08/06/2014

Conmemoración: ¿el lugar de las víctimas?

salomonlernerDiario16Esta semana se inauguró una primera etapa del Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social, el proyecto conmemorativo concebido originalmente para otorgar una sede permanente a la exposición fotográfica Yuyanapaq y para dar a las víctimas de la violencia un lugar visible en la conciencia nacional.

Cabe recibir con expectativa el avance de ese proyecto tan demorado. Han pasado más de diez años desde que el Perú vivió un proceso de búsqueda de la verdad. Desde entonces ha sido muy poco lo realizado por el Estado para brindar a las víctimas gestos de respeto, dignificación y reconocimiento por la magnitud de la tragedia y los daños sufridos.

Pero, al lado de la expectativa, es pertinente mantener la atención sobre el devenir de un proyecto que por momentos, ha parecido apartarse de su espíritu original. Sería un serio error ético e histórico –una afrenta a los permanentes excluidos del país—hacer de este espacio de memoria un mensaje vago y general sobre la tolerancia y, a cambio, silenciar o mitigar una realidad que las elites se resisten a mirar de frente. Lo vivido en el Perú no fue un simple “desacuerdo” político que se deba afrontar integrando, como si fueran equivalentes, las “memorias” o “versiones” de todos los involucrados, sino un conflicto armado en el que decenas de miles de personas sufrieron asesinatos, masacres, ejecuciones extrajudiciales, desapariciones, torturas, violaciones sexuales, desplazamientos forzados y otros crímenes más.

El proceso de memoria que llevó a cabo la Comisión de la Verdad tuvo como fin esencial hacer visible la realidad de las víctimas. Tal es el mandato de todo proceso de justicia de transición alrededor del mundo. El consenso internacional reclama un lugar central para las víctimas. La conmemoración no puede convertirse en un acuerdo destinado a mantener satisfechos a todos los sectores, incluyendo a los enemigos de la verdad. Se hace memoria para enseñar, para sensibilizar, para dignificar: para que se vea y se reconozca aquello que no se ha conocido o que no se quiere aceptar. La conmemoración ha de ser un gesto de respeto a las víctimas y un proceso de pedagogía cívica para toda la sociedad.

Este proyecto de conmemoración ha atravesado diversos cambios. Uno de ellos fue el de su propio nombre; se decidió que no solo fuera un sitio de memoria de la violencia sino también un lugar dedicado a la tolerancia y la inclusión. Si bien estos dos últimos términos designan fines inobjetables, también significaron, de alguna manera, cierta disolución del objetivo central. Un segundo cambio de envergadura fue la decisión de no alojar íntegramente en el lugar la muestra fotográfica de la CVR, Yuyanapaq. Fue un cambio sorprendente puesto que el fin original del proyecto consistía en ofrecer una sede permanente para esa muestra. Pese a esos cambios, el Lugar de la Memoria todavía puede ser una contribución significativa a la justicia en relación con respecto de un periodo doloroso y nefasto de nuestra historia. La condición para ello es que se preserve su centro moral –el recuerdo de las víctimas– y que no se convierta en una reflexión genérica que pase por alto la densidad y la intensidad del drama y de los sufrimientos vividos.

Sabemos que la memoria de la violencia enfrenta una fuerte hostilidad. Se trata de una animadversión cerril que nace de la renuencia a asumir responsabilidades y que expresa el secular desprecio de las elites a los marginados. Se trata, también, de una oposición que no ha dudado en usar la mentira y la calumnia para desacreditar a quienes buscan o difunden la verdad sobre los crímenes cometidos. Frente a esa oposición podría sonar tentador el presentar una memoria más “consensual”, es decir, menos exigente y severa. Y todo ello cubierto con el manto engañoso de conseguir la Reconciliación. Como se ha visto en muchos otros países, el grave problema moral de esa tendencia es que el “consenso” buscado con los sectores poderosos y renuentes a la verdad implica pedir “comprensión” a las víctimas; es decir, solicitar a quienes sufrieron los crímenes más atroces que a la hora de la conmemoración se queden al margen una vez más y acepten convivir con las versiones interesadas de los perpetradores.

Por la calidad de quienes conducen este proyecto, confiamos en que esa alteración de la memoria no tendrá lugar entre nosotros.

La República