ese sentido, parece ser que el debilitamiento de libertades básicas, los episodios de corrupción, la inseguridad ciudadana y las crisis de la economía son algunas variables que pueden estar generando esta “desilusióndemocrática en el país y en el resto de la región.[5]

La percepción sobre un mejor desempeño del presidente y una mayor cercanía e interés de parte de los representantes políticos elevan los niveles de apoyo a la democracia.

No obstante, concretamente en el caso peruano, ¿cuáles son los posibles determinantes del apoyo a la democracia declarado por las y los ciudadanos? A continuación, se pondrán a prueba algunas de las hipótesis que la literatura señala como los factores que explican los niveles de variación en este tipo de apoyo. Los predictores giran en torno, principalmente, al desempeño económico de las instituciones del Estado, la inseguridad ciudadana, la corrupción y la representación política.

La tabla que se encuentra a continuación muestra las variables que presentan impactos estadísticamente significativos y positivos en el apoyo a la democracia en el Perú. Como se observa, más allá de la inseguridad ciudadana o la corrupción -y sin negar la tarea que el Estado tiene pendiente en estas áreas-, parece ser que los predictores del apoyo a la democracia se encuentran relacionados al buen desempeño del presidente de la república y a un mayor nivel de cercanía e interés de las autoridades políticas en las necesidades de las y los electores peruanos. Es decir, la percepción sobre un mejor desempeño del presidente y una mayor cercanía e interés de parte de los representantes políticos elevan los niveles de apoyo a la democracia.

Determinantes del apoyo a la democracia en el Perú (2019) *

Variable Apoyo a la democracia
¿Considera usted que la situación económica del país es mejor, igual o peor que hace 12 meses?
¿Considera usted que su situación económica es mejor, igual o peor que hace 12 meses?
Diría usted que el trabajo que está realizando el
presidente es…
(+)
¿Algún funcionario del Estado le ha solicitado una coima?
¿Qué tan generalizada considera que se encuentra la corrupción entre los funcionarios públicos?
¿Hasta qué punto cree que los que gobiernan se encuentran interesados en lo que piensa gente como usted? (+)
¿Ha sido víctima de algún acto de delincuencia en los últimos 12 meses?
Sexo
Nivel educativo (último año de estudios culminado) (+)
Edad

Posición en el espectro político (izquierda-derecha)

(*) Modelo de regresión lineal de mínimos cuadrados (OLS). Las casillas sombreadas en gris y con signos positivos indican que la variable resultó ser estadísticamente significativa y positiva para el apoyo a la democracia. Base de datos: LAPOP (2019). Marco muestral de 1,521 personas. R2 ajustado: .087.

 

Así, los resultados del análisis indican que pensar en cómo aumentar el apoyo a la democracia en el país pasa por recurrir a un concepto ya discutido y analizado desde la ciencia política: la representación,  entendida -a grandes rasgos- como la conexión que existe entre los intereses y preferencias de las y los ciudadanos, y las decisiones y posiciones de sus representantes[6]. Una mejor representación política es necesaria para construir una democracia de mayor calidad; es decir, aquella en la que los representantes le rinden cuentas a las y los ciudadanos, llevan sus temas de interés a la agenda pública, y estos últimos tienen la posibilidad de fiscalizar e influir sobre los procesos de toma de decisiones.[7]

En esa línea, si bien ya han existido en el país algunos intentos por mejorar la representación política, en realidad estas medidas se han centrado en la apertura de la participación para el ingreso de nuevos actores en la arena política, y en los mecanismos de democracia directa, tales como los procesos de revocatoria a autoridades a nivel subnacional. Así, sin negar que el espacio político ha sido ampliado, la apertura también ha permitido el ingreso de los denominados outsiders”, al igual que la fragmentación del sistema de partidos. Y, por su parte, los mecanismos de democracia directa han sido muchas veces utilizados de forma perversa, sin cumplir los objetivos para los cuales fueron creados.[8]

Por todo lo ya descrito, y como lo señala el politólogo Martín Tanaka,[9] en vez de enfocarse exclusivamente en las reglas formales del juego democrático, es necesario mirar a los protagonistas de este escenario, los actores encargados de poner en agenda las necesidades e intereses de las y los ciudadanos, y aquellos encargados de fiscalizar e influir sobre las orientaciones del gobierno: los partidos políticos y la ciudadanía.[10]


[1] Linz, J.J. & Stepan, A. (1996). Problems of democratic consolidation. Southern Europe, South America, and Post-Comunist Europe. Baltimore: John Hopkins University Press.

[2] O’Donnell, G. (2000). Teoría democrática y política comparada. Desarrollo económico, 519-570.

[3] Para mayor análisis sobre el apoyo difuso de los ciudadanos hacia el sistema político, ver: Torcal (2008); Seligson y Carrión (2002); Easton (1974).

[4] Carrión, J., & Zárate, P. (2018). Cultura política de la democracia en Perú y en las Américas, 2016/17: un estudio comparado sobre democracia y gobernabilidad. Instituto de Estudios Peruanos.

[5] Sobre algunos trabajos que han explorado el impacto de estas variables en el apoyo al régimen o la confianza en instituciones democráticas, ver Seligson (2002); Mishler y Rose (1996); Chang y Chu (2006); Zechmeister y Zizumbo-Colunga (2013).

[6] Manin, Przeworski y Strokes (1999); Luna (2006); Aragón (2016).

[7] Aragón, J. (2016). Participación, competencia y representación política: Contribuciones para el debate. Lima: Jurado Nacional de Elecciones e Instituto de Estudios Peruanos.

[8] Tanaka (2005); Zavaleta (2014); Holland e Incio (2018); Alva (2019).

[9] Tanaka, M. (2005). Democracia sin partidos. Perú 2000-2005: los problemas de representación y las propuestas de reforma política. Lima: Instituto de Estudios Peruanos.

[10] Comisión de Alto Nivel Para la Reforma Política. (2018). Informe Final. Disponible en: https://cdn.www.gob.pe/uploads/document/file/300957/Comisi%C3%B3n_Informe_Completo-compressed_compressed.pdf

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