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Editorial 25 de agosto de 2026

Por Kathy Subirana Abanto (*)

En el marco del XIV Festival Gabo, uno de los encuentros de periodismo, literatura y narrativas más importantes de Iberoamérica, se realizó la mesa “Caso Tacueyó: el periodismo en la búsqueda de personas desaparecidas”. Inspirado en el legado del periodista y Premio Nobel de Literatura colombiano Gabriel García Márquez, el festival puso este año especial énfasis en la defensa de la libertad de prensa, la democracia y el periodismo como herramienta frente al silencio y el olvido. Bajo el lema “Aquí estamos, aquí contamos”, la edición 2026 reunió en Bogotá a periodistas, escritores, investigadores y defensores de derechos humanos para discutir los desafíos actuales del oficio.

La discusión sobre Tacueyó trascendió la experiencia colombiana, pues todos los países de América Latina tenemos temas pendientes vinculados con la memoria, la verdad, la justicia y los derechos humanos. Las distintas experiencias de violencia política y conflictos armados que atravesaron la región dejaron personas desaparecidas, víctimas de ejecuciones y torturas, comunidades desplazadas y heridas que continúan abiertas. En ese contexto, la experiencia colombiana muestra también la importancia de recuperar archivos, testimonios y registros periodísticos para reconstruir hechos que durante años permanecieron incompletos y para contribuir a procesos de búsqueda, justicia y reparación. El propio Festival Gabo en esta edición le dio amplio espacio a la reivindicación del periodismo frente a las narrativas que buscan imponerse sin contraste, contexto o responsabilidad pública.

Tacueyó: una masacre que sigue hablando

La Masacre de Tacueyó ocurrió entre noviembre de 1985 y enero de 1986, en el corregimiento de Tacueyó, municipio de Toribío, en el departamento del Cauca. El crimen fue perpetrado por integrantes del Frente Ricardo Franco, una disidencia de las FARC, cuyos comandantes José Fedor Rey, alias “Javier Delgado”, y Hernando Pizarro ordenaron el asesinato de integrantes de su propia organización, a quienes acusaban de ser infiltrados del Ejército colombiano. La Comisión de la Verdad de Colombia señala que fueron asesinados 164 combatientes y que muchas de las víctimas fueron torturadas, asesinadas con armas cortopunzantes y, en algunos casos, enterradas vivas.

La masacre es considerada uno de los episodios más dolorosos del conflicto armado colombiano y uno de los mayores crímenes cometidos por un grupo guerrillero durante ese periodo. Sin embargo, conocer hoy sus dimensiones y reconstruir el destino de las víctimas no depende únicamente de los expedientes judiciales o de los testimonios de sobrevivientes. Los registros producidos por la prensa durante los años ochenta se han convertido también en una fuente para la investigación.

Ese es precisamente el punto de partida de la experiencia presentada en el Festival Gabo por Luz Janeth Forero Martínez, directora de la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD), y Daniela Andrea Mostacilla, investigadora de la entidad y mujer buscadora perteneciente al pueblo indígena Nasa. La UBPD es una institución humanitaria y extrajudicial creada en el marco del Sistema Integral para la Paz para dirigir, coordinar y contribuir a la búsqueda de personas dadas por desaparecidas en razón y contexto del conflicto armado colombiano.

La experiencia de Mostacilla muestra, además, que la búsqueda de personas desaparecidas puede combinar distintas formas de conocimiento. Ella inició la búsqueda de su padre cuando tenía 14 años y logró encontrarlo mediante herramientas que incluyeron el análisis documental y la memoria oral de habitantes de la zona. Posteriormente, lideró procesos de búsqueda colectiva con otras mujeres de Caldono, Cauca, agrupadas en U’ywe’sw Çxhaçha Yaaksaa, “Mujeres Valientes”.

El archivo periodístico como herramienta de memoria

La pregunta central de la mesa fue cómo los archivos periodísticos pueden dejar de ser únicamente registros del pasado para convertirse en herramientas de investigación, justicia transicional y construcción de memoria histórica. En el caso Tacueyó, la UBPD ha utilizado archivos de noticieros de televisión y periódicos de los años ochenta para reconstruir información sobre las víctimas y avanzar en la búsqueda de personas desaparecidas.

Esta experiencia permite ampliar la mirada sobre el papel del periodismo. Una noticia no termina necesariamente cuando deja de estar en circulación. Las fotografías, testimonios, nombres, lugares, declaraciones y datos publicados pueden adquirir décadas después un nuevo valor cuando investigadores, familiares y organismos de búsqueda intentan reconstruir lo sucedido.

El archivo periodístico, en ese sentido, puede aportar elementos para contrastar versiones, identificar personas y lugares, reconstruir cronologías y establecer conexiones que permitan avanzar en investigaciones sobre hechos ocurridos durante conflictos armados.

Pero la experiencia colombiana también plantea una pregunta para el resto de América Latina: ¿qué ocurre con los archivos periodísticos de nuestros propios conflictos y procesos de violencia? ¿Cuántos datos relevantes para la búsqueda de personas desaparecidas, la reconstrucción histórica o la identificación de responsabilidades permanecen todavía dispersos en hemerotecas, archivos audiovisuales y colecciones personales?

Perú y Colombia: dos experiencias que pueden dialogar

¿Es posible establecer comparaciones entre las experiencias de Colombia y Perú? Aunque los contextos históricos, las características de sus conflictos y los procesos institucionales de cada país son diferentes, al ser consultadas, las panelistas resaltaron que los estándares y aprendizajes desarrollados en un país pueden tener efectos en otros.

Esta perspectiva resulta especialmente relevante para América Latina. Como se explicó durante la mesa, los estándares de derechos humanos no deben ser entendidos exclusivamente desde una lógica nacional. Las decisiones y criterios desarrollados por el Sistema Interamericano pueden ser retomados en distintos países y servir para interpretar situaciones nuevas. En la propia discusión se recordó, por ejemplo, que estándares desarrollados en casos de México han sido utilizados posteriormente en Guatemala, mientras que criterios sobre libertad de expresión surgidos de casos argentinos y ecuatorianos han tenido proyección regional.

Desde esa perspectiva, la pregunta por las similitudes entre Perú y Colombia permite reflexionar qué aprendizajes pueden compartirse en materia de memoria, búsqueda de personas desaparecidas, protección de víctimas y defensa de la libertad de expresión.

Memoria, derechos humanos y libertad de prensa

La discusión sobre el caso Tacueyó terminó conectándose con otro problema fundamental: las condiciones en las que los periodistas pueden investigar y contar estas historias.

Forero advirtió que, de acuerdo con los estándares interamericanos, los Estados no deberían utilizar el derecho penal para perseguir a periodistas por la emisión de noticias u opiniones sobre asuntos de interés público. Sin embargo, señaló que existe una distancia entre los estándares establecidos y su cumplimiento efectivo en América Latina. La panelista mencionó, entre otros ejemplos, las distintas formas de persecución judicial contra periodistas y el uso de mecanismos legales que pueden terminar produciendo efectos de silenciamiento.

La amenaza no necesariamente adopta la forma de una condena penal. Durante la mesa se explicó que los procesos civiles, las medidas cautelares y las demandas sucesivas también pueden generar un fuerte efecto disuasorio. Incluso una demanda sin fundamento puede convertirse en una herramienta de intimidación si obliga al periodista o al medio de comunicación a destinar recursos económicos y tiempo para defenderse.

Por eso, defender el periodismo libre e independiente no constituye únicamente una discusión sobre las condiciones laborales de quienes ejercen el oficio. También supone proteger la posibilidad de investigar asuntos de interés público y preservar las fuentes que permitirán, incluso décadas después, reconstruir hechos fundamentales para la memoria de una sociedad.

La experiencia de Tacueyó muestra con claridad esa dimensión. Los archivos periodísticos producidos hace cuatro décadas pueden contribuir hoy a la búsqueda de personas desaparecidas. Para que esos archivos existan, sin embargo, es necesario que en el presente haya periodistas capaces de investigar, publicar y conservar información sin ser silenciados por amenazas, censura o persecución judicial.

Una tarea para todo el continente

Durante la mesa se destacó que las garantías de no repetición buscan que una violación de derechos humanos no vuelva a producir nuevas víctimas. Esa tarea requiere instituciones, pero también una sociedad capaz de recordar y exigir responsabilidades. En este proceso, la prensa cumple una función que va más allá de informar sobre una sentencia o una investigación. También puede vigilar el cumplimiento de las decisiones, investigar las reparaciones pendientes, recuperar las voces de las víctimas y mantener los hechos en la conversación pública. Como se señaló durante la actividad, la sociedad civil y la prensa tienen un papel fundamental para exigir a los Estados que cumplan con sus obligaciones y evitar que las decisiones de los sistemas de derechos humanos queden reducidas a documentos archivados.

Para América Latina, donde las heridas de los conflictos y las violencias políticas todavía forman parte del presente, trabajar sobre memoria y derechos humanos sigue siendo una tarea urgente. No se trata únicamente de mirar hacia atrás. Recuperar la memoria permite comprender las violencias, reconocer a las víctimas, identificar responsabilidades y construir garantías para que esas historias no se repitan.

En un continente donde persisten intentos de silenciar a quienes investigan y cuestionan al poder, defender un periodismo libre e independiente es también defender la memoria colectiva. Allí donde una sociedad conserva sus archivos, escucha a sus víctimas y protege a quienes cuentan sus historias, existe una posibilidad mayor de enfrentar el olvido y de construir una democracia capaz de aprender de su pasado.

(*) Periodista. Responsable de prensa del IDEHPUCP.